Una Luz en el Camino
Compartir, ayudar y motivar son las prioridades de este blog, tratando de iluminar el camino de nuestros semejantes con nuestra pequeña luz interior, basados en tres pilares fundamentales: "Respeto, Humildad y Honestidad"
domingo, 12 de julio de 2026
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Sembrar…
Tradicionalmente,
los cristianos nos hemos fijado casi exclusivamente en los terrenos en que cae
la semilla, para revisar cuál es nuestra actitud al escuchar el Evangelio. Sin
embargo es importante prestar atención al sembrador y a su modo de sembrar.
Es
lo primero que dice el relato: “Salió el sembrador a sembrar”. Lo hace con una
confianza sorprendente. Siembra de manera abundante. La semilla cae y cae por
todas partes, incluso donde parece difícil que la semilla pueda germinar. Así
lo hacían los campesinos de Galilea, que sembraban incluso al borde de los
caminos y en terrenos pedregosos.
A
la gente no le es difícil identificar al sembrador. Así siembra Jesús su
mensaje. Lo ven salir todas las mañanas a anunciar la Buena Noticia de Dios.
Siembra su Palabra entre la gente sencilla que lo acoge, y también entre los
escribas y fariseos que lo rechazan. Nunca se desalienta. Su siembra no será
estéril.
Desbordados
por una fuerte crisis religiosa, podemos pensar que el Evangelio ha perdido su
fuerza original y que el mensaje de Jesús ya no tiene garra para atraer la
atención del hombre o la mujer de hoy. Ciertamente, no es el momento de
‘cosechar’ éxitos llamativos, sino de aprender a sembrar sin desalentarnos, con
más humildad y verdad.
No
es el Evangelio el que ha perdido fuerza humanizadora, somos nosotros los que
lo estamos anunciando con una fe débil y vacilante. No es Jesús el que ha
perdido poder de atracción. Somos nosotros los que lo desvirtuamos con nuestras
incoherencias y contradicciones.
El
Papa Francisco decía, que cuando un cristiano no vive una adhesión fuerte a
Jesús, “pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite,
le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada,
segura, enamorada, no convence a nadie”.
Evangelizar
no es propagar una doctrina, sino hacer presente en medio de la sociedad y en
el corazón de las personas la fuerza humanizadora y salvadora de Jesús. Y esto
no se puede hacer de cualquier manera. Lo más decisivo no es el número de
predicadores, catequistas y enseñantes de religión, sino la calidad evangélica
que podamos irradiar los cristianos. ¿Qué contagiamos? ¿Indiferencia o fe
convencida? ¿Mediocridad o pasión por una vida más humana? JAP



