lunes, 4 de mayo de 2026

Día litúrgico: Martes V (A) de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 14,27-31ª): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy, el Señor consuela a sus discípulos. ¡Jesús se va! ¿A dónde? Primero se marchó muriendo en la Cruz: su muerte fue un irse al cielo. Tres días después resucitó y, todavía durante un breve tiempo, se fue apareciendo a los discípulos. Finalmente, el día de la Ascensión subió con su cuerpo resucitado al cielo.
—El Señor pide que no se asuste nuestro corazón. Él nos da la verdadera paz: Jesús, porque es Dios, está en el cielo y está con cada uno de nosotros. Incluso dentro de nosotros cuando le recibimos en la Comunión.

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Comienza la semana de prevención cardiovascular...

Las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la causa principal de muerte en todo el mundo, pero la mayoría de ellas se pueden prevenir si se tratan los factores de riesgo conductuales y ambientales, como el consumo de tabaco, una alimentación poco saludable, en particular, el exceso de sal, azúcar y grasas, y la obesidad, la inactividad física, el consumo nocivo de alcohol y la contaminación atmosférica.
Según un informe, del 4 al 8 de mayo de 8 a 12 se llevará a cabo la Semana de Prevención Cardiovascular, en los Consultorios Externos de Cardiología, PB, Sector B, del Hospital de Clínicas (Ciudad Autónoma de Buenos Aires).
Desde el hospital-escuela sostienen que más del 80% de los eventos cardiovasculares graves pueden prevenirse. “Muchas enfermedades pueden evitarse o detectarse tempranamente con controles simples y oportunos”, destacó la Dra. Verónica Volberg, jefa de la División Cardiología del Hospital de Clínicas de la UBA.
Durante la semana, se realizará una evaluación básica que incluirá una breve anamnesis, examen físico, toma de presión arterial y detección de posibles signos de ateromatosis subclínica. Asimismo, se entregará material informativo con el objetivo de brindar herramientas para el conocimiento de los controles recomendados y la adopción de hábitos saludables.
La actividad no requiere inscripción previa y se desarrollará en el marco del mes de la dislipemia, una condición médica que implica un desequilibrio en los niveles de lípidos en la sangre, que incluyen el colesterol y los triglicéridos; situación que puede aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares de gravedad.
En cuanto a las enfermedades cardiovasculares es importante destacar que se diagnostiquen lo antes posible para poder iniciar el tratamiento con acompañamiento y medicamentos, mientras que, al ser un grupo de trastornos del corazón y los vasos sanguíneos, entre los mismos se incluyen: la cardiopatía coronaria, las enfermedades cerebrovasculares, la arteriopatía periférica, la cardiopatía reumática, las cardiopatías congénitas, las trombosis venosas profundas y las embolias pulmonares.
Por su lado, los infartos de miocardio y los ACV suelen ser episodios agudos debidos principalmente a una obstrucción que impide que la sangre fluya hacia el corazón o el cerebro. La causa más frecuente de esto es la acumulación de depósitos de grasa en las paredes internas de los vasos sanguíneos que irrigan el corazón o el cerebro. Los ACV pueden deberse a hemorragias de los vasos cerebrales o a coágulos de sangre. BP

El capital vivo que no se guarda…

En medio del ruido de la ciudad, donde cada minuto parece contado y cada gesto filtrado por la pantalla de un teléfono, el Papa León XIV nos ha recordado algo que no cotiza en la bolsa, pero sí en el Reino de Dios: nuestro verdadero capital no es el dinero, sino la vida misma en todas sus expresiones.
Inspirado en el Evangelio de Lucas (12,32-48), su mensaje en el Ángelus de hoy es claro y exigente: lo que somos y tenemos —bienes materiales, talentos, tiempo, afecto, presencia, empatía— es un capital vivo, y como todo capital, se devalúa si se guarda, pero crece si se invierte en amor y servicio.
No es una novedad doctrinal: la Doctrina Social de la Iglesia lleva más de un siglo proclamando el destino universal de los bienes. Desde Rerum Novarum hasta Sollicitudo Rei Socialis, la Iglesia ha insistido en que la propiedad no es un derecho absoluto, sino un encargo de administración en favor del bien común. Pero el Papa León XIV lleva esa enseñanza al lenguaje de hoy y la acerca a nuestra vida diaria: abrir la agenda, el corazón y las manos tanto como la cartera.
En el paisaje urbano, esta enseñanza se concreta en gestos que no suelen salir en las estadísticas:
·        Un abrazo que interrumpe la prisa.
·        Una conversación que rompe la soledad.
·        Una tarde ofrecida al voluntariado.
·        Una habilidad profesional puesta al servicio de un proyecto comunitario.
El Papa propone que la solidaridad no se limite a la caridad espontánea, sino que también se traduzca en acción colectiva: proyectos de justicia social, defensa de los derechos laborales, economías del bien común y políticas que garanticen que nadie quede excluido del acceso a recursos vitales como agua, tierra, vivienda y trabajo.
Esta es la vigilancia activa que pide: no dormirnos en la comodidad, sino estar despiertos ante las necesidades de quienes nos rodean. Porque un capital vivo se marchita cuando se guarda ‘para cuando sobre tiempo’, pero florece cuando se arriesga en las calles, las plazas y las esquinas donde el prójimo espera.
Cristo nos enseñó la inversión más radical: entregarse por entero en la cruz. Y esa entrega, lejos de ser pérdida, sigue multiplicándose en cada acto de misericordia que hacemos en su nombre.
En la ciudad de hoy, donde la rentabilidad se mide en cifras y la competencia en likes, tal vez sea hora de adoptar otra lógica: invertir donde el rendimiento se cuente en sonrisas, manos tendidas y vidas levantadas. Porque allí, como dice el Evangelio, está nuestro verdadero tesoro… y allí estará también nuestro corazón.
“Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Lc 12,34). RM

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