domingo, 23 de agosto de 2026

La Oración Dominical – 23 de Agosto…

Dios nos habla
·        “Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?» Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas». «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?» Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías” (Mt 16,13-20).
·        “¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos! «¿Quién penetró en el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser retribuido?» Porque todo viene de Él, ha sido hecho por Él, y es para Él. ¡A Él sea la gloria eternamente! Amén” (Rm 11,33-36).
·        “El Señor está en las alturas, pero se fija en el humilde y reconoce al orgulloso desde lejos” (Salmo 137).
Reflexión
¿Por qué Pedro es proclamado dichoso? Por haberlo confesado propiamente Hijo. No podemos conocer por otro medio al Hijo sino por el Padre, ni al Padre, sino por el mismo Hijo. Aquí tenemos palmaria-mente demostrada tanto la igualdad de honor, como la consustancialidad. ¿Y qué le respondió Cristo? Tú eres Simón, el hijo de Jonás; tú te llamarás Cefas… Te daré las llaves del reino de los cielos. ¿Qué significa ese te daré? Lo mismo que el Padre te ha dado capacidad para que me conocieras, así también yo te daré…
¿Cuáles son mayores: los dones que el Padre concede a Pedro o los que le otorga el Hijo? Porque el Padre le hace la revelación del Hijo; en cambio el Hijo le comisiona para que propague por todo el mundo tanto el conocimiento del Padre como el suyo propio, otorga a un hombre mortal todo poder en el cielo, al entregar las llaves a aquel que extendió la Iglesia por todo el orbe de la tierra, y mostró ser más firme que los cielos, pues dijo: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán(San Juan Crisóstomo, Homilía 54 sobre el evangelio de san Mateo (1-2). 
Nosotros le hablamos
·        “Daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma” (Salmo 137).
·        “Señor Dios, que unes a tus fieles en una sola voluntad; concédenos amar lo que mandas y esperar lo que prometes, para que, en la inestabilidad del mundo presente, nuestros corazones estén firmes donde se encuentra la alegría verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos” (Oración Colecta).
Nuestra vida cambia
·        ¿Agradezco a Dios el don de la fe?
·        ¿Recurro a su gracia y bondad para vivir y crecer en esa fe?

Día litúrgico: 24 de agosto: San Bartolomé, apóstol

Texto del Evangelio (Jn 1,45-51): En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: «Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret». Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?». Le dice Felipe: «Ven y lo verás». Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy celebramos san Bartolomé (Natanael), uno de los doce Apóstoles. ¡Cómo son las cosas! Natanael dio un buen patinazo hablando mal de Nazaret, el pueblo de la Virgen. Pero Jesús le acogió con la mayor amabilidad: «Ahí tenéis a un israelita de verdad». ¡Vaya elogio! ¡Así de amable es Dios! Natanael no conoce a Jesús: ni siquiera sabe dónde nació. En cambio, Jesús sí que le conoce a Natanael, ¡y a fondo!
—¡Buen consejo el de Felipe!: «Ven y lo verás»… Natanael fue, vio y se ‘rindió’: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Con muy poco se ‘rindió’ ante Dios. ¿Y tú? ¿Necesitas mucho?

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Desastres naturales, cómo prevenir las lesiones más comunes...

