domingo, 6 de septiembre de 2026

Día litúrgico: Lunes XXIII (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 6,6-11): Sucedió que entró Jesús otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle. Pero Él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: «Levántate y ponte ahí en medio». Él, levantándose, se puso allí. Entonces Jesús les dijo: «Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla». Y mirando a todos ellos, le dijo: «Extiende tu mano». Él lo hizo, y quedó restablecida su mano. Ellos se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús.
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy nos sorprendemos al ver gente buscando con qué acusar a Jesús. ¡Acusar a Dios! ¿No te parece ridículo? Pues sucedió entonces y sucede actualmente. ¡Qué manía con poner a Dios entre las cuerdas!
—¿Sabes qué les ocurre a los practicantes de este ‘deporte’? «Se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús». ¡Se quedan ciegos y al final no saben qué hacer con Dios! ¡Lamentable!

La Oración Dominical – 06 de Septiembre…

Dios nos habla
·        “Hermanos: Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley. Porque los mandamientos: «No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro, se resumen en este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo». El amor no hace mal al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la Ley” (Rm 13,8-10).
·        “Jesús dijo a sus discípulos: Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano” (Mt 18,15ss).
·        “Así habla el Señor: Hijo de hombre, Yo te he puesto como centinela de la casa de Israel: cuando oigas una palabra de mi boca, tú les advertirás de mi parte. Cuando yo diga al malvado: «Vas a morir», si tú no hablas para advertir al malvado que abandone su mala conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. Si tú, en cambio, adviertes al malvado para que se convierta de su mala conducta, y él no se convierte, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida” (Ez 33,7-9). 
Reflexión
“Lo mismo que el oro se esconde en la tierra, así el sentido divino se oculta en las palabras humanas. Por eso, siempre que se nos proclama la palabra evangélica, debe la mente ponerse alerta y el ánimo prestar atención, para que el entendimiento pueda penetrar el secreto de la ciencia celeste. Digamos por qué el Señor comienza hoy con estas palabras: Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo. ¡Animo, hermano! Te lo manda Dios: perdona, perdona los pecados; sé misericordioso ante el delito, perdona los agravios de que has sido objeto, no pierdas ahora los poderes divinos que tienes; todo lo que tú no perdonares en otro, te lo niegas a ti mismo en otro.
Repréndelo como juez, perdónalo como hermano, pues unida la caridad a la libertad y la libertad fusionada con la caridad expele el terror y anima al hermano: cuando el hermano te hiere está febricitante, cuando delinque está enfurecido, está fuera de sí, ha perdido todo sentimiento de humanidad: quien no acude en su ayuda por la compasión, quien no le cura mediante la paciencia, quien no le sana perdonándolo, no está sano, está malo, enfermo, no tiene entrañas, demuestra haber perdido los sentimientos humanitarios. El hermano está furioso, achácalo a enfermedad: tú ayúdalo como a hermano; todo lo que haga en semejante situación ponlo en el haber de la fiebre, y lo ocurrido no podrás imputarlo al hermano; y tú prudentemente echarás a la enfermedad la culpa y al hermano, el perdón; de esta suerte, su salud redundará en honor tuyo y el perdón te acarreará el premio” (San Pedro Crisólogo, Sermón 139).
Nosotros le hablamos
·        “Señor Dios, que nos has redimido para hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre, para que cuantos hemos creído en Cristo alcancemos la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos” (Oración Colecta).
·        “Tú eres justo, Señor, y tus juicios son rectos; trátame conforme a tu bondad” (Antífona de entrada). 
Nuestra vida cambia
·        ¿Me interesa el bien espiritual de los demás?
·        ¿Trato sinceramente de vivir según la voluntad de Dios y, por eso, puedo corregir a los demás cuando es necesario?

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¿Rinitis o alergia? Tu cuerpo podría estar dando señales que estás dejando pasar…

