Como nos recuerda el Concilio de Trento, además de la fe y de la gracia, es
necesaria para salvarse la libre cooperación con la acción divina.
La fe y la gracia son dones de Dios que
alcanzamos no por nuestros méritos personales sino por voluntad de Dios. Si bien Dios puede darnos la fe y la gracia incluso gratuitamente, el
hombre podría rechazarlas haciéndose culpable. Es por esto que la salvación del hombre también depende de
él mismo, no porque pueda salvarse por sí mismo ya que solo Dios salva, sino
porque puede condenarse por sí mismo.
Dios nos ofrece su salvación pero no todos los hombres aceptan su palabra,
su sacrificio, su redención y su salvación eterna. De estos hombres que
rechazan a Dios no sería posible llamarles ‘inteligentes’ en correcto sentido
literal porque en lo más importante que afecta a sus vidas disciernen
erróneamente: en su salvación perpetua que no aprecian ni valoran cuando es el
mejor regalo que Dios ha ofrecido al hombre, la nueva creación.
Por la fe sola el hombre sería creyente, por la
gracia recibimos dones sobrenaturales y por la libre cooperación con la acción
divina el hombre completa con obras su misión en este mundo para alcanzar la
salvación del alma.
Un ejemplo de libre cooperación con la acción divina puede ser esta:
realizar de vez en cuando una indulgencia plenaria por nuestra alma en gracia
de Dios. Hay personas que piensan que estando ya en gracia de Dios se salvan,
pero como hemos indicado es necesaria, además de la fe y de la gracia de Dios,
la libre cooperación con su obra.
Ciertamente la gracia nos abre las
puertas del cielo, pero como antes de entrar al cielo tenemos que
purificarnos de toda maldad, una indulgencia plenaria por nuestra alma nos
perdona la pena temporal por nuestros pecados y nos dispone a estar más cerca
del cielo ya en esta vida. La
práctica piadosa de las indulgencias plenarias aumenta nuestra gracia a los
ojos de Dios y hace un bien inmenso a las almas. Es una forma concreta de
cooperar con la acción divina.
Sin duda hay otras muchas formas de cooperar con la obra de Dios, cada uno
ha de reflexionar en lo que puede hacer en su vida agradando a Dios y a su
voluntad misericordiosa. MRE
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