domingo, 20 de septiembre de 2026

Día litúrgico: 21 de septiembre: San Mateo, apóstol y evangelista

Texto del Evangelio (Mt 9,9-13): En aquel tiempo, cuando Jesús se iba de allí, al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy celebramos la santidad de un antiguo ‘cobrador de impuestos’. Jesús acoge en el grupo de sus íntimos a un hombre que, según la concepción de aquel tiempo en Israel, era considerado como un pecador público por cobrar impuestos al servicio del Imperio Romano. Tiene mérito lo de Mateo: renunció a una posición ‘cómoda’ y ‘segura’ para convertirse en un verdadero servidor público como apóstol de Dios.
—«Misericordia quiero, que no sacrificio»: ¡Jesús no excluye a nadie de su amistad!

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Vejiga Hiperactiva - Cuando la urgencia de orinar se convierte en un infierno...

La vejiga hiperactiva tiene tratamiento, bien farmacológico o si este falla, quirúrgico, algo que las personas afectadas deben de saber, porque muchas de ellas lo desconocen. Desde la Asociación Española de Urología (AEU), el coordinador nacional del grupo de Urología Funcional Femenina, Dr. Luis Resel, explica que esta patología es un trastorno que se caracteriza por un síntoma principal: la urgencia miccional y aumento de la frecuencia tanto de día como de noche, con o sin presencia de incontinencia.
Contracción involuntaria del músculo
Hay ‘multitud’ de causas que pueden producirla, pero la definición de vejiga hiperactiva como tal es aquella que no es secundaria a otras alteraciones orgánicas, sobre todo en la mujer, asegura el experto de la AEU, quien subraya que el diagnóstico se hace por descarte de otras anomalías.
“Es una contracción involuntaria del detrusor, que es el músculo de la vejiga”, abunda el Dr. Resel. El síntoma principal que la define es la urgencia patológica, es decir, “el deseo imperioso de orinar”. No se trata de la urgencia fisiológica de hacerlo, que es cuando se tienen muchas ganas pero se puede aguantar.
El riesgo de incidencia y severidad aumenta con la edad. Y se dividen entre vejigas hiperactivas secas, que son las que no producen incontinencia y húmedas, y las que sí. Son éstas últimas las que más afectan a la calidad de vida.
El calvario
“Tiene un impacto brutal porque afecta a todas las facetas de nuestra actividad cotidiana. Llega un momento en que los pacientes se aíslan, entran en depresión. Les afecta a su vida laboral, social y familiar”, afirma el urólogo.
Y es que, prosigue el experto, los pacientes creen que la enfermedad molesta a los demás y por eso se aíslan. De hecho, hay gente que tiene que orinar en menos de 1 hora y eso supone que todo el día está buscando baños… Hay otras personas que pueden aguantar 1 hora o 2, pero la urgencia les condiciona.
Por eso, hace hincapié en que el impacto de la calidad de vida es mayor que en otras enfermedades como la diabetes o la artritis reumatoide.
El infradiagnóstico
Está infradiagnosticada por varias razones, insiste, entre ellas porque muchas pacientes creen que es propio de su condición femenina y de la edad, o porque la han padecido las mujeres de su familia y piensan a ella les toca también y no van al médico.
“Entre un 25 y 50% no acude a la consulta (…) Además se van habituando ellas mismas a su situación”, indica el Dr. Resel, quien subraya el componente psicológico tan importante que tiene esta afectación.
Fármacos
El tratamiento en primera línea es farmacológico, con anticolergénicos y adrenérgicos, que relajan la vejiga, de forma que disminuyen la frecuencia de las contracciones involuntarias. Además, el abordaje es multidisciplinar y personalizado, que incluye recomendaciones dietéticas, reeducación vesical y rehabilitación del suelo pélvico, de forma que se instruye a las pacientes a posponer las micciones poco a poco.
“Nuestra idea es que el paciente esté mejor solo con el tratamiento conservador y necesite la medicación en las épocas en que se encuentre peor”, explica.
Así, el experto subraya la necesidad de decir a los pacientes que la patología tiene tratamiento y que puede curarse o al menos, mejorar muchísimo. “El mensaje más importante es ese”, sostiene el urólogo.
Ese primer manejo, indica, lo puede hacer el médico de familia: prescribir el tratamiento, la reeducación de la vejiga y le puede derivar al rehabilitador.
Si no funcionan, cirugía
Otra fase, si los fármacos no funcionan o tienen efectos secundarios, es la cirugía, de la que hay dos tipos: las inyecciones intravesicales de botox y la neuromodulación de raíces sacras, a través de una especie de marcapasos.
“Lo que hace es estimular el nervio pudendo para disminuir la hiperactividad”, agrega. Y hay un procedimiento intermedio, entre los fármacos y la cirugía, que es la neuroestimulación del nervio tibial posterior, con una especie de parche que se pone en el tobillo, donde está el citado nervio, al que da unas corrientes eléctricas para mejorar la vejiga hiperactiva.
“Ahora hay incluso dispositivos que se pueden comprar y colocar en casa en forma de tobillera, que son muy cómodos para el paciente”, concluye el experto de la AEU.BP

Confiar en la bondad de Dios…

Mt 20, 1-16

Cada vez estoy más convencido de que muchos de los que se dicen ateos son hombres y mujeres que, cuando rechazan a Dios, están rechazando en realidad un «ídolo mental» que se fabricaron cuando eran niños. La idea de Dios que llevan en su interior y con la que han vivido durante algunos años se les ha quedado pequeña. Llegado un momento, ese Dios les ha resultado un ser tan extraño, incómodo y molesto que han prescindido de él.

No me cuesta nada comprender a estas personas. Dialogando con alguna de ellas he recordado más de una vez aquellas certeras palabras del patriarca Máximos IV durante el Concilio: «Yo tampoco creo en el dios en que los ateos no creen». En realidad, el dios que algunos han suprimido de sus vidas es una caricatura que se han formado falsamente de él. Si han vaciado su alma de ese «dios falso», ¿no será para dejar sitio algún día al Dios verdadero?

Pero ¿cómo puede hoy una persona encontrarse con Dios? Si se acerca a los que nos decimos creyentes, es fácil que nos encuentre rezando, no al Dios verdadero, sino a un pequeño ídolo sobre el que proyectamos nuestros intereses, miedos y obsesiones. Un Dios del que pretendemos apropiarnos y al que intentamos utilizar para nuestro provecho, olvidando su inmensa e incomprensible bondad con todos.

Jesús rompe todos nuestros esquemas cuando nos presenta en la parábola del «señor de la viña» a ese Dios que «da a todos su denario», lo merezcan o no, y dice así a los que protestan: «¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?».

Dios es bueno con todos, lo merezcan o no, sean creyentes o ateos. Su bondad misteriosa está más allá de la fe de los creyentes y de la increencia de los ateos.

Lo que hemos de hacer es olvidarnos de nuestros esquemas, hacer silencio en nuestro interior, escuchar hasta el fondo la vida que palpita en nosotros… y esperar, confiar, dejar abierto nuestro ser. Dios no se oculta indefinidamente a quien lo busca con sincero corazón. JAP

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