Una Luz en el Camino
Compartir, ayudar y motivar son las prioridades de este blog, tratando de iluminar el camino de nuestros semejantes con nuestra pequeña luz interior, basados en tres pilares fundamentales: "Respeto, Humildad y Honestidad"
domingo, 23 de agosto de 2026
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Una pregunta decisiva…
Nuestra
primera reacción puede ser encontrar rápidamente una respuesta doctrinal y
confesar de manera rutinaria que Jesús es el «Hijo de Dios encarnado», el
«Redentor» del mundo, el «Salvador» de la humanidad. Títulos todos ellos muy
solemnes y ortodoxos, sin duda, pero que pueden ser pronunciados sin contenido
vital alguno.
La
pregunta de Jesús no nos pide simplemente nuestra opinión. Nos interpela, sobre
todo, acerca de nuestra actitud ante él. Y esta no se refleja solo en nuestras
palabras, sino sobre todo en nuestro seguimiento concreto a él. Como ha escrito
algún teólogo: «La breve proposición: “Yo creo que Jesús es el Hijo de Dios”,
significa algo completamente distinto si la pronuncia Francisco de Asís o la
pronuncia uno de los actuales dictadores sudamericanos. El Dios de estos
hombres no es el mismo, o, al menos, el Dios al que cada uno invoca para
dirigir su conducta».
Las
palabras de Jesús piden una opción radical. O bien Jesús es para nosotros un
personaje más, junto a otros muchos de la historia, o bien es la Persona
decisiva que nos proporciona la comprensión última de la existencia, da la
orientación decisiva a nuestra vida y nos ofrece la esperanza definitiva.
La
pregunta «¿quién decís que soy yo?» cobra entonces un contenido nuevo. No es ya
una cuestión sobre Jesús, sino sobre nosotros mismos. ¿Quién soy yo? ¿En quién
creo? ¿Desde dónde oriento mi existencia? ¿A qué se reduce mi fe?
Todos
hemos de recordar una y otra vez que la fe no se identifica con las fórmulas
que pronunciamos. Para comprender mejor el alcance de «lo que yo creo» es
necesario verificar cómo vivo, a qué aspiro, en qué me comprometo.
Por eso, la pregunta de Jesús, más que un examen sobre nuestra ortodoxia, debería ser la llamada a un estilo de vida cristiano. Evidentemente no se trata de decir o creer cualquier cosa acerca de Cristo. Pero tampoco de hacer solemnes profesiones de fe ortodoxa para vivir luego muy lejos del espíritu que esa misma proclamación de fe exige y lleva consigo. JAP



