Se nos olvida justo lo que no
se nos tenía que olvidar. ¿Es significativo o no que no hayamos recordado esa
cita a la que íbamos a acudir sin ganas pero sin otro remedio? ¿Se recuerdan
mejor las cosas agradables?
Gracias a la difusión de los
trabajos de Sigmund Freud y de otros teóricos del psicoanálisis, se
incorporaron al lenguaje cotidiano términos como inconsciente, acto fallido o
represión y se empezó a buscar el significado de los olvidos, descuidos y otros
fallos de la memoria. Aunque la teoría no sea del todo convincente, se sabe que
los olvidos no responden al azar y que suelen tener un sentido. ¿Cuál?
Simplificando, se podría decir
que tienen el sentido que nosotros les queramos dar, en función de nuestra
propia historia... Y que, en determinados casos, para ser honestos con nosotros
mismos, ¡los olvidos hasta «nos convienen»! Por ejemplo, ¿por qué hay hombres
que todas las mañanas les piden ayuda a sus esposas porque no encuentran las llaves
del coche, cuando sería más fácil que cada noche las dejaran en el mismo sitio?
Una mujer contó en un grupo de
trabajo sobre la memoria lo siguiente: su marido, hospitalizado por una
peritonitis, le exigía que cada día le llevara el periódico exactamente a las
dos de la tarde. El primer día se perdió y llegó al hospital a las dos y media.
El segundo día, llegó a la hora, pero... ¡ni se acordó del periódico! ¿Cuál
puede ser la explicación de su doble olvido? ¿El cansancio? Quizás. Pero tal
vez esa fuera la fórmula que la mujer encontraba para, inconscientemente,
rebelarse frente a un marido muy autoritario... Una explicación difícil de
reconocer, incluso ante uno mismo.
Los olvidos: ¿Una herramienta
de nuestra mente?
Los olvidos pueden ser
entendidos, en muchas ocasiones, como una especie de válvula de escape de
nuestra mente. Freud sostenía que en el inconsciente se acumulan deseos
reprimidos, conflictos no resueltos y pensamientos que nuestra mente consciente
no quiere enfrentar. En este contexto, los olvidos podrían ser interpretados
como pequeños actos de rebeldía interna, una forma en la que nuestro
inconsciente encuentra salida para expresar aquello que reprimimos o evitamos
en nuestra vida diaria. Cuando alguien olvida un compromiso importante o un detalle
que parecía intrascendente, puede que esté reflejando una resistencia
inconsciente. Tal vez ese compromiso le causa ansiedad o representa una
obligación con la que no se siente plenamente identificado.
Este tipo de olvidos suelen
ser más comunes en personas con altos niveles de estrés o en aquellas que
experimentan conflictos internos de los que no son completamente conscientes.
Por ejemplo, alguien que continuamente olvida tareas relacionadas con el
trabajo puede estar expresando, de manera inconsciente, su falta de
satisfacción en ese entorno. En este sentido, los olvidos no solo tienen un
significado, sino que pueden llegar a ser pistas importantes para entender
mejor nuestras emociones y conflictos internos.
Olvidos en personas mayores:
¿Signos de algo más?
A medida que envejecemos, es
común experimentar olvidos ocasionales. Sin embargo, los olvidos en personas
mayores no siempre responden a motivos emocionales o inconscientes. Con el paso
del tiempo, las conexiones neuronales pueden volverse menos efectivas,
afectando la memoria y la capacidad para recordar ciertos detalles. Pero, ¿cómo
distinguir entre un olvido común y uno que podría ser señal de un problema más
grave, como la demencia o el Alzheimer?
