jueves, 2 de julio de 2026

Día litúrgico: 3 de julio: Santo Tomás, apóstol

Texto del Evangelio (Jn 20,24-29): Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».
Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy escuchamos la respuesta de Tomás cuando los otros Apóstoles le dicen que han visto a Jesús resucitado. ¡Dios no se merece la respuesta de Tomás! ‘Tocar’, ‘tocar’ y ‘tocar’: a los hombres nos ha entrado la manía de que, si no tocamos, no creemos. Pero, ¿qué clase de Dios deseamos tener? ¿Un muñeco?, ¿una mascota?
—Tratándose de Dios, ¿no es más adecuado responder: «Señor mío y Dios mío»?

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Un estudio relaciona la ingesta de queso con tener pesadillas…

Un estudio asocia la intolerancia a la lactosa con el consumo de lácteos -fundamentalmente, queso- con las pesadillas y la falta de sueño. Un equipo de científicos entrevistó a 1.082 estudiantes de la Universidad MacEwan (Canadá) sobre la calidad de su sueño, sus hábitos alimenticios y cualquier vínculo percibido entre ambos, y encontraron una fuerte asociación entre las pesadillas y la intolerancia a la lactosa, posiblemente porque los gases o el dolor de estómago nocturno afectan los sueños.
“La gravedad de las pesadillas está estrechamente relacionada con la intolerancia a la lactosa y otras alergias alimentarias”, según el Dr. Tore Nielsen, de la Universidad de Montreal (Canadá), autor principal del artículo, publicado en la revista ‘Frontiers in Psychology’. Y añade: “Estos nuevos hallazgos implican que cambiar los hábitos alimenticios de las personas con ciertas sensibilidades alimentarias podría aliviar las pesadillas. También podrían explicar por qué la gente suele culpar a los lácteos de las pesadillas”.
Aunque desde hace tiempo se cree que la alimentación afecta el sueño, hay muy poca evidencia que la demuestre o refute. Los investigadores preguntaron a más de mil universitarios sobre el tiempo y la calidad del sueño, los sueños y las pesadillas, y cualquier asociación percibida entre diferentes tipos de sueños y diferentes alimentos, así como sobre la salud mental y física, y su relación con la comida.
Aproximadamente un tercio de las personas encuestadas confesó tener pesadillas frecuentes. Las mujeres eran más propensas a recordar sus sueños y a reportar mal sueño y pesadillas. Alrededor de un 40% de los participantes afirmó creer que comer tarde o ciertos alimentos afectaba su sueño y un el 25% pensaba que ciertos alimentos podían empeorarlo. Las personas con una alimentación menos saludable eran más propensas a tener sueños negativos y menos proclives a recordarlos.
La mayoría de los participantes que atribuyeron su mal sueño a la comida consideraron que los dulces, las comidas picantes o los lácteos eran los responsables. Solo una proporción comparativamente pequeña (un 5,5% de los encuestados) sintió que lo que comía afectaba la intensidad de sus sueños, pero muchos de ellos afirmaron que los dulces o los lácteos hacían sus sueños más perturbadores o extraños.
Al comparar los informes, de intolerancias alimentarias con los de pesadillas y falta de sueño, los autores descubrieron que la intolerancia a la lactosa se asociaba con síntomas gastrointestinales, pesadillas y mala calidad del sueño. Es posible que el consumo de lácteos provoque trastornos gastrointestinales y que las molestias resultantes afecten los sueños y la calidad del descanso.
“Las pesadillas son peores para las personas con intolerancia a la lactosa que sufren síntomas gastrointestinales graves y cuyo sueño se ve interrumpido. Necesitamos estudiar a más personas de diferentes edades, de diferentes ámbitos sociales y con distintos hábitos alimenticios para determinar si nuestros resultados son realmente generalizables a la población general”, concluyó el Dr. Nielsen. BP

