sábado, 5 de septiembre de 2026

Día litúrgico: Domingo XXIII (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 18,15-20): En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos: «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
»Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy Jesús nos habla de fraternidad. Nadie debe ir por libre en la vida, menos aun los cristianos. Por eso debemos ayudarnos, incluso teniendo la valentía de corregir suavemente al que se equivoca y/o aceptando que nos corrijan.
—Dicen que ‘la unión hace la fuerza’. Pues imagínate si, además, «donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo (Jesús)». Teniéndole a Él en el ‘equipo’, conseguiremos de su Padre todo lo que pidamos.

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¿Y si el secreto del bienestar estuviera en el intestino?...

La ciencia avanza sobre el rol de la microbiota intestinal en funciones clave como la digestión, el metabolismo y hasta el estado de ánimo. En ese contexto, la Lic. en Nutrición Patricia Mariela Chávez, de DIM Centros de Salud (referente destacado de salud en Argentina y líder en la zona oeste de Buenos Aires), comparte su visión y recomendaciones para mejorar su equilibrio y diversidad a través de hábitos accesibles y sostenibles.
Cada vez más estudios demuestran que el estado de la microbiota intestinal -el conjunto de microorganismos que habitan el aparato digestivo- impacta directamente en la salud física, emocional y cognitiva. “Lo que comemos no solo influye en nuestra energía, sino también en el universo que habita en nuestro intestino”, explica la Lic. Chávez.
La ciencia ya reconoce a la microbiota como un órgano funcional, con un papel protagónico en la digestión, el metabolismo, el sistema inmunológico y el estado de ánimo. De hecho, la OMS identifica al eje microbiota-intestino-cerebro como un área emergente en la prevención de trastornos mentales y enfermedades crónicas. No es coincidencia que al intestino se lo conozca como el segundo cerebro.
Si bien aún no existe un consenso definitivo sobre qué define una microbiota intestinal sana, cada vez se logra entender más sus señales y marcadores. “Lo que sí es claro es que una alimentación variada, rica en alimentos frescos y de origen vegetal, puede ser uno de los actos más importantes para nutrir no solo el cuerpo, sino también a los microorganismos que lo cuidan desde su interior”, agrega la especialista.
“Una dieta rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos favorece la diversidad bacteriana. Una alimentación estilo mediterráneo como una basada en plantas mínimamente procesadas, son aliadas para el equilibrio de la microbiota. En cambio, una alimentación basada en ultraprocesados, azúcares simples y bajo consumo de fibra tiene efectos negativos sobre la microbiota. Estos patrones favorecen el crecimiento de especies bacterianas menos beneficiosas, y se asocian con un mayor riesgo de inflamación intestinal”, señala la nutricionista.
La buena noticia es que la microbiota responde rápido a los cambios. “Existen estudios que muestran variaciones significativas en tan solo dos semanas al adoptar nuevos patrones alimentarios. Esta flexibilidad da una enorme capacidad de intervención para mejorar la salud digestiva, metabólica e incluso inmunológica”, destaca la Lic. Chávez.
Cuidar la microbiota es una forma integral de cuidar la salud presente y futura. Pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden marcar una gran diferencia: lo que se incorpora a diario al plato también nutre y moldea el delicado ecosistema que habita en el cuerpo. BP

Fracaso, ¿qué significa realmente fracasar?…

¿Alguna vez te has sentido estancado, como si todo lo que intentaras terminara en derrota? Esa sensación puede ser abrumadora, pero ¿y si te dijera que lo que llamas ‘fracaso’ podría ser tu mayor trampolín hacia el éxito? En este artículo exploraremos qué significa fracasar verdaderamente, cómo interpretarlo de forma positiva, y cómo usarlo para crecer espiritual, emocional y prácticamente.
Aquí vas a encontrar:
·        definiciones claras para refrasear ‘fracaso’ en tu mente
·        ejemplos reales que te inspiren
·        pasos prácticos para darle la vuelta a tu historia
Vamos adelante, porque en cada caída hay algo que aprender.
¿Qué significa fracasar?
Fracasar es más que un resultado: es una percepción moldeada por tus expectativas, tus creencias y tu fe.
Fracaso ≠ identidad
·        Fracasar no significa que eres un fracasado; significa que aún no has alcanzado lo que deseas.
·        Fracasar no implica que no has logrado nada; en cambio, puede significar que estás en proceso de aprendizaje.
Esta distinción es fundamental, porque cambia cómo te ves, cómo te levantas, y cómo avanzas.
“El fracaso no significa que soy inferior; significa que no soy perfecto”.
Ese pensamiento, sacado del texto original, es liberador: no eres definido por tus fracasos, sino por tu capacidad de levantarte.
¿Por qué tendemos a ver el fracaso como algo negativo?
Para transformar nuestro concepto de fracaso, primero hay que entender por qué lo tememos:
1.     Miedo al juicio (externo e interno). Creemos que otros nos ven como débiles si fallamos.
2.     Perfeccionismo. Cuando tu identidad depende de hacerlo todo ‘bien’, un error se siente como una catástrofe.
3.     Falta de paciencia. Queremos resultados rápidos, pero los grandes aprendizajes llevan tiempo.
Comprender estas raíces te libera: te permite responder de forma diferente cuando las cosas no salen como planeaste.
Cómo redirigir el fracaso hacia crecimiento
Aquí tienes pasos prácticos para que el fracaso deje de derribarte y se convierta en un trampolín:
Pasos prácticos
·        Reconoce lo que aprendiste: haz una lista de lecciones.
·        Redefine tus metas: ajusta tus expectativas para que sean realistas.
·        Comparte tu historia: al hablar de tu experiencia, no solo sanas tú, sino que inspiras otros.
·        Confía en el proceso: entiende que los tropiezos son parte del camino, no su final.
·        Busca apoyo: mentores, amigos confiables, comunidad de fe si es tu camino espiritual.
Fracaso y fe: un enfoque espiritual
Si para ti la fe forma parte de tu vida diaria:
·        Fracaso no significa que Dios te abandonó; puede significar que Él tiene algo mejor para ti.
·        Los textos bíblicos muestran una y otra vez cómo Dios convierte derrotas en victorias, cómo forma carácter mediante pruebas.
“Somos más que vencedores” no es solo frase bonita: es una verdad que se vive cuando transformas la adversidad en fortaleza.
Claves para no rendirse
·        Resiliencia diaria: cuando algo no sale bien, respira, reeplantea, continúa.
·        Paciencia activa: mientras te esfuerzas, confía en el tiempo.
·        Gratitud selectiva: enfócate en lo que has ganado, aunque sea intangible.
·        Auto-compasión: sé amable contigo mismo; a veces el mayor obstáculo eres tú.
¿Cómo saber si ya estás triunfando?
Aunque sientas que no lo estás, hay señales de que estás avanzando:
·        Te levantas después de caídas más rápido.
·        Aprendes a ajustar tu ruta sin perder el foco.
·        Sientes mayor claridad sobre lo que realmente importa.
·        Tu capacidad de perdonar, amar y contribuir crece.
Todo esto forma parte de la victoria, aunque las métricas externas no lo reflejen aún.
Conclusión
Fracasar no es el fin, sino un giro importante del camino. Cada tropiezo trae dones ocultos: aprendizaje, carácter, fe y nueva dirección. Si aceptas que fracasar puede formar parte de tu historia, descubres que puedes vivir con más valentía, esperanza y propósito.
Reflexión final / Llamado a la acción
¿Qué ‘fracaso’ estás llevando ahora que crees que no tiene sentido? ¿Y si lo miras como una semilla? RdeP

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