martes, 3 de noviembre de 2026

Día litúrgico: Miércoles XXXI (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 14,25-33): En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.
»Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar”. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy descubrimos que la vida cristiana es un viaje con Jesús. Y en su ‘auto’ cabemos todos: familiares, amigos… Aunque muchos se apuntan a ser cristianos, en realidad, no viajan con Jesús: se quedan en el punto de partida, o abandonan pronto, o hacen otro viaje con otros compañeros… ¿Eso? ¡Problemas de equipaje!
—Pues… ¡el equipaje es la Cruz! ¡Vale la pena si es para ir con Jesús!

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Haz una pausa, analiza y modifica: tres verbos para un fin de año sin estrés…

Es una técnica utilizada en la terapia cognitiva conductual, para tomar distancia de una situación que nos incomoda y poder decidir el mejor curso de acción.
Hay algo en los fines de año que hace que muchas personas no se sientan cómodas brindando y deseando felicidades. Ya sea por experiencias pasadas, cambios, distanciamientos o situaciones familiares no resueltas, la experiencia del cambio de fecha puede volverse algo difícil de sobrellevar.
Para pasar estos momentos festivos de la mejor manera posible, la terapia cognitiva conductual ofrece la estrategia de ‘haz una pausa, analiza y modifica’, para no actuar de manera impulsiva, examinar el momento y tomar acciones para incluso disfrutarlo.
Se trata de un método que surge del conductismo pero se utiliza en muchos niveles de la medicina y la psicología.
Básicamente propone:
Haz una pausa. Te detienes o te alejas inmediatamente del desencadenante cuando sientes que aumenta la tensión (por ejemplo, al frenar una discusión, dejar de leer un correo electrónico estresante o salir de una sala y tener un momento a solas).
Por qué funciona: Interrumpe física y mentalmente el impulso y envía una señal de seguridad a tu sistema nervioso, sacándote del modo de ‘lucha o huida’.
Analiza. Te enfocas en tu mente para evaluar lo que sucede en tu interior. Observas señales físicas (mandíbula apretada, taquicardia) e identificas tus necesidades emocionales (por ejemplo, sentirte ignorado, abrumado o agotado).
Por qué funciona: Ponerle nombre a la emoción ayuda a controlarla, y redirige la actividad a la corteza prefrontal, la parte lógica y de resolución de problemas del cerebro.
Modifica. Ajustar tu estrategia o cambiar de enfoque de acuerdo a la realidad del momento. Esto puede implicar respirar lenta y profundamente en un espacio tranquilo, pedir un tiempo para hablar más tarde, replantear tu perspectiva o usar un tono de voz más suave.
Por qué funciona: Cambia una reacción impulsiva y destructiva por una más fluida.
Si practicas estos tres pasos podrás utilizarlos casi sin darte cuenta ante cualquier situación que surja en la mesa de las Fiestas.
Se trata, siempre, de pasarla bien con amigos y seres queridos, y alejar las tensiones. No escondiéndose sino confrontándolas tomando algo de distancia, desde un lugar de empoderamiento y comprensión. Entender lo que nos preocupa, angustia o tensiona ayuda a actuar de manera positiva y constructiva.
Para incluso reparar relaciones y aprovechar el momento de fin de año para tal vez resetear el dolor y volver a empezar. CdeB