¿Realmente necesitas una pastilla más?…

La frase ‘una pastilla más’ se ha vuelto el refugio silencioso de muchas personas que buscan escapar del dolor emocional, la ansiedad o el agotamiento. Es fácil caer en la trampa de los remedios rápidos. Pero tú y yo sabemos que lo que duele dentro no se cura solo con lo que se toma fuera.
Una pastilla puede adormecer el síntoma, pero ¿cura el corazón? El alma necesita algo más profundo, más duradero… más real. Este post es para ti, que estás cansado de depender de soluciones temporales y estás listo para descubrir algo diferente.
Cuando el corazón pide auxilio silencioso
Todos enfrentamos momentos en los que sentimos que ya no podemos más. Un día difícil, una decepción, una pérdida, o simplemente el peso de la rutina pueden llevarnos al límite. Entonces, aparece esa idea: “Tal vez con una pastilla más estaré mejor”.
Pero ¿y si te dijera que esa no es la única salida?
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” — Mateo 11:28
¿Qué hay detrás de esa necesidad constante?
El vacío interior no se llena con químicos
No se trata de demonizar los medicamentos —muchos son necesarios y útiles cuando se usan con sabiduría y bajo supervisión médica—, pero muchas veces no atacan la raíz del problema. Te invito a reflexionar:
·        ¿Qué estás intentando callar?
·        ¿Qué emociones estás evitando sentir?
·        ¿De dónde viene ese dolor persistente?
Cuando tapamos el alma con sedantes
Lo que no sanamos, lo repetimos. Si tomas una pastilla para calmar la ansiedad sin mirar de frente lo que te la causa, solo estás postergando el problema. Y eso, al final, pesa más.
¿Y si la verdadera medicina es espiritual?
Aquí está una verdad que descubrí en carne propia: el alma sana cuando se conecta con su Creador.
Cuando abrí mi corazón a Dios, entendí que no necesitaba otra dosis de química… sino una dosis de fe, esperanza y amor. Y eso no se compra en la farmacia.
Acciones prácticas para comenzar tu sanidad
Aquí tienes algunos pasos reales que puedes dar hoy:
1.     Habla con alguien de confianza. No enfrentes tu dolor solo. Busca una red de apoyo.
2.     Busca ayuda profesional. Psicólogos cristianos pueden ayudarte a unir la ciencia y la fe.
3.     Dedica tiempo diario a la oración o meditación bíblica. Comienza con 10 minutos al día.
4.     Cuida tu cuerpo. Una buena alimentación, descanso y ejercicio impactan tu estado emocional.
5.     Alimenta tu espíritu. Lee libros edificantes, escucha música que sane, y rodéate de personas que te impulsen a crecer.
Señales que necesitas más que una pastilla
·        Te sientes emocionalmente adormecido todo el tiempo.
·        Necesitas medicamentos para sentir que puedes enfrentar el día.
·        Experimentas pensamientos repetitivos de desesperanza.
·        Evitas hablar de tus emociones por miedo al juicio.
Estas señales no son debilidad. Son un llamado al cambio. Escúchalas. La fe no niega el dolor, pero lo transforma.
Dios no te juzga por sentirte roto. Al contrario, Él se especializa en restaurar lo que otros desechan. No necesitas tener todo resuelto para acercarte a Él. Solo necesitas decir: “Aquí estoy, ya no quiero depender de más pastillas. Quiero vivir verdaderamente”.
3 razones para creer que hay esperanza
·        Porque no estás solo. Hay miles como tú que están atravesando esta batalla y han salido adelante.
·        Porque Dios sigue sanando. Su poder no ha cambiado. Sigue restaurando vidas.
·        Porque tu historia aún no termina. Hoy puede ser un nuevo capítulo.
¿Y ahora qué harás tú?
Esta es tu oportunidad. No para juzgarte, sino para levantarte. No para seguir anestesiando tu alma, sino para comenzar a sanarla de verdad. Dios te espera con los brazos abiertos. ¿Te atreves a dejar de esconderte tras ‘una pastilla más’? RdeP

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