viernes, 27 de marzo de 2026

Día litúrgico: Sábado V (A) de Cuaresma

Texto del Evangelio (Jn 11,45-56): En aquel tiempo, muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en Él. Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchas señales. Si le dejamos que siga así, todos creerán en Él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación». Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: «Vosotros no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación». Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación —y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos—. Desde este día, decidieron darle muerte.
Por eso Jesús no andaba ya en público entre los judíos, sino que se retiró de allí a la región cercana al desierto, a una ciudad llamada Efraim, y allí residía con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos del país habían subido a Jerusalén, antes de la Pascua para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros estando en el Templo: «¿Qué os parece? ¿Que no vendrá a la fiesta?». Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si alguno sabía dónde estaba, lo notificara para detenerle.
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy empieza a fraguarse el juicio de las autoridades religiosas de Israel contra Jesús. Hace poco que Él ha resucitado a Lázaro. Eso ocurrió en Betania, muy cerca de la capital. Allí llega la noticia. No pueden negar los milagros; al contrario, ellos mismos son testigos de las obras del Señor.
—Incluso movidos por envidia, serán instrumentos del Padre, que pedía al Hijo ofrecerse en sacrificio por la salvación del mundo entero.

Alleluia - Diapositiva 23...

Boleros Sinfónicos Románticos - Música Instrumental para Relajarse y Amar...

Lucero de ausencia - Bolero romántico, canción de amor y desamor...

Si odias el silencio, esto es lo que podría significar (y es profundo)…

Algunas personas buscan la calma, otras huyen del silencio tan pronto como se instala. Si eres de los que odian el silencio, puede parecer trivial, pero las razones profundas detrás de este rechazo suelen ser más complejas de lo que parecen.
El silencio como espejo interior
El silencio no es simplemente una ausencia de sonido. Para el cerebro humano, actúa como un espejo. Invita a la introspección, ralentiza el ritmo y, sobre todo... Evita la fuga. Según un estudio publicado en la revista Frontiers in Human Neuroscience, los períodos prolongados de silencio pueden activar áreas del cerebro relacionadas con la memoria, la regulación emocional y el pensamiento consciente. En otras palabras, permanecer callado es a menudo encontrarse cara a cara.
Esto puede explicar por qué algunas personas sienten una forma de ansiedad en silencio: permite que surjan pensamientos, recuerdos o dudas que a veces tratamos de evitar a diario. El ruido se convierte entonces en un refugio, una forma de mantener la mente ocupada para no enfrentarse a lo que surge.
Miedo al vacío emocional
Odiar el silencio también puede estar relacionado con un miedo más profundo: el del vacío emocional o existencial. En una sociedad en la que se valora la productividad, las notificaciones y la estimulación constante, la calma puede parecer una pérdida de control. El silencio se convierte en sinónimo de inacción, incluso de soledad. Para algunas personas, no escuchar nada es cómo no sentir nada, o sentir ‘demasiado’.
Los especialistas en salud mental señalan que este rechazo también se puede observar en personas que han experimentado un entorno inestable o que les provoca ansiedad: para ellos, el ruido señala una presencia, una actividad, una seguridad aparente. El silencio, en cambio, reactiva una sensación de vacío o abandono.
Cuando el silencio se vuelve incómodo... o curandero
Huir del silencio no es un ‘defecto’ en sí mismo. Puede reflejar una sensibilidad exacerbada o la necesidad de un vínculo permanente. Sin embargo, domar el silencio, incluso durante unos minutos al día, fortalecería tu bienestar mental. La investigación realizada por el Dr. Luciano Bernardi (Italia), ha demostrado que 2 minutos de silencio, insertados entre 2 piezas de música relajante, tienen un efecto más profundo sobre la presión arterial que la música en sí. Por lo tanto, el silencio también actuaría como un reparador, un regulador interno.
Es por eso que la meditación, caminar en silencio o simplemente apagar las notificaciones durante un rato son prácticas cada vez más recomendables en salud mental: no para forzar la calma, sino para ayudar a escuchar lo que sucede en su interior.
¿Llenar para evitar sentir?
Los ruidos de la vida cotidiana -podcasts en repetición, música, teléfonos, televisión- no son triviales. Pueden ser herramientas para la evitación emocional, a veces inconsciente. Según la psicóloga estadounidense Susan Cain, autora de “Silencio: El poder de los introvertidos en un mundo que no puede dejar de hablar”, el silencio a menudo se percibe como un malestar social, cuando en realidad es una forma de lenguaje. No soportarlo a veces significa tratar de evitar mirarse a uno mismo, o evitar la confrontación con necesidades insatisfechas.
Esto no quiere decir que todas las personas a las que les gusta el paisaje sonoro estén huyendo emocionalmente. Esto nos invita a preguntarnos: ¿por qué esta necesidad de ‘llenar’? ¿Qué señala el silencio que no queremos escuchar?
Odiar el silencio puede ser mucho más que un gusto personal. Puede reflejar una tensión interna, una necesidad de control o una dificultad para acoger lo que surge cuando todo se detiene. Aprender a domar estos momentos de vacío, sin llenarlos sistemáticamente, puede ser una puerta de entrada a un mejor conocimiento de uno mismo. Porque a veces, de lo que huimos en silencio... Es la verdad la que Él revela. BP

