Una Luz en el Camino
Compartir, ayudar y motivar son las prioridades de este blog, tratando de iluminar el camino de nuestros semejantes con nuestra pequeña luz interior, basados en tres pilares fundamentales: "Respeto, Humildad y Honestidad"
sábado, 12 de septiembre de 2026
Amor, Boleros y Saxofón - Instrumental para recordar lo que el corazón no olvida...
Nos juntó el destino, nos unió el amor - El amor más hermoso nació después del tiempo - Bolero Latino...
Los alimentos ultraprocesados provocan conductas adictivas…
Tiempo y espacio para Dios…
Pero
parece que no tenemos tiempo para muchas cosas; aun agendando actividades, de
manera imprevista, nos ‘agendan’ y vivimos horas de frenética
impaciencia.
En
la posmodernidad, el ser humano, se ha convertido aparentemente en dueño y
artífice de todo: la ciencia, la técnica, la economía, el trabajo, el
transporte, propiciando una cultura del tener y de la prisa, de la noticia
impactante momentánea y del olvido de lo esencial y de lo principal.
Dios
tiene tiempo para nosotros de modo que ‘el tiempo ya es una dimensión de
Dios’, -como lo afirmara san Juan Pablo II, por la encarnación del Verbo,
Jesús.
El
tiempo de Dios es tiempo para nosotros. Por supuesto desde el momento de
la creación inicial del universo en su proceso cósmico hasta ahora nos acompaña
como ser trascendente cuya acción permite mantenerla en el ser toda la
realidad creada para que no retorne a la nada; el centro de la Historia,
es la encarnación y la redención del Logos, Verbo de Dios, el Hijo de Dios y el
Hijo de la Santísima Virgen María y su ‘adviento’ según el latín o en griego
‘parusía’, o ‘venida’ en español; la primera palabra la hemos reservado
como tiempo de preparación, de alegría y vigilancia ante la perspectiva de su
primera venida. Ahí tenemos a los Profetas, particularmente en este tiempo
previo a la Navidad, del profeta Isaías. Tiempo de gozosa espera.
El
tiempo de consumación y final de la Historia, lo llamamos ‘Parusía’, en
preparación a la segunda venida del Salvador, que la hará con gran poder y
majestad.
El
tiempo de Adviento para la Navidad, nos ayuda como período anterior a la
Parusía, como entretiempo, para aceptar la misericordia de Dios, para agendar
un tiempo y un espacio para él y para los hermanos, los humanos, en ‘vigilante
espera’, como nos señala el texto del Evangelio de san Marcos (13, 33-37).
Así
podremos abrir nosotros el tiempo para la eternidad, por ese amor de comunión
con Dios y con los humanos.
Con
el primer domingo de Aviento, se inicia el Nuevo Año Litúrgico; le
seguirán tres más.
El
Señor del tiempo y de la eternidad, no se ha retirado de nosotros; por la
Eucaristía él nos acompaña, está con nosotros y en medio de
nosotros. Hacemos memoria de su venida, anunciamos su muerte y proclamamos
su resurrección, invitándolo a que regrese cuando decimos ‘ven Señor Jesús’.
Hoy
más que nunca le pedimos la Paz, al Príncipe de la Paz; que cese la violencia
fratricida en Israel,-su tierra, en Ucrania y en México. Que muestre su Rostro
y nos salve. Que en él nos convirtamos a la Paz.
Si
Dios tiene un tiempo y un espacio para nosotros, busquemos el encuentro con
él por la escucha de su Palabra, por la caridad efectiva y concreta para
el hermano, con la jubilosa alabanza y con una profunda alegría, propia de los
que se ‘alegran en Dios’, nuestro Salvador. PHCh



