Una Luz en el Camino
Compartir, ayudar y motivar son las prioridades de este blog, tratando de iluminar el camino de nuestros semejantes con nuestra pequeña luz interior, basados en tres pilares fundamentales: "Respeto, Humildad y Honestidad"
domingo, 1 de noviembre de 2026
Día litúrgico: 2 de noviembre: Conmemoración de todos los fieles difuntos
Universo literario - No quiero pensar...
Orquesta sinfónica cinematográfica - Canción de amor inspirada en John Williams, Gustav Mahler y Hans Zimmer (Vol. 5)...
Christina Averie - Que Fueras Tú - Una Balada de Amor que Toca el Alma...
Un debate abierto, el uso infantil de la melatonina para conciliar el sueño…
Es bueno creer…
A
menudo se piensa que la fe es algo que tiene que ver con la salvación eterna
del ser humano, pero no con la felicidad concreta de cada día, que es lo que
ahora mismo nos interesa. Más aún. Hay quienes sospechan que sin Dios y sin
religión seríamos más dichosos. Por eso es saludable recordar algunas
convicciones cristianas que han podido quedar olvidadas o encubiertas por una
presentación desacertada o insuficiente de la fe. He aquí algunas.
Dios
nos ha creado solo por amor, no para su propio provecho o pensando en su
interés, sino buscando nuestra dicha. A Dios lo único que le interesa es
nuestro bien.
Dios
quiere nuestra felicidad no solo a partir de la muerte, en lo que llamamos
«vida eterna», sino ahora mismo, en esta vida. Por eso está presente en nuestra
existencia potenciando nuestro bien, nunca nuestro daño.
Dios
respeta las leyes de la naturaleza y la libertad del ser humano. No fuerza ni
la libertad humana ni la creación. Pero está junto a nosotros apoyando nuestra
lucha por una vida más humana y atrayendo nuestra libertad hacia el bien. Por
eso, en cada momento contamos con la gracia de Dios para ser lo más dichosos
posible.
La
moral no consiste en cumplir unas leyes impuestas arbitrariamente por Dios. Si
él quiere que escuchemos las exigencias morales que llevamos dentro del corazón
es porque su cumplimiento es bueno para nosotros. Dios no prohíbe lo que es
bueno para el ser humano ni obliga a lo que puede ser dañoso. Solo quiere
nuestro bien.
Convertirse
a Dios no significa decidirse por una vida más infeliz y fastidiosa, sino
orientar la propia libertad hacia una existencia más humana, más sana y, en
definitiva, más dichosa, aunque ello exija sacrificios y renuncia. Ser feliz
siempre tiene sus exigencias.
Ser
cristiano es aprender a «vivir bien» siguiendo el camino abierto por Jesús. Las
bienaventuranzas son el núcleo más significativo y «escandaloso» de ese camino.
Hacia la felicidad se camina con corazón sencillo y transparente, con hambre y
sed de justicia, trabajando por la paz con entrañas de misericordia, soportando
el peso del camino con mansedumbre. Este camino diseñado en las
bienaventuranzas lleva a conocer ya en esta tierra la felicidad vivida y
experimentada por el mismo Jesús. JAP



