martes, 2 de junio de 2026

Día litúrgico: Miércoles IX (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 12,18-27): En aquel tiempo, se le acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan que haya resurrección, y le preguntaban: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia; también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo. Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer. En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer».
Jesús les contestó: «¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos. Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy siguen las discusiones con Jesús. Ahora son los saduceos. Eran los más raros: formaban un grupo religioso, creían en Dios pero no en la resurrección. ¿Dios sin resurrección? ¿Dios sin eternidad? Entonces, ¿qué clase de ‘Dios’ es éste? ¿De qué nos sirve este ‘Dios’? Estaban tan equivocados esos saduceos que plantearon a Jesús una pregunta absurda y Jesús les dijo directamente: «Estáis en un gran error».
—¡No es para menos!: sin horizontes de eternidad no se puede amar. Por eso, «Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No un Dios de muertos, sino de vivos».

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¿Puede el estrés descontrolar tus niveles de glucosa?...

Distintas investigaciones muestran que las situaciones estresantes pueden activar respuestas físicas que alteran los niveles de azúcar en sangre, muchas veces sin que se note de inmediato.
El estrés puede formar parte de la vida diaria: por discusiones, contratiempos, responsabilidades que se acumulan o simplemente por recibir malas noticias. Para cualquier persona esto suele ser agotador, pero cuando se vive con diabetes, el impacto va más allá del malestar emocional.
Cuando atravesamos una situación estresante, el cuerpo activa un mecanismo conocido como eje hipotálamo–hipófisis–adrenal (HPA), que desencadena la liberación de varias hormonas, entre ellas cortisol, adrenalina, glucagón y hormona del crecimiento.
Estas hormonas tienen un efecto directo sobre el metabolismo: aumentan la producción de glucosa en el hígado y, al mismo tiempo, reducen la eficacia de la insulina, generando un estado de resistencia insulínica. Como resultado, la glucosa no ingresa eficazmente a las células y se acumula en la sangre, lo que puede provocar hiperglucemia, especialmente en personas con diabetes.
Numerosos estudios respaldan esta relación entre el estrés y el desajuste glucémico. Una investigación observó que el estrés crónico puede agravar significativamente el control glucémico en personas con diabetes tipo 1. En diabetes tipo 2, la evidencia es aún más clara: estudios recientes asocian de manera consistente el estrés psicológico con niveles elevados de hemoglobina glicosilada (HbA1c), un indicador clave del control a largo plazo.
Esto puede observarse con mayor claridad en un análisis realizado sobre más de 3.000 adultos que utilizaron una plataforma digital en la que registraban sus niveles de glucosa. Quienes reportaban altos niveles de estrés presentaban a su vez cifras de glucosa más elevadas, mayor necesidad de insulina, síntomas de ansiedad y un control glucémico deficiente.
Otro aspecto destacado por los expertos es que no hace falta vivir bajo estrés constante para que se produzca un impacto. Situaciones breves pero intensas, como un examen, una discusión o incluso un susto, pueden provocar aumentos temporales y abrupto del azúcar en sangre.
Incluso existe evidencia que muestra que los trabajos con alta carga emocional pueden aumentar entre 25 y 47% el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, reforzando una idea importante: el estrés no solo complica el manejo de la glucemia en quienes ya tienen esta enfermedad, sino que también puede influir en su aparición.
¿Qué puedes hacer para reducir el impacto del estrés sobre los niveles de glucosa?
Aunque la alimentación sigue siendo la herramienta principal para controlar el azúcar en sangre, no es el único aspecto para tener en cuenta. Cuando el estrés entra en juego, también es clave prestar atención a otros factores que pueden influir silenciosamente en tu glucemia:
·        Practica técnicas de respiración o mindfulness: al menos 10 minutos al día. Está demostrado que la meditación y la respiración consciente ayudan a reducir los niveles de cortisol y a estabilizar la glucosa en sangre.
·        Muévete: aunque parezca poco, cualquier ejercicio te ayudará a mejorar la sensibilidad a la insulina y a liberar la tensión acumulada.
·        Identifica tus picos de estrés (y de glucosa): puede recurrir a un glucómetro o sensor para observar si hay aumentos después de momentos estresantes. Eso te permitirá anticiparte y ajustar hábitos o medicación (con la supervisión de tu médico).
·        Busca apoyo emocional o social: hablar con alguien de confianza o participar en un grupo de apoyo reduce la carga emocional y, en consecuencia, ayuda a mejorar el control glucémico a largo plazo.
·        Establece pequeñas rutinas que te calmen: esto se trata de decisiones personales, leer, estirarte, escuchar música, cocinar o incluso ordenar. No hace falta mucho tiempo, pero sí identificar cual es la más útil para relajarte y realizarla con constancia.
Recuerda, estas estrategias no reemplazan la consulta médica. Si notas que el estrés está afectando tu glucemia con frecuencia, deberás hablarlo con tu médico. Un buen abordaje del estrés puede marcar una gran diferencia en tu bienestar diario y en el control de la diabetes. CdeB

En el teatro del alma…

Una palabra de amistad y afecto nos anima. Un gesto de desprecio o de ignorancia nos entristece.
En ocasiones, no identificamos algo concreto y externo que nos entusiasme o que nos desanime. Simplemente, inicia un estado de ánimo sin que exista una causa concreta que podamos señalar.
En el teatro del alma se suceden numerosas ideas, sentimientos, emociones, modos de vernos a nosotros mismos y de ver a los demás.
Suele ser de ayuda encontrar de dónde venga cada movimiento interior, cuál sea su causa, hacia dónde nos conduzca.
Pero lo más importante es afrontar lo que vamos experimentando con paz, con equilibrio, con prudencia y, sobre todo, desde un criterio clave: el amor.
Esta idea, este sentimiento, ¿me ayudan a amar? ¿Me permiten abrirme a Dios y a los demás? ¿Me sacan de mí mismo y me lanzan a ‘invertir’ mi vida en lo bueno, noble, bello?
Aquello que me conduce al mal, aquello que me aparta de mis obligaciones, aquello que me lleva a comportamientos negativos, hay que purificarlo, incluso sacarlo del escenario, aunque no siempre sea fácil.
En cambio, aquello que me lleva al bien, que me hace asumir con mayor entrega mis deberes, que me permite escoger actos concretos de servicio, hay que consolidarlo y agradecerlo a Dios.
En el teatro de mi alma hoy entrarán y saldrán ‘personajes’ que gesticulan, que animan, que asustan, que instruyen, que confunden, que promueven la paz.
Con la mirada puesta en Dios, y desde una actitud de confianza, podré discernir para dejar a un lado lo que no me lleva al amor, y para acoger y permitir que dé fruto lo que, según explican diversos autores espirituales, viene del buen espíritu, del corazón mismo de Dios... FP

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