sábado, 10 de octubre de 2026

Día litúrgico: Domingo XXVIII (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 22,1-14): En aquel tiempo, tomando Jesús de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: ‘Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’.
»Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.
»Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.
»Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy Jesús nos presenta al ‘Dios-mendigo’. Sí, Dios mendigando nuestro amor para llevarnos con Él. Tanto mendigar… y al final acabó en la Cruz hecho un pordiosero. Y en la Cruz, Jesús pide al Padre que disculpe a esos hombres tan difíciles de ‘conquistar’.
— Desde el día de la Cruz, el Cielo está de ‘rebajas’. Fíjate en Dimas, el ‘buen ladrón’: ¡supo aprovechar las ‘rebajas’!

Sin palabras...

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Dejar de lado los pasatiempos y aislarse de la rutina habitual. Las señales cotidianas que revelan un deterioro silencioso de la salud mental…

El 10 de octubre se conmemora el ‘Día Mundial de la Salud Mental’, una fecha que invita no solo a hablar de los trastornos mentales, sino también a reflexionar sobre aquellas prácticas cotidianas que pueden contribuir al bienestar y a la prevención.
La salud mental forma parte integral de la salud. Está vinculada con la manera en que pensamos, sentimos, nos relacionamos, afrontamos situaciones difíciles y participamos de las distintas actividades de nuestra vida. Sin embargo, muchas veces comenzamos a prestarle atención recién cuando aparece un malestar intenso o cuando determinadas dificultades empiezan a interferir con nuestra vida cotidiana.
“Cuidar la salud mental implica poder registrar cómo estamos antes de llegar a una situación de crisis. No todo malestar constituye una enfermedad, pero tampoco deberíamos asumir que sentirnos mal de manera sostenida es simplemente algo con lo que tenemos que convivir”, explica la Dra. Mariángeles Pose, médica psiquiatra de la Clínica de Salud Cerebral de INECO.
Cuidar la salud mental tampoco significa intentar eliminar emociones como la tristeza, la preocupación o el miedo. Todas ellas forman parte de la experiencia humana y cumplen una función.
“El objetivo no es sentirnos bien todo el tiempo. Atravesar momentos de angustia, preocupación o estrés es esperable frente a determinadas situaciones. Lo importante es observar cuánto duran, con qué intensidad aparecen y, fundamentalmente, cuánto empiezan a interferir en nuestra vida”, agrega la Dra. Pose.
La vida cotidiana también habla de nuestra salud mental
No siempre el malestar se manifiesta a través de un síntoma evidente. En ocasiones, los primeros cambios aparecen en la manera en que una persona organiza sus días, participa de sus actividades o se vincula con aquello que hasta entonces era importante para ella.
Desde la Terapia Ocupacional, la vida cotidiana puede aportar información valiosa sobre el bienestar de una persona. “Muchas veces el malestar empieza a hacerse visible en lo cotidiano: dejamos de hacer actividades que nos resultaban significativas, se alteran nuestras rutinas o sentimos que todo nuestro tiempo está ocupado por obligaciones, sin espacio para el descanso, el disfrute o los vínculos. Observar esos cambios también es una forma de prestar atención a nuestra salud mental”, explica la Lic. Carolina Oyola, jefa del Departamento de Terapia Ocupacional de INECO.
Esto no significa buscar un equilibrio perfecto entre trabajo, responsabilidades, descanso y ocio, sino sostener una organización cotidiana que resulte posible y significativa para cada persona.
“Una rutina saludable no significa que todas las áreas de nuestra vida tengan que ocupar exactamente el mismo tiempo. Lo importante es que exista un equilibrio posible para esa persona y que pueda sostener actividades que le permitan descansar, vincularse, disfrutar y sentirse parte de aquello que es significativo para ella”, agrega la Lic. Oyola.
La pérdida progresiva de esos espacios también puede ser una señal: abandonar actividades que antes generaban interés o placer, aislarse o sentir que todas las jornadas están dominadas por las obligaciones son cambios que conviene registrar.
Cuando el malestar deja de ser algo pasajero
Sentirse triste, preocupado, cansado o atravesar momentos de mayor estrés forma parte de la experiencia humana. La clave está en observar la intensidad, la duración y el impacto sobre el funcionamiento cotidiano.
“Una situación puntual de estrés no necesariamente constituye un problema de salud mental. Lo que debemos observar es qué sucede cuando ese estado se vuelve prácticamente permanente y la persona siente que ya no logra recuperar su funcionamiento habitual”, señala la doctora Pose.
En ocasiones, son familiares, amigos o compañeros quienes advierten modificaciones antes que la propia persona.
