Una Luz en el Camino
Compartir, ayudar y motivar son las prioridades de este blog, tratando de iluminar el camino de nuestros semejantes con nuestra pequeña luz interior, basados en tres pilares fundamentales: "Respeto, Humildad y Honestidad"
domingo, 4 de octubre de 2026
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El peligro de ahogar la voz de los profetas…
Cuando
el año 70 las tropas romanas destruyeron Jerusalén y el pueblo judío
desapareció como nación, los cristianos hicieron una lectura terrible de este
trágico hecho. Israel, aquel pueblo tan querido por Dios, no ha sabido
responder a sus llamadas. Sus dirigentes religiosos han ido matando a los
profetas enviados por él; han crucificado, por último, a su propio Hijo. Ahora,
Dios los abandona y permite su destrucción: Israel será sustituido por la
Iglesia cristiana.
Así
leían los primeros cristianos la parábola de los «viñadores homicidas»,
dirigida por Jesús a los sumos sacerdotes de Israel. Los labradores encargados
de cuidar la «viña del Señor» van matando uno tras otro a los criados que él les
envía para recoger los frutos. Por último matan también al hijo del
propietario, con la intención de suprimir al heredero y quedarse con la viña.
El señor no puede hacer otra cosa que darles muerte y entregar su viña a otros
labradores más fieles.
Esta
parábola no fue recogida por los evangelistas para alimentar el orgullo de la
Iglesia, nuevo Israel, frente al pueblo judío, derrotado por Roma y dispersado
por todo el mundo. La preocupación era otra: ¿le puede suceder a la Iglesia
cristiana lo mismo que le sucedió al antiguo Israel? ¿Puede defraudar las
expectativas de Dios? Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, ¿qué
caminos seguirá Dios para llevar a cabo sus planes de salvación?
El
peligro siempre es el mismo. Israel se sentía seguro: tenían las Escrituras
Sagradas; poseían el templo; se celebraba escrupulosamente el culto; se
predicaba la Ley; se defendían las instituciones. No parecía necesario nada
nuevo. Bastaba conservarlo todo en orden. Es lo más peligroso que le puede
suceder a una religión: que se ahogue la voz de los profetas y que los
sacerdotes, sintiéndose los dueños de la «viña del señor», quieran
administrarla como propiedad suya.
Es
también nuestro peligro. Pensar que la fidelidad de la Iglesia está garantizada
por pertenecer a la Nueva Alianza. Sentirnos seguros por tener a Cristo en
propiedad. Sin embargo, Dios no es propiedad de nadie. Su viña le pertenece
solo a él. Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, Dios seguirá
abriendo nuevos caminos de salvación. JAP