Con el objetivo de generar conciencia sobre enfermedades que afectan silenciosamente la calidad de vida, especialistas hacen un llamado a reconocer, diagnosticar y tratar oportunamente las alergias. Estas condiciones, que muchas veces se confunden con resfriados, infecciones o simplemente se normalizan, pueden afectar a personas de cualquier edad y tener un impacto significativo en su bienestar físico, emocional y social.
Las alergias se originan por una reacción exagerada del sistema inmunológico ante sustancias que en condiciones normales no deberían representar una amenaza, como el polvo, el polen, ciertos alimentos o pelos de animales. Aunque muchas veces los síntomas -como estornudos, congestión, picazón en ojos o garganta y tos persistente- pasan desapercibidos o se atribuyen a ‘cambios de clima’, lo cierto es que detrás puede haber una respuesta inmunológica mal dirigida que necesita atención médica.
“Cuando el sistema de defensa se confunde, reacciona de forma intensa ante algo que no es peligroso y genera inflamación. Ese error, si no se atiende, se va fortaleciendo y volviéndose más molesto. Por eso es fundamental diagnosticar a tiempo”, explica Hélida Silva, directora de Medical Affairs para América Latina en Siemens Healthineers.
La rinitis alérgica, el asma, la dermatitis atópica y otras manifestaciones alérgicas son motivo frecuente de consulta médica, especialmente en niños, y tienen un fuerte componente hereditario. Además, factores como la contaminación ambiental, el cambio climático y los estilos de vida urbanos pueden incrementar la sensibilidad a los alérgenos y empeorar los síntomas en quienes ya presentan predisposición.
Más allá de la incomodidad física, la falta de diagnóstico puede derivar en complicaciones como crisis asmáticas, alteraciones en el sueño, dificultades de concentración e incluso bajo rendimiento escolar o laboral.
Afortunadamente, los avances en tecnología médica han permitido el desarrollo de pruebas serológicas de tercera generación, que identifican con alta precisión los alérgenos responsables de la enfermedad mediante una simple muestra de sangre, sin necesidad de suspender medicamentos. Estas pruebas miden los niveles de Inmunoglobulina E (IgE) específica, un anticuerpo relacionado con las reacciones alérgicas, y ofrecen resultados confiables que permiten orientar tratamientos personalizados.
“Poder realizar una prueba sin interrumpir la medicación del paciente mejora su seguridad, y también optimiza el momento del diagnóstico. Esto es especialmente relevante en pacientes pediátricos o en quienes presentan síntomas persistentes y no habían sido atendidos por miedo o desinformación”, agrega Silva.
El mensaje de los especialistas es claro: no subestimar los síntomas y acudir a profesionales capacitados que puedan realizar un diagnóstico preciso. La alergia no es una molestia pasajera; es una condición médica que, si se identifica y se trata adecuadamente, puede controlarse y permitir que las personas retomen su bienestar y calidad de vida. BP

¿Qué hago yo por una iglesia más fiel a Jesús?…

«Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». La mejor manera de hacer presente a Cristo en su Iglesia es mantenernos unidos actuando «en su nombre», movidos por su Espíritu. La Iglesia no necesita tanto de nuestras confesiones de amor o nuestras críticas cuanto de nuestro compromiso real. No son pocas las preguntas que nos podemos hacer.
¿Qué hago yo por crear un clima de conversión colectiva en el seno de esta Iglesia, siempre necesitada de renovación y transformación? ¿Cómo sería la Iglesia si todos vivieran la adhesión a Cristo más o menos como la vivo yo? ¿Sería más o menos fiel a Jesús?
¿Qué aporto yo de espíritu, verdad y autenticidad a esta Iglesia tan necesitada de radicalidad evangélica para ofrecer un testimonio creíble de Jesús en medio de una sociedad indiferente y descreída?
¿Cómo contribuyo con mi vida a edificar una Iglesia más cercana a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que sepa no solo enseñar, predicar y exhortar, sino, sobre todo, acoger, escuchar y acompañar a quienes viven perdidos, sin conocer el amor ni la amistad?
¿Qué aporto yo para construir una Iglesia samaritana, de corazón grande y compasivo, capaz de olvidarse de sus propios intereses, para vivir volcada sobre los grandes problemas de la humanidad?
¿Qué hago yo para que la Iglesia se libere de miedos y servidumbres que la paralizan y atan al pasado, y se deje penetrar y vivificar por la frescura y la creatividad que nace del evangelio de Jesús?
¿Qué aporto yo en estos momentos para que la Iglesia aprenda a «vivir en minoría», sin grandes pretensiones sociales, sino de manera humilde, como «levadura» oculta, «sal» transformadora, pequeña «semilla» dispuesta a morir para dar vida?
¿Qué hago yo por una Iglesia más alegre y esperanzada, más libre y comprensiva, más transparente y fraterna, más creyente y creíble, más de Dios y menos del mundo, más de Jesús y menos de nuestros intereses y ambiciones? La Iglesia cambia cuando cambiamos nosotros, se convierte cuando nosotros nos convertimos. JAP

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