sábado, 12 de septiembre de 2026

Día litúrgico: Domingo XXIV (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 18,21-35): En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?». Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.
»Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía.
»Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy quedan claras las cosas: siempre hay que perdonar («hasta setenta veces siete»). Intenta multiplicar 7x7 unas 70 veces: ¡no podrás! Dios sí que puede (quizá por eso todavía no se ha cansado ni se cansará de nosotros). Si Dios te da un corazón grande te será más fácil perdonar. ¡Sepamos disculpar, que es mucho lo que debemos a Dios!
—El final de la parábola de hoy es trágico: el Padre celestial nos entregará al verdugo «si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano». ¡Quien no perdona se auto-incapacita para pedir y recibir perdón! ¡Trágico!

Solo para ti...

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Los alimentos ultraprocesados provocan conductas adictivas…

Los alimentos ultraprocesados pueden desencadenar conductas adictivas que cumplen los mismos criterios clínicos utilizados para diagnosticar trastornos por consumo de sustancias. Un estudio reciente publicado en Nature Medicine por científicos de la Universidad de Michigan (EE.UU.), que resumió la evidencia de casi 300 estudios realizados en 36 países de todo el mundo, confirma aún más esta afirmación: los alimentos ultraprocesados pueden alterar el sistema de recompensa del cerebro (desencadenando la liberación de dopamina), induciendo antojos, pérdida de control y consumo persistente, características clave de las adicciones.
El análisis
Los alimentos ultraprocesados incluyen productos industriales envasados como dulces, patatas fritas, cereales para el desayuno y platos preparados.
Estudios de neuroimagen (que muestran qué áreas del cerebro están activas) han revelado que las personas con consumo compulsivo de estos alimentos presentan alteraciones en los circuitos cerebrales sorprendentemente similares a las observadas en la adicción al alcohol y la cocaína, escribieron los científicos.
“La gente no se está volviendo adicta a las manzanas ni al arroz integral”, afirmó la autora principal del estudio, Ashley Gearhardt, profesora de psicología de la Universidad de Michigan. “Están luchando contra productos industriales diseñados específicamente para afectar al cerebro como una droga: de forma rápida, intensa y repetida”.
Los autores instan a las autoridades sanitarias, profesionales clínicos y legisladores a tomar medidas inmediatas, ya que la adicción a los alimentos ultraprocesados aún no ha recibido un reconocimiento preliminar, ni siquiera como una afección que merezca más estudios. “En otros casos, el estándar para reconocer la adicción ha sido mucho más bajo”, afirmó la coautora Erica LaFata, profesora asociada de investigación del Centro de Ciencias del Peso, la Alimentación y el Estilo de Vida de la Universidad de Drexel.
La adicción a la comida y a quién afecta
Una encuesta previa realizada por la Universidad de Michigan sobre envejecimiento saludable mostró que el 13% de los adultos estadounidenses (de entre 50 y 80 años) no podían dejar los alimentos procesados.
Los síntomas de ‘adicción’ descritos incluían antojos intensos, intentos fallidos de reducir el consumo y síntomas de abstinencia como irritabilidad, dificultad para concentrarse y dolores de cabeza.
“Alrededor del 16% de la población vive en un estado de dependencia a los alimentos ultraprocesados, lo que puede definirse como una adicción alimentaria”, confirma Stefano Erzegovesi, psiquiatra y nutricionista. “Desde un punto de vista nutricional, un alimento ‘inductor de efectos secundarios’ se caracteriza por la presencia, en proporciones abundantes y a menudo combinadas, de sal, azúcar y grasa”, explica el especialista, “y esto se aplica tanto a los alimentos dulces como a los salados”.
Cómo gestionar estos alimentos: no a las prohibiciones
Mientras esperamos las restricciones de los organismos reguladores, sobre todo considerando que el principal grupo objetivo del consumo de estos alimentos son los niños (que en los países desarrollados padecen obesidad y sobrepeso), ¿Qué comportamientos podemos adoptar para limitar su influencia?
“En general, para controlar los antojos de alimentos adictivos, no es necesario evitarlos por completo, sino consumirlos muy raramente y con moderación, para reconocer conscientemente que podemos evitarlos porque son empalagosos: obedecer una prohibición al pie de la letra a menudo conduce al problema contrario: los atracones”, señala Erzegovesi.
La regla de oro, más allá del consumo ocasional (como indica la pirámide de la dieta mediterránea), es hacerlo uno mismo. Los dulces y patatas fritas caseros, elaborados con ingredientes cuidadosamente seleccionados, medidos y controlados, son mejores que las opciones industriales. Y el paladar también se beneficia.
“En cuanto al segmento de la población que sufre de comer emocionalmente y adicción a la comida, lo importante es no juzgarse ni confundir la adicción a la comida con un vicio, ya que puede ser una patología. En algunos casos, es necesario buscar la atención de los mismos profesionales que tratan los trastornos alimentarios, es decir, un equipo multidisciplinar (médico, nutricionista, psicólogo)”, concluye el experto. BP

Tiempo y espacio para Dios…

La vida contemporánea nos somete al tiempo y nos vincula al espacio; al fin somos seres históricos, estamos en el ahí y en el ahora, somos ‘ser y tiempo’ como lo enseña Heidegger.

Pero parece que no tenemos tiempo para muchas cosas; aun agendando actividades, de manera imprevista, nos ‘agendan’ y vivimos  horas de frenética impaciencia.

En la posmodernidad, el ser humano, se ha convertido aparentemente en dueño y artífice de todo: la ciencia, la técnica, la economía, el trabajo, el transporte, propiciando una cultura del tener y de la prisa, de la noticia impactante momentánea y del olvido de lo esencial y de lo principal.

Dios tiene tiempo para nosotros de modo que ‘el tiempo ya es una dimensión de Dios’, -como lo afirmara san Juan Pablo II, por la encarnación del Verbo, Jesús.

El tiempo de Dios es tiempo para nosotros. Por supuesto desde el momento de la creación inicial del universo en su proceso cósmico hasta ahora nos acompaña como ser trascendente cuya acción permite mantenerla  en el ser toda la realidad  creada para que no retorne a la nada; el centro de la Historia, es la encarnación y la redención del Logos, Verbo de Dios, el Hijo de Dios y el Hijo de la Santísima Virgen María y su ‘adviento’ según el latín o en griego  ‘parusía’, o ‘venida’ en español; la primera palabra la hemos reservado como tiempo de preparación, de alegría y vigilancia ante la perspectiva de su primera venida. Ahí tenemos a los Profetas, particularmente en este tiempo previo a la Navidad, del profeta Isaías. Tiempo de gozosa espera.

El tiempo de consumación y final  de la Historia, lo llamamos ‘Parusía’, en preparación a la segunda venida del Salvador, que la hará con gran poder y majestad.

El tiempo de Adviento para la Navidad, nos ayuda como período anterior a la Parusía, como entretiempo, para aceptar la misericordia de Dios, para agendar un tiempo y un espacio para él y para los hermanos, los humanos, en ‘vigilante espera’, como nos señala el texto del Evangelio de san Marcos (13, 33-37).

Así podremos abrir nosotros el tiempo para la eternidad, por ese amor de comunión con Dios y con los humanos.

Con el primer domingo de Aviento, se inicia el Nuevo Año Litúrgico; le seguirán tres más.

El Señor del tiempo y de la eternidad, no se ha retirado de nosotros; por la Eucaristía él nos acompaña, está con nosotros y en medio de nosotros. Hacemos memoria de su venida, anunciamos su muerte y proclamamos su resurrección, invitándolo a que regrese cuando decimos ‘ven Señor Jesús’.

Hoy más que nunca le pedimos la Paz, al Príncipe de la Paz; que cese la violencia fratricida en Israel,-su tierra, en Ucrania y en México. Que muestre su Rostro y nos salve. Que en él nos convirtamos a la Paz.

Si Dios tiene un tiempo y un espacio para nosotros, busquemos el encuentro con él por la escucha de su Palabra, por la caridad efectiva y concreta para el hermano, con la jubilosa alabanza y con una profunda alegría, propia de los que se ‘alegran en Dios’, nuestro Salvador. PHCh

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