domingo, 21 de junio de 2026

Día litúrgico: Lunes XII (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 7,1-5): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: ‘Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy seguimos escuchando el Sermón de Jesús. Ahora nos recomienda no precipitarnos al hablar de los demás. ¡Fácilmente los machacamos ‘dictando sentencia’! Es lamentable, sobre todo considerando que nuestro conocimiento de las personas es muy limitado. No así la mirada de Dios, que lo conoce todo de todas las almas y alaba lo más positivo de ellas.
—Otra manera fácil de ‘esconder’ mis defectos es hablar (incluso exagerar) los defectos de otros. «Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano». —Jesús, quisiera ver con tus ojos misericordiosos.

La Oración Dominical – 21 de Junio…

Dios nos habla
·        “Jesús dijo a sus apóstoles: No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno. ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre de ustedes que está en el cielo. También ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo los reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres” (Mt 10,26-33).
·        “Dijo el profeta Jeremías: Oía los rumores de la gente: «¡Terror por todas partes! ¡Denúncienlo! ¡Sí, lo denunciaremos!» Hasta mis amigos más íntimos acechaban mi caída: «Tal vez se lo pueda seducir; prevaleceremos sobre él y nos tomaremos nuestra venganza». Pero el Señor está conmigo como un guerrero temible: por eso mis perseguidores tropezarán y no podrán prevalecer; se avergonzarán de su fracaso” (Jer 20,11ss). 
Reflexión
“Si mediante la señal de la cruz y la fe en Cristo conculcamos la muerte, habrá que concluir, a juicio de la verdad, que es Cristo y no otro quien ha conseguido la palma y el triunfo sobre la muerte, reduciéndola casi a la impotencia. Si además añadimos que la muerte —antes prepotente y, en consecuencia, terrible—, es despreciada a raíz de la venida del Salvador, de su muerte corporal y de su resurrección, es lógico deducir que la muerte fue aniquilada y vencida por Cristo, al ser él izado en la cruz” (San Atanasio de Alejandría, Tratado sobre la encarnación del Verbo).
Nosotros le hablamos
·        “Mi oración sube hasta ti, Señor, en el momento favorable: respóndeme, Dios mío, por tu gran amor, sálvame, por tu fidelidad” (Salmo 68).
·        “Concédenos, Señor y Dios nuestro, vivir siempre en el amor y respeto a tu santo nombre, ya que en tu providencia nunca abandonas a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos” (Oración Colecta). 
Nuestra vida cambia
·        ¿Recurrimos confiadamente a Dios ante nuestros temores? ¿Los ponemos en sus manos?
·        ¿Vivimos en el amor de Dios, que nunca nos abandona?

Cuando el corazón se calma - Piano, violín, violonchelo y arpa - Música instrumental emotiva para la calma...

Giovanni Marradi - Papá...

¿Tuviste un infarto? Claves para evitar nuevos eventos cardiovasculares…

Sobrevivir a un infarto no significa estar fuera de peligro: hasta 1 de cada 5 personas sufre un nuevo evento cardiovascular en los cinco años posteriores, si no se toman medidas activas para prevenirlo.
Se estima que el riesgo de problemas cardíacos graves es al menos 30% mayor en quienes ya tuvieron un infarto, y puede mantenerse elevado de por vida si no se aplican estrategias efectivas de prevención secundaria.
Esto se debe a que el corazón queda más vulnerable: las arterias ya mostraron signos de enfermedad, y pueden seguir acumulando placa si no se adoptan cambios sostenidos en el estilo de vida y el tratamiento médico.
Estudios como el EUROASPIRE V (2019) revelan que, pese a la disponibilidad de tratamientos eficaces, una gran proporción de pacientes no logra controlar adecuadamente sus factores de riesgo. Las razones son múltiples: desde la falta de adherencia a la medicación y barreras estructurales como el acceso desigual a la rehabilitación o al seguimiento cardiológico, hasta sedentarismo o alimentación inadecuada.
La buena noticia es que muchas de estas amenazas pueden reducirse. Estas son algunas acciones clave que ayudan a prevenir nuevos eventos:
Seguir el tratamiento farmacológico sin interrupciones
Medicamentos como antiplaquetarios, estatinas, betabloqueantes y otros fármacos protectores del corazón son fundamentales después de un infarto. Según el perfil de cada paciente, el cardiólogo puede sumar terapias nuevas, como los inhibidores de PCSK9 (para el colesterol) o los del SGLT2 (si hay diabetes o insuficiencia cardíaca). Lo importante es tomarlos tal como lo indique el médico y nunca suspenderlos sin indicación profesional.
Controlar los factores de riesgo cardiovascular
Presión arterial elevada, colesterol alto y glucemia fuera de rango son amenazas silenciosas pero serias. Incluso en personas sin diabetes diagnosticada, la hiperglucemia puede incrementar el riesgo cardiovascular.
Por eso, además de la medicación, es esencial realizar cambios en el estilo de vida para mantener estos niveles saludables: incorporar una alimentación equilibrada, dejar de fumar y evitar el sedentarismo.
Participar en programas de rehabilitación cardíaca
Está demostrado que participar en este tipo de actividades, que incluye ejercicio supervisado, educación, control emocional y hábitos saludables, reduce significativamente el riesgo de nuevos eventos cardiovasculares tras un infarto.
Hacer actividad física adaptada
Moverse todos los días mejora la función cardíaca y reduce la inflamación vascular. Caminar, nadar o pedalear son actividades beneficiosas, pero deben adaptarse al estado de cada persona. La prescripción de ejercicio debe ser progresiva y supervisada por un equipo de salud.
Atender la salud mental
Tras un infarto, no es raro sentir ansiedad, depresión o miedo. Estas emociones pueden afectar la recuperación y la adherencia a los tratamientos. Identificarlas y pedir ayuda
profesional no solo mejora la calidad de vida, