martes, 27 de octubre de 2026

Día litúrgico: 28 de octubre: San Simón y san Judas, apóstoles

Texto del Evangelio (Lc 6,12-19): En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.
Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy, celebrando a esos dos apóstoles, destacamos dos cosas. Por un lado, aquella noche que Jesús pasó rezando por sus futuros elegidos. ¡Una noche entera! Pensemos: ¿cuántas noches Jesús habrá pasado rezando por mí? Porque en la Iglesia todos somos apóstoles (aquí no hay jugadores y espectadores: ‘todos’ jugamos la partida con Jesucristo).
—Por otro lado, impresiona ver en el mismo grupo de elegidos a un ‘partidario’ del Imperio Romano —Mateo— y, a la vez, a Simón, un ‘contrario’ al dominio romano. Dios llama a todos. Y ‘todos’ significa ‘todos’: ¡Dios es así!

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El café no da energía - Así engaña la cafeína a tu cerebro…

El café se ha convertido en el ritual de inicio de jornada para millones de personas. Sin embargo, la sensación de energía que produce no es real.
La divulgadora científica y experta en biomedicina Sandra Ortonobes (España), conocida en redes como La Hiperactina, lo explica: todo comienza con la adenosina, una molécula que se acumula en el cerebro a medida que permanecemos despiertos. Su función es avisar de que necesitamos dormir. La cafeína, con una estructura muy similar, se adelanta y ocupa esos receptores, bloqueando la señal de fatiga.
“Lo que ocurre es que tu cerebro deja de detectar el cansancio, aunque tu cuerpo siga agotado”, explica Ortonobes. El resultado es una falsa sensación de energía que, en realidad, es solo un disfraz temporal del cansancio acumulado.
Qué ocurre realmente en el cuerpo
Esta explicación coincide con lo recogido por el Consejo Europeo de Información sobre Alimentación (EUFIC). Según detalla, la cafeína al bloquear los receptores de adenosina, provoca la activación neuronal y la liberación de neurotransmisores como dopamina o norepinefrina. Ese cóctel químico es lo que genera la concentración y el estado de alerta que asociamos al café.
Pero no se trata de magia, sino de un efecto pasajero. La cafeína puede mantenerse activa durante unas 5 horas en el organismo. Al metabolizarse, la adenosina acumulada durante todo ese tiempo actúa de golpe, generando el conocido ‘bajón’ del café: cansancio repentino, falta de concentración o somnolencia.
Beneficios y límites del consumo
¿Significa esto que el café es perjudicial? No necesariamente. Según el EUFIC, un consumo moderado -hasta 400 mg de cafeína al día, equivalente a unas 4 tazas de café filtrado- puede integrarse en una dieta saludable y mejorar la concentración, el rendimiento físico o el estado de alerta.
El problema llega con el exceso o con personas especialmente sensibles, donde puede causar insomnio, nerviosismo o molestias digestivas. Además, la costumbre diaria puede generar dependencia, y suprimirla de golpe provoca síntomas como irritabilidad, fatiga o dolor de cabeza, tal como recoge una revisión en la revista Psychopharmacology. BP