Un desastre natural no solo nos pone en riesgo por el fenómeno inicial. Muchas lesiones ocurren por lo que se cae, lo que se rompe, lo que pisamos, cómo evacuamos o por lo que hacemos después. Conocer estos riesgos te permitirá anticiparte y prevenir muchos problemas.
Cuando pensamos en un terremoto, una inundación o una tormenta fuerte, solemos preocuparnos por el fenómeno inicial… y tiene sentido. El movimiento de la tierra, el agua o el viento puede ser atemorizante.
Sin embargo, una parte importante del riesgo puede venir de algo menos impactante: una caída, un vidrio roto, un objeto que se desprende, un cable eléctrico o una mala decisión durante la evacuación. La buena noticia es que muchos de estos riesgos se pueden prevenir:
Caídas
Durante una emergencia podemos perder el equilibrio, correr en medio del caos o encontrarnos con pisos irregulares, mojados o llenos de objetos. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan:
Protegernos primero y desplazarnos cuando sea seguro. No intentar caminar ni correr mientras continúa el movimiento.
De ser posible, utilizar calzado resistente y con buen agarre, especialmente ante la presencia de vidrios y escombros, para reducir el riesgo de lesiones y favorecer un mejor equilibrio
Golpes, fracturas y lesiones
En estos casos es normal pensar en lesiones por escombros, pero lo cierto es que muchas veces el peligro se encuentra en materiales más simples, como televisores, estanterías, espejos, cuadros, bibliotecas, o electrodomésticos, que pueden desplazarse o caer durante un desastre natural.
Para prevenir esta situación, la Cruz Roja recomienda identificar estos elementos y asegurarlos previamente. Puede ser de ayuda mirar alrededor de tu hogar o lugar de trabajo durante unos segundos y preguntarte “Si todo empezara a moverse ahora mismo, ¿qué objeto me podría caer encima?”.
Cortes y heridas
Vidrios rotos, objetos punzantes, fragmentos de materiales y escombros pueden provocar cortes y heridas, especialmente durante la limpieza posterior. Por ello, se recomienda protegerse de ventanas y objetos que puedan caer durante el movimiento. Ya durante la limpieza, utilizar calzado cerrado y, si es necesario, protección para los ojos, la cabeza y las vías respiratorias.
En caso de sufrir cortes o heridas, se recomienda:
·        Limpiar las heridas inmediatamente con agua limpia y jabón
·        Cubrirlas con un vendaje limpio y seco
·        Consultar si se necesita protección antitetánica
·        Buscar atención si aparecen enrojecimiento, inflamación o secreción
Quemaduras y lesiones eléctricas
No siempre son consecuencia directa del fenómeno natural. También pueden producirse por los daños que este provoca. En muchos casos pueden ocurrir por:
·        Usar fósforos o generar chispas frente a una fuga de gas
·        Utilizar instalaciones eléctricas dañadas
·        Usar velas en lugar de linternas
·        Circular por zonas con agua en contacto con electricidad
Otras medidas de prevención
Ser precavido es fundamental para prevenir este tipo de lesiones. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) propone considerar otras medidas de prevención:
·        Prepara lo necesario para no exponerte después: Botiquín, agua, linterna, medicamentos, documentación, calzado resistente, etc.
·        Hazte alguna de estas preguntas: ¿Hay muebles pesados que puedan caer? ¿Cuál es el lugar más seguro de la casa o del lugar de trabajo? ¿Tienes linterna, botiquín y calzado resistente fácilmente accesibles?
·        Practica qué hacer: se recomienda realizar simulacros y conocer previamente los lugares seguros y las rutas de evacuación
·        Mantener a mano los números de teléfono de urgencia: defensa civil, ambulancia, hospitales, departamento de bomberos, policía, etc.
No podemos evitar que ocurra una catástrofe. Pero sí podemos reducir las posibilidades de que nos lastime.
Saber dónde protegernos, asegurar aquello que puede caer, tener preparado lo necesario y evitar riesgos durante la limpieza puede marcar una diferencia cuando cada segundo cuenta. CdeB

Una pregunta decisiva…

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Esta pregunta de Jesús no está dirigida solo a sus primeros seguidores. Es la cuestión fundamental a la que hemos de responder siempre los que nos confesamos cristianos.

Nuestra primera reacción puede ser encontrar rápidamente una respuesta doctrinal y confesar de manera rutinaria que Jesús es el «Hijo de Dios encarnado», el «Redentor» del mundo, el «Salvador» de la humanidad. Títulos todos ellos muy solemnes y ortodoxos, sin duda, pero que pueden ser pronunciados sin contenido vital alguno.

La pregunta de Jesús no nos pide simplemente nuestra opinión. Nos interpela, sobre todo, acerca de nuestra actitud ante él. Y esta no se refleja solo en nuestras palabras, sino sobre todo en nuestro seguimiento concreto a él. Como ha escrito algún teólogo: «La breve proposición: “Yo creo que Jesús es el Hijo de Dios”, significa algo completamente distinto si la pronuncia Francisco de Asís o la pronuncia uno de los actuales dictadores sudamericanos. El Dios de estos hombres no es el mismo, o, al menos, el Dios al que cada uno invoca para dirigir su conducta».

Las palabras de Jesús piden una opción radical. O bien Jesús es para nosotros un personaje más, junto a otros muchos de la historia, o bien es la Persona decisiva que nos proporciona la comprensión última de la existencia, da la orientación decisiva a nuestra vida y nos ofrece la esperanza definitiva.

La pregunta «¿quién decís que soy yo?» cobra entonces un contenido nuevo. No es ya una cuestión sobre Jesús, sino sobre nosotros mismos. ¿Quién soy yo? ¿En quién creo? ¿Desde dónde oriento mi existencia? ¿A qué se reduce mi fe?

Todos hemos de recordar una y otra vez que la fe no se identifica con las fórmulas que pronunciamos. Para comprender mejor el alcance de «lo que yo creo» es necesario verificar cómo vivo, a qué aspiro, en qué me comprometo.

Por eso, la pregunta de Jesús, más que un examen sobre nuestra ortodoxia, debería ser la llamada a un estilo de vida cristiano. Evidentemente no se trata de decir o creer cualquier cosa acerca de Cristo. Pero tampoco de hacer solemnes profesiones de fe ortodoxa para vivir luego muy lejos del espíritu que esa misma proclamación de fe exige y lleva consigo. JAP

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