“Muchas veces son las personas cercanas quienes primero perciben que alguien está diferente: más aislado, irritable, apagado o con menos interés por las cosas que habitualmente hacía. Poder escuchar esas observaciones también puede ayudarnos a registrar algo que quizás nosotros mismos todavía no advertimos”, explica la Dra. Pose.
Cuando el malestar comienza a afectar el trabajo, el estudio, los vínculos, el descanso o la capacidad para disfrutar, la consulta profesional puede ayudar a comprender qué está ocurriendo.
“Pedir ayuda no implica necesariamente que exista un diagnóstico ni que la persona vaya a necesitar un tratamiento prolongado. A veces, la consulta es justamente el espacio que permite evaluar lo que está ocurriendo y pensar cuál es la mejor manera de abordarlo”, agrega la Dra. Pose.
“No existe una fórmula única para alcanzar el bienestar. La salud mental es el resultado de múltiples factores biológicos, psicológicos y sociales, y está estrechamente vinculada con la salud de nuestro cerebro. Sin embargo, existen hábitos cotidianos que pueden contribuir a protegerla y, al mismo tiempo, ayudarnos a reconocer tempranamente cuando algo comienza a cambiar”, señala el Dr. Guido Vázquez, médico neurólogo, miembro de la Clínica de Salud Cerebral de INECO.
Recomendaciones para cuidar la salud mental en la vida cotidiana
1. Cuidar el descanso
Dormir no es simplemente ‘apagar’ el cerebro. Durante el sueño ocurren procesos fundamentales para la memoria, el aprendizaje, la regulación emocional y la recuperación física. Mantener horarios relativamente regulares y procurar un descanso suficiente es parte del cuidado de la salud cerebral. Las dificultades persistentes para dormir o el cansancio permanente merecen atención.
2. Mantener el movimiento
La actividad física tiene efectos beneficiosos sobre el cerebro y contribuye a mejorar el estado de ánimo, el sueño, la salud cardiovascular y la respuesta frente al estrés. Como referencia general, se recomiendan al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, incorporando además ejercicios de fuerza. En personas con trabajos sedentarios, también es importante interrumpir períodos prolongados de inactividad.
3. Alimentar también al cerebro
Priorizar una alimentación variada, con frutas y verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y fuentes saludables de grasas, y limitar el consumo excesivo de ultraprocesados, azúcares y alcohol contribuye a la salud general, cardiovascular y cerebral. Más que buscar alimentos o suplementos ‘milagrosos’, el beneficio está en sostener un patrón saludable a lo largo del tiempo.
4. Aprender a reconocer y regular el estrés
El estrés es una respuesta normal frente a determinadas situaciones. El problema aparece cuando el estado de alerta se vuelve persistente y no existen suficientes momentos de recuperación. La meditación, el mindfulness, los ejercicios de respiración, el yoga o simplemente reservar algunos minutos del día para detenerse pueden ser herramientas útiles.
5. Prestar atención a como distribuimos el tiempo entre responsabilidades, descanso, vínculos y actividades personales
Una agenda permanentemente ocupada por obligaciones puede ir desplazando espacios necesarios para el bienestar. Las pausas también forman parte de una vida saludable.
6. Conservar actividades significativas y estimular el cerebro: leer, aprender algo nuevo, escuchar o hacer música
Cocinar, desarrollar un hobby, estudiar un idioma o realizar actividades creativas mantienen al cerebro activo y pueden proporcionar disfrute y sentido. La estimulación cognitiva es más valiosa cuando está asociada al interés y no se transforma en una obligación adicional.
7. Cuidar los vínculos
Mantener contacto con personas significativas, compartir actividades, conversar y sentirnos parte de una comunidad son componentes importantes del bienestar. Contar con una red de apoyo y poder pedir ayuda cuando la necesitamos constituyen factores de protección.
8. Generar momentos de desconexión de las pantallas
La exposición permanente a información, mensajes, redes sociales y demandas laborales puede dificultar el descanso. Establecer algunos límites al uso de pantallas y generar momentos sin notificaciones ni estímulos constantes puede favorecer la concentración y la conexión con otras actividades y personas.
9. Registrar los cambios, más que preocuparnos por un síntoma aislado o por un mal día
Conviene prestar atención a cambios que se mantienen en el tiempo: alteraciones del sueño, el humor, la concentración, las rutinas, los vínculos, el rendimiento o la pérdida de interés por actividades que antes disfrutábamos.
10. Pedir ayuda sin esperar una crisis
No es necesario llegar a una situación extrema para consultar. Cuando el malestar persiste, aumenta o comienza a interferir con la vida cotidiana, una evaluación profesional puede ayudar a comprender qué está ocurriendo y orientar los pasos a seguir. BP

