Un equipo investigador,
liderado por la Universitat Rovira i Virgili (URV) de Tarragona (España) ha
descubierto que dos receptores del gusto amargo podrían tener un ‘papel clave’
en los procesos asociados al envejecimiento, informa la Universidad en un
comunicado.
Publicado en la revista
Journal of Nutritional Biochemistry, el estudio ha contado con la participación
del Institut d'Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer (Idibaps), el
Hospital Clínic y la Facultad de Farmacia y Ciencias de la Alimentación de la
Universitat de Barcelona (UB).
La investigación compara la
presencia de los receptores TAS2R5 y TAS2R38 en muestras de colon de dos grupos
de mujeres y hombres sanos: uno joven (alrededor de 39 años) y otro de mayor
edad (con una media de 64 años).
Se analizó la abundancia de
los principales receptores del gusto amargo y se relacionó con analíticas
clínicas y de consumo de compuestos fenólicos en sangre, y los investigadores
seleccionaron los TAS2R5 y TAS2R38 como los receptores del gusto amargo ‘más
relevantes’ y asociados con cambios metabólicos debidos a la edad.
¿Una relación clara?
Los resultados mostraron que,
a medida que el organismo envejece, aumentan diversos biomarcadores metabólicos
e inflamatorios en la sangre: entre los factores más diferenciadores se
encontraron ácidos grasos poliinsaturados como DHA (ácido docosahexaenoico),
varios tipos de lipoproteínas y los dos receptores TAS2R5 y TAS2R38.
Los elementos que mejor
permitieron diferenciar entre las personas jóvenes y mayores fueron el DHA -un
tipo de omega 3- y varias fracciones de lipoproteínas -grasas transportadas en
la sangre-.
El receptor TAS2R5 se asoció
con lipoproteínas, con la interleucina-6 (IL-6) -un marcador de inflamación- y
con ácidos grasos poliinsaturados; y el TAS2R38 con la esfingomielina (una
grasa que forma parte de las membranas celulares), la acetona (que se produce
cuando el cuerpo quema grasas) y algunos ácidos omega.
Los resultados ponen de
manifiesto que estos dos receptores pueden ayudar a entender mejor cómo se
envejece y, dado que se encuentran en el intestino grueso, ‘a partir de su
interacción con los alimentos y la microbiota del colon se pueden plantear
aproximaciones para favorecer un envejecimiento más saludable’. BP