Primer abrazo al corazón - ¿Dónde encuentras tu fuerza?…

En los momentos más oscuros, cuando todo parece desfallecer, tú necesitas una fuerza que no provenga de ti. Esa fuerza la encuentras en Aquel que venció al mundo y te promete paz. En este post exploraremos juntos cómo fortalecer tu fe, hallar refugio seguro y caminar con confianza, incluso cuando las pruebas parecen inmensas.
La frase tú eres mi fuerza se convierte en un eco interior que tu alma necesita oír una y otra vez.
¿Qué significa ‘tú eres mi fuerza’?
Cuando afirmas ‘tú eres mi fuerza’, estás reconociendo que en Dios reposan tus recursos más profundos. Esta declaración:
·        Halla en Él tu refugio seguro
·        Reconoce tu propia fragilidad
·        Revela tu dependencia humilde y confiada
·        Te conecta con promesas bíblicas que fortalecen
En los Salmos encontramos ecos de esta certeza:
“En ti, oh SEÑOR, me refugio; jamás sea yo avergonzado”.
“Diré yo al SEÑOR: Refugio mío y fortaleza mía”.
Estas palabras no solo eran plegarias antiguas: son clamores que tú también puedes elevar hoy, sintiendo que Él te sostiene cuando nada más lo hace.
Tres pilares para sostener tu fe en medio de la prueba
Para que la frase ‘tú eres mi fuerza’ no se quede en una expresión vacía, sino que transforme tu interior, apóyate en tres pilares prácticos:
1. Memoria — recordar las promesas de Dios
Cuando tu corazón duda, trae a la memoria aquello que Él ha hecho por ti. Recuerda momentos en que te sostuvo, sanó o liberó. Escríbelos. Repite promesas bíblicas como las de los Salmos 25, 31, 86 y 119.
2. Diálogo — hablar con Él y con otros
No te quedes en silencio. Ora, susurra, grita, llora. También comparte tu carga con hermanos de fe. Cuando verbalizas la necesidad, permites que la gracia fluya.
3. Acción — dar un paso aun cuando no sientas fuerza
Tu fe no depende de tus emociones. Da pasos: ayuda a alguien más, levántate aunque estés cansado, alaba en medio del dolor. La obediencia refuerza la confianza.
Cómo aplicar ‘tú eres mi fuerza’ en tu día a día
Te comparto pasos concretos que puedes comenzar a practicar desde hoy para integrar esta verdad en tu vida diaria:
1.     Comienza tu mañana con esta declaración
Escríbela, repítela, medítala antes de ver tu teléfono o comenzar tus labores.
2.     Lleva un ‘diario de fuerzas divinas’
Cada día anota tres cosas que Él hizo por ti, grandes o simples. Con el tiempo, este registro será un baúl de fe.
3.     Cuando llegue la ansiedad, recurre a un salmo corto
Léelo en voz alta. Que tu garganta sienta esa oración.
4.     Conecta con otros creyentes
Comparte esta reflexión. Conversa con alguien sobre tu lucha y cómo Él sostiene.
5.     Alaba aún en medio del dolor
Canta, escribe una carta de gratitud, ofrece un gesto amable. La adoración mueve tu enfoque de la crisis al Consolador.
Preguntas que abren el alma
Al meditar en ‘tú eres mi fuerza’, pregúntate:
·        ¿En qué áreas de mi vida me resisto a depender de Él?
·        ¿Cuándo fue la última vez que recordé Sus promesas en la aflicción?
·        ¿Hay heridas que aún no he entregado completamente?
·        ¿Cómo puedo compartir esta fuerza con alguien que la necesite hoy?
Que estas preguntas no te dejen igual: que te impulsen a un encuentro más profundo con Aquel que te sostiene.
Por qué esta fe genuina cambia todo
Cuando afirmas ‘tú eres mi fuerza’ de corazón:
·        Transformas tu identidad: de víctima a hijo amado
·        Encuentras paz aun en medio de tormentas
·        Irradias esperanza a quienes te rodean
·        Confías en un fundamento que no vacila
Esta fe genuina no depende de circunstancias, condiciones o sentimientos. Descansa en la fidelidad de Aquel que prometió nunca dejarte ni desampararte.
Conclusión y llamado
Tú eres mi fuerza no es solo una frase bonita: es un camino de confianza profunda, honesta y transformadora. Te desafío hoy a vivirla en cada paso: al despertar, al trabajar, al enfrentar aflicciones. RdeP

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