sábado, 11 de julio de 2026

Día litúrgico: Domingo XV (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 13,1-23): Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente se quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas.
Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga».
Y acercándose los discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: ‘Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane’. ¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.
»Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy escuchamos un clásico de la predicación de Jesús: la ‘Parábola del sembrador’. Dios siembra generosamente: su Amor se irradia sobre todos. Pero la tierra, ¿cómo recibe la tierra la voz de Dios? Hay quien no oye porque vive en el ruido o en la velocidad; hay quien oye, pero se olvida porque va arrastrando muchas cosas; hay quien…
—¿Qué clase de tierra soy yo?

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Por qué la humildad es mucho más que un rasgo positivo del carácter…

Investigaciones revelan que ser humilde ayuda a las personas a evitar una reacción que puede ser muy negativa para la salud mental y las conexiones sociales.
Un nuevo estudio comprobó que las personas humildes pueden regular mejor la ira y por esa razón tener menos momentos de enojo.
Los investigadores encontraron que los niveles más altos de humildad general y humildad intelectual se relacionaban con niveles más bajos de ira. Estos hallazgos sugieren que una mayor humildad puede compensar los daños asociados con la ira.
¿Se puede aprender a ser humilde?
La humildad o la modestia no es algo inherente a la persona, por lo tanto, los expertos dicen que es un rasgo de carácter que se puede desarrollar. Además del hallazgo sobre la relación entre la humildad y el enojo, la psicología positiva indica que:
• La humildad implica reconocer nuestras limitaciones y valorar las perspectivas de los demás, fomentando el crecimiento personal y la conexión.
• Practicar la humildad mejora el bienestar al promover la receptividad y reducir la actitud defensiva.
• Cultivar la humildad puede fortalecer las relaciones y mejorar el liderazgo al fomentar la colaboración y la empatía.
La investigación revela que el culto a la humildad no solo ayuda a los individuos, sino a las sociedades: la falta de humildad cultural se asocia con la xenofobia, el miedo y el odio a los extranjeros. La humildad, en cambio, se asocia con la xenofilia: la atracción y el respeto hacia las culturas extranjeras.
Tres icónicos líderes históricos que practicaron la humildad: Gandhi, Nelson Mandela y la Madre Teresa.
Consejos para aprender a ser humildes
Aprende a escuchar. La humildad se demuestra al escuchar activamente las perspectivas de los demás y estar abierto a sus aportes.
Comienza a hacer preguntas. En lugar de asumir siempre que sabes la respuesta, demuestra disposición a aprender y reconocimiento de tus propias limitaciones.
Reconoce que tienes cosas que aprender. Aborda las situaciones con una mentalidad de aprendizaje y mantente abierto a recibir retroalimentación y orientación de los demás.
No presumas ni te jactes. La humildad implica restar importancia a tus propios logros y celebrar los éxitos de los demás.
Admite tus errores. Disculparse de inmediato y asumir la responsabilidad de tus errores demuestra humildad y disposición a aprender.
Colabora con los demás sin esperar recompensas o elogios. La humildad a menudo se expresa mediante actos de servicio, ya sea ayudando a un amigo, ofreciendo tiempo como voluntario u ofreciendo apoyo a alguien que lo necesita.
Dale crédito a quien lo merece. Reconocer las contribuciones de los demás y celebrar sus éxitos es una forma poderosa de practicar la humildad.
Evita las comparaciones tóxicas. La humildad implica aceptar tus cualidades únicas y no compararte constantemente con los demás de una manera que genere una autopercepción negativa.
Tómate menos en serio. Ser más tolerante contigo mismo y no tomarte cada situación tan en serio puede ayudarte a mantener una perspectiva humilde. CdeB

En el deporte y en la vida familiar nos ayuda la tolerancia a la frustración…

El gran evento deportivo que estamos viviendo me da pie a pensar que se requieren muchos valores y virtudes para practicar un deporte, pero pongo énfasis en la tolerancia a la frustración ya que es la capacidad de enfrentar las dificultades, errores o contratiempos sin rendirse ni perder la calma. Tanto en el deporte como en la vida familiar nos ayuda a crecer, fortalecer nuestro carácter y alcanzar nuestras metas.