Cuando Jesús toca tu puerta…

Desde hace siglos, las palabras de Jesús siguen resonando con fuerza: “Yo estoy a la puerta y llamo”. Esta imagen no es solo una frase bíblica; es una invitación personal, una llamada al corazón. Cada día, Él toca suavemente nuestra vida esperando una respuesta libre, sincera y amorosa.
En este mensaje reflexionaremos sobre cómo reconocer su voz, abrir nuestro corazón y vivir una relación más profunda con Dios. Aprenderás a:
·        Escuchar su llamado en medio del ruido cotidiano.
·        Superar los miedos que impiden abrir tu vida al cambio.
·        Experimentar una fe viva que transforma desde adentro.
·        Caminar cada día con propósito y esperanza renovada.
Este no es un texto para leer a la ligera. Es una conversación contigo —una oportunidad para detenerte y preguntarte: ¿qué harás cuando escuches a Jesús tocar tu puerta?
El cuadro y la puerta del corazón
Había un pintor que presentó una obra impresionante: un retrato de Jesús tocando suavemente la puerta de una casa. En la presentación, alguien se percató de algo curioso: la puerta no tenía cerradura.
El artista respondió usando las palabras de Apocalipsis 3:20: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”.
Así explicó que esa puerta representa el corazón humano: no hay cerrojo externo, sólo tú puedes abrirla desde el interior.
Este símbolo nos enseña tres verdades esenciales:
1.     Jesús llama con respeto – Él no entra forzando.
2.     La puerta solo se abre desde dentro – El cambio es personal.
3.     Es un momento decisivo – Podemos responder ahora.
¿Cómo reconocer la voz de Jesús?
Para responder al llamado “yo estoy a la puerta”, necesitas discernimiento espiritual. Aquí algunos pasos prácticos:
1. Silencia tu entorno
Escucha en calma, sin ruidos internos:
·        Apaga el teléfono.
·        Da un paseo en silencio.
·        Dedica unos minutos de contemplación.
Cuando callas, puedes distinguir su voz más fácilmente.
2. Evalúa lo que oyes
Jesús habla con claridad y amor. Algunas señales de su voz:
·        Mensajes de amor, perdón y paz.
·        Convicción de cambiar, no condena.
·        Empuje hacia la gratitud, no la culpa constante.
3. Confirma con la Escritura
Su voz nunca contradice la Palabra de Dios. Si algo te sugiere alejarte de sus enseñanzas, no es Él.
Obstáculos comunes para abrir la puerta
Aun cuando escuchas, pueden existir barreras:
·        Miedo al cambio
·        Culpa del pasado
·        Racionalismos (“no creo que eso funcione para mí”)
·        Influencia externa (opiniones o expectativas sociales)
Aquí una lista que puede ayudarte a identificarlos:
·        Sentimientos de indignidad
·        Resistencia interna
·        Distracciones constantes
·        Justicia propia en lugar de gracia
Para cada obstáculo, te propongo acciones prácticas:
 

Obstáculo

Acción práctica

Miedo

Confiesa ese temor en oración

Culpa

Recuerda que Cristo perdona completamente

Racionalismos

Haz pequeñas pruebas de fe

Opiniones externas

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Cómo abrir la puerta: pasos prácticos
Cuando decides responder al llamado “yo estoy a la puerta”, puedes actuar así:
1.     Ora con sinceridad: dile lo que llevas en el corazón.
2.     Confiesa tus errores, pecados u actitudes equivocadas.
3.     Invítalo a entrar: “Señor, entra en mi vida, en mi corazón.”
4.     Renuévate diariamente para mantener abierta esa puerta.
Vivir con Jesús adentro: beneficios reales
Abrir la puerta no es sólo un momento, sino un estilo de vida. Cuando permites que Jesús entre:
·        Cultivas una fe viva.
·        La oración se vuelve diálogo, no monólogo.
·        Experimentas paz genuina en medio de la crisis.
·        Nace un deseo de servir a otros.
Cómo mantener esa conexión
·        Lectura diaria de la Biblia.
·        Oración constante.
·        Comunidad espiritual (grupo o iglesia).
·        Confesión periódica y vulnerabilidad.
·        Actos de amor hacia otros.
Ejemplos bíblicos que reflejan este llamado
·        Zaqueo – al escuchar la voz de Jesús, se levantó y cambió su vida.
·        María Magdalena – reconoció al Señor en la mañana.
·        Nicodemo – buscó la puerta del conocimiento y del encuentro.
Cada historia muestra que el ‘abrir’ sucede con decisión personal.
¿Y tú? ¿Abrirás hoy?
Quizás estás leyendo esto y tu corazón aún está cerrado. Jesús sigue tocando. No importa lo que hayas hecho antes: su oferta permanece. Él no fuerza tu voluntad, pero te invita con ternura.
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo…”
Te invito a que lo escuches, que respondas y veas cómo su paz transforma lo cotidiano. RdeP

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