Tor Vergata 2025 - Cuando la esperanza aterrizó con ruido y habló nuestro idioma…

Asfalto caliente. Cielo romano. Helicópteros cruzando el atardecer. Y un millón de jóvenes que no fueron a ver, sino a encontrar.

La ciudad nunca duerme del todo. Roma lo sabe. Y esa tarde de julio, tampoco descansó. Los trenes colapsaron de mochilas, las calles se llenaron de idiomas, y el campo de Tor Vergata volvió a respirar como hace 25 años… pero distinto. Esta vez, no fue un recuerdo de Juan Pablo II lo que atrajo a los jóvenes, sino una presencia viva que los sigue buscando.

Y en medio del calor, del polvo, de los cantos y de los silencios, aterrizó el Papa. No fue un descenso triunfal. Fue una señal: la esperanza también puede llegar en helicóptero. Puede hablar en español, en italiano, en inglés… Puede mirar a los ojos y no a las cámaras. Puede partir el pan sin techo ni paredes. Puede caminar entre los pies polvorientos de los que aún creen. No fue solo una vigilia. Fue un Evangelio vivido.

En Tor Vergata no se leyó el Evangelio. Se vivió. Se cantó, se preguntó, se lloró. Y Cristo se paseó —sin escoltas ni incienso— entre quienes aún se atreven a decir “yo te busco” aunque no sepan cómo ponerle nombre a la sed.

El Papa no dio respuestas mágicas. Dio brújulas. Habló de la amistad que no usa. De las decisiones valientes que nacen del amor. Del bien que cuesta pero vale. Y lo hizo con ternura de abuelo y con mirada de joven.

Ahí no hubo influencers. Hubo testigos. Hubo oración sin espectáculo. Y también hubo ausencia: las dos jóvenes fallecidas en el camino al Jubileo fueron nombradas con delicadeza. Y en ese momento, Cristo se volvió lágrima, y la esperanza se hizo promesa: ni el dolor tiene la última palabra.

¿Cristo en la ciudad? Sí, también aquí. Porque la ciudad, aunque olvide, no borra del todo la esperanza. Y porque los jóvenes, aunque cansados, aún esperan una Palabra que no sea

marketing.

Cristo llegó en helicóptero, sí. Pero se bajó del papamóvil para caminar. No necesitó retórica: le bastó con decir “no están solos”. Y entonces, por un momento, la ciudad se volvió cenáculo sin muros, altar sin cúpula, iglesia sin columnas.

Epílogo urbano

La noche cayó sobre Tor Vergata. Y en medio del silencio, una cruz iluminada recordaba lo esencial: que Cristo aún está. Que aún llama. Que aún espera que lo miremos, no como ídolo, sino como compañero de viaje.

“Quédate con nosotros, Señor…” Porque aunque la ciudad corra, aunque el mundo grite, alguien aún se atreve a mirar hacia el Este… y a creer que el sol vuelve. Y que Él también. RM

Recuerda... 27

27 de Marzo - Día Mundial del Teatro... 01

27 de Marzo...

Buenos días... 2026-085