Aquí te dejo mis 5Tips para educar a nuestros hijos en la tolerancia a la frustración.

Primero. Enséñales a ver los errores como oportunidades.

Cometer errores no es malo, es humano. Cuando perdemos un partido, fallamos en alguna tarea o no logramos algo a la primera, podemos sentirnos desanimados o con ganas de dejarlo todo por la paz.

Sin embargo, cada error nos puede enseñar algo valioso si tenemos la capacidad de hacer a un lado el enojo o la frustración para poder ver con claridad en dónde podemos mejorar o qué estrategia hay que seguir para conseguir la meta que nos fijamos.

En familia, es importante recordar además que equivocarse forma parte del aprendizaje cotidiano que nos ayuda al crecimiento personal.

Nuestros hijos aprenderán a ver los errores como algo natural, de lo que se puede aprender, si nosotros los tomamos así y les enseñamos con nuestro ejemplo como actuar correctamente cuando nos equivocamos.

Segundo. Que practiquen la paciencia y la perseverancia.

Los grandes logros no se dan de la noche a la mañana, son el fruto de un proceso que se lleva a cabo día con día.

En el deporte se necesita entrenamiento constante y en la vida pasa igual; para que nuestros hijos adquieran virtudes es necesario que las practiquen día con día hasta que se vuelvan un estilo de vida.

Enseñar a los hijos a seguir adelante a pesar de que los resultados tarden en llegar, o que no sean los esperados, forja el carácter y fortalece valores como la constancia, la disciplina y la responsabilidad, indispensables para lograr tener éxito en la vida cotidiana.

Tercero. Edúcalos en la inteligencia emocional.

En la actualidad esto está muy de moda por el ritmo de vida que llevamos ya que nos provoca sentimientos y emociones que se salen de nuestro control, provocando problemas y modificando nuestra dinámica familiar.

La frustración puede provocar enojo profundo, tristeza o impulsividad. Nuestros hijos no saben cómo reaccionar ante estas emociones por lo que, como papás, nos toca enseñarles también en este aspecto emocional. Y esto solo lo logramos con nuestro ejemplo.

Antes de responder, conviene respirar profundamente y pensar con calma. Esta actitud nos ayuda a resolver mejor los problemas y favorece una convivencia familiar más respetuosa y armoniosa. Y si lo proyectamos a la sociedad, también nos ayuda para tener relaciones más sanas.

Cuarto. Valora el esfuerzo más que el resultado.

Ganar siempre es agradable, pero lo más importante es dar lo mejor de uno mismo. Muchas veces nuestros hijos no lo comprenden y nosotros no les ayudamos a hacerlo.

Si les exigimos que saquen la mejor calificación sin comprender una falla, si nos burlamos de ellos cuando se equivocan y hacemos bromas que los hacen sentir mal o que los ponen en evidencia, si no permitimos explicaciones cuando han fallado en una tarea y solo les regañamos y les exigimos que lo hagan mejor, estamos fomentando que tengan poca tolerancia a la frustración.

Reconocer el esfuerzo, la dedicación y el compromiso ayuda a formar personas seguras de sí mismas, capaces de enfrentar los desafíos sin depender únicamente del éxito. Y lo podemos hacer con las palabras, con nuestras actitudes y con incentivos, dependiendo de la magnitud del caso.

Y quinto. Que sepan que en la familia tienen el mayor apoyo en la vida.

Las dificultades son más fáciles de superar cuando contamos con el cariño y la comprensión de quienes nos rodean.

Los errores no son fáciles de aceptar, pero en familia todo es más sencillo, así un partido perdido, un reconocimiento no obtenido o una tarea no terminada, cobijada por el amor y la comprensión se vuelven una oportunidad de crecimiento y un escalón para el éxito en la vida.

Una familia que escucha, anima y acompaña enseña a sus miembros a levantarse después de una caída y a desarrollar empatía hacia los demás. SdelV

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