Los olvidos frecuentes en
personas mayores, como no recordar el nombre de un conocido o perder objetos
con frecuencia, pueden ser normales dentro del proceso de envejecimiento. Sin
embargo, cuando estos olvidos se vuelven constantes y afectan la vida
cotidiana, es importante prestarles atención. Los especialistas en neurociencia
y geriatría recomiendan observar si el olvido está acompañado de otros
síntomas, como desorientación o cambios en el estado de ánimo. En algunos
casos, estos olvidos pueden ser señal de un deterioro cognitivo leve, que, aunque
no siempre lleva al Alzheimer, sí es un indicio de que algo está sucediendo en
el cerebro de la persona.
La sociedad actual, que
valoriza la productividad y la eficiencia, tiende a ver el olvido como un error
o un fallo. Sin embargo, en el caso de las personas mayores, es importante
comprender que estos olvidos pueden ser parte natural del envejecimiento y no
necesariamente un signo de deterioro. Cuidar la salud mental y emocional,
mantener el cerebro activo mediante la lectura, los juegos de memoria y la socialización,
puede ayudar a reducir la frecuencia de estos olvidos.
¿Se recuerdan mejor las cosas
agradables?
Todos conocemos a personas que
no parecen tener más que recuerdos agradables y a otras que repiten
machaconamente sus desgracias día tras día y que, cuando se les pregunta,
confiesan que no pueden dejar de pensar en ellas. Tras 60-70 años de
existencia, todos tenemos nuestro propio bagaje de alegrías y penas, minúsculas
o inmensas, ¿por qué, entonces, las percepciones varían tanto? Pues porque el equilibrio
de cada persona se construye de forma diferente, en función de quiénes eran sus
padres y sus abuelos, de lo que le han transmitido, del lugar en el que vive,
de la época que le ha tocado, etc. La capacidad para afrontar las crisis de la
existencia, para adaptarnos, para considerar la vida de forma positiva o
negativa, optimista o pesimista, puede ser mayor o menor. Y, de una forma u
otra, afecta a nuestra forma de recordar.
Además, algunos estudios han
demostrado que, aunque los recuerdos negativos suelen quedarse grabados de
manera más persistente, especialmente cuando se ha experimentado un evento
traumático, con el tiempo, la memoria tiende a atenuar su carga emocional. Este
proceso de ‘suavización’ de los recuerdos dolorosos es una habilidad del
cerebro para permitirnos avanzar. En el caso de las personas mayores, el
recuerdo de experiencias positivas puede volverse predominante como una forma
de autoafirmación y como un medio para construir una identidad basada en los
logros y en la resiliencia.
Olvidos como parte de la vida:
cuando olvidar es saludable
Olvidar, lejos de ser siempre
un inconveniente, puede tener efectos positivos. Los olvidos nos permiten dejar
atrás experiencias dolorosas, mejorar nuestra capacidad para adaptarnos y abrir
espacio a nuevas experiencias y aprendizajes. Estudios recientes en
neurociencia sugieren que el cerebro humano ‘elige’ en cierta medida qué
recuerdos guardar y cuáles dejar ir, con el objetivo de optimizar el uso de los
recursos mentales y preservar la salud emocional.
Este fenómeno es especialmente
importante en las personas mayores, para quienes los olvidos pueden ser una
forma de ‘filtrar’ la información y centrarse en aquello que realmente tiene un
valor emocional. Aceptar el olvido como una parte natural de la vida ayuda a
reducir el estigma asociado con la pérdida de memoria y permite a las personas
vivir de manera más plena y consciente en el presente.
Los olvidos forman parte de la
naturaleza humana, desde los pequeños fallos de memoria que sufrimos en el día
a día hasta aquellos que se vuelven más evidentes con la edad. La
interpretación de estos olvidos varía según el contexto, la edad y las
experiencias personales de cada individuo. En el caso de las personas mayores,
los olvidos pueden ser una manifestación natural del proceso de envejecimiento
o un síntoma de algo más complejo que debe ser atendido con sensibilidad y
atención. Al final, los olvidos también son una manera de vivir el presente, de
soltar el pasado y de dar espacio a nuevas experiencias que seguirán formando
parte de nuestra historia. BP