La gracia que cambia todo…

La gracia de Dios es el regalo más grande que un ser humano puede recibir. No es algo que podamos comprar, ni algo que podamos alcanzar con méritos propios. La gracia es, sencillamente, el favor inmerecido de Dios hacia nosotros. En este artículo profundizaremos en su significado, veremos cómo impacta nuestra vida diaria y aprenderemos maneras prácticas de vivir en gratitud por tan maravilloso regalo.

¿Qué significa realmente la gracia de Dios?

Cuando hablamos de gracia, hablamos de un amor incondicional y transformador. La Biblia nos recuerda en Efesios 2:8-9: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe”.

Este versículo resume la esencia de la fe cristiana: la salvación no depende de lo que hacemos, sino de lo que Cristo ya hizo por nosotros en la cruz.

La diferencia entre gracia y obras

Muchas personas confunden la gracia con las buenas obras. Pero hay una diferencia clara:

·        Gracia: es un regalo inmerecido, un don divino.

·        Obras: son nuestras acciones, que aunque importantes, nunca podrán comprar la salvación.

·        Resultado: las obras no salvan, pero son la evidencia de una vida transformada por la gracia.

Esto nos libera de la carga de ‘ganarnos’ el favor de Dios y nos invita a vivir desde la gratitud.

La gracia como fuente de identidad

Cuando entendemos la gracia de Dios, nuestra identidad cambia. Dejamos de vernos como pecadores sin esperanza y comenzamos a vernos como hijos amados.

Jesús mismo nos mostró este amor al acoger a personas marginadas, perdonar a quienes todos señalaban y dar segundas oportunidades a los que la sociedad despreciaba.

Cómo aplicar la gracia en tu vida diaria

La gracia no es solo un concepto teológico, sino una fuerza práctica que debe transformar tu día a día. Aquí algunas formas:

1.     Perdona como has sido perdonado.

2.     Recibe cada día como un regalo, no como un derecho.

3.     Deja de compararte con otros; la gracia te hace único.

4.     Sirve con amor, no para ganar puntos, sino como respuesta a lo que recibiste.

La gracia que sana relaciones

Aceptar la gracia de Dios también nos capacita para restaurar relaciones rotas. Cuando entendemos que todos somos receptores del mismo favor inmerecido, aprendemos a tratar a los demás con compasión y paciencia.

“Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes” (Lucas 6:31).

La gracia no solo salva, también sana corazones y une familias.

Gracia en tiempos de dificultad

En los momentos más duros, la gracia es un recordatorio de que no estamos solos. El apóstol Pablo escuchó de Dios: “Mi gracia es suficiente para ti, porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

Esto significa que incluso en las pruebas, hay propósito, fuerza y esperanza.

Gracia y libertad espiritual

Vivir bajo la gracia significa vivir en libertad. Ya no estamos esclavizados por el temor al castigo, sino que somos guiados por el amor.

·        Libertad del pecado.

·        Libertad de la condenación.

·        Libertad para amar y servir sin miedo.

Errores comunes al entender la gracia

A veces pensamos que gracia significa ‘licencia para pecar’. Nada más lejos de la verdad. La gracia no es un permiso para vivir sin límites, sino el poder para vivir transformados.

Otro error común es creer que la gracia se gana. La realidad es que la gracia nunca se merece; se recibe con fe.

Conclusión: La gracia como estilo de vida

La gracia de Dios no es solo el inicio de la vida cristiana, sino el camino completo. Nos sostiene, nos transforma y nos prepara para la eternidad.

Ahora te pregunto: ¿Estás viviendo cada día consciente de la gracia de Dios en tu vida? RdeP

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