jueves, 16 de abril de 2026

Día litúrgico: Viernes II de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,1-15): En aquel tiempo, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia Él mucha gente, dice a Felipe: «¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?». Se lo decía para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco». Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».
Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente». Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda». Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente la señal que había realizado, decía: «Éste es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo». Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte Él solo.
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy vemos al gentío buscando a Jesús porque tienen necesidad de salud. En primer lugar, de salud física, corporal. Jesucristo no ahorra esfuerzos para curar sus enfermedades e, incluso, hace un gran milagro para remediar su hambre. No hay límites ni para el poder de Dios ni para su querer… Cinco mil hombres… Treinta mil personas…
—Pero el Maestro también les dirá que se esfuercen por el pan que lleva al cielo, es decir, la enseñanza que alimenta a nuestra alma.

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Descubre cómo el gusto amargo puede dar pistas sobre el envejecimiento…

Un equipo investigador, liderado por la Universitat Rovira i Virgili (URV) de Tarragona (España) ha descubierto que dos receptores del gusto amargo podrían tener un ‘papel clave’ en los procesos asociados al envejecimiento, informa la Universidad en un comunicado.
Publicado en la revista Journal of Nutritional Biochemistry, el estudio ha contado con la participación del Institut d'Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer (Idibaps), el Hospital Clínic y la Facultad de Farmacia y Ciencias de la Alimentación de la Universitat de Barcelona (UB).
La investigación compara la presencia de los receptores TAS2R5 y TAS2R38 en muestras de colon de dos grupos de mujeres y hombres sanos: uno joven (alrededor de 39 años) y otro de mayor edad (con una media de 64 años).
Se analizó la abundancia de los principales receptores del gusto amargo y se relacionó con analíticas clínicas y de consumo de compuestos fenólicos en sangre, y los investigadores seleccionaron los TAS2R5 y TAS2R38 como los receptores del gusto amargo ‘más relevantes’ y asociados con cambios metabólicos debidos a la edad.
¿Una relación clara?
Los resultados mostraron que, a medida que el organismo envejece, aumentan diversos biomarcadores metabólicos e inflamatorios en la sangre: entre los factores más diferenciadores se encontraron ácidos grasos poliinsaturados como DHA (ácido docosahexaenoico), varios tipos de lipoproteínas y los dos receptores TAS2R5 y TAS2R38.
Los elementos que mejor permitieron diferenciar entre las personas jóvenes y mayores fueron el DHA -un tipo de omega 3- y varias fracciones de lipoproteínas -grasas transportadas en la sangre-.
El receptor TAS2R5 se asoció con lipoproteínas, con la interleucina-6 (IL-6) -un marcador de inflamación- y con ácidos grasos poliinsaturados; y el TAS2R38 con la esfingomielina (una grasa que forma parte de las membranas celulares), la acetona (que se produce cuando el cuerpo quema grasas) y algunos ácidos omega.
Los resultados ponen de manifiesto que estos dos receptores pueden ayudar a entender mejor cómo se envejece y, dado que se encuentran en el intestino grueso, ‘a partir de su interacción con los alimentos y la microbiota del colon se pueden plantear aproximaciones para favorecer un envejecimiento más saludable’. BP

La conversación…

“Lo que no deja de dar vueltas”

Van hablando. Repiten lo ocurrido. Lo analizan. Lo cuestionan.

“Nosotros esperábamos…” Esa frase pesa. Porque no habla del pasado. Habla de lo que ya no fue.

Mientras camino, me doy cuenta: uno también carga conversaciones así. Internas. Silenciosas. Repetitivas.

Lo que salió mal. Lo que no entendí. Lo que no cerró.

Los discípulos no están rezando. Están tratando de entender.

Y en medio de esa conversación —tan humana, tan común— Cristo se acerca. No cuando todo está claro. Sino cuando todo está revuelto.

Cierre

Dios también entra en nuestras conversaciones inconclusas. RM

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Buenos días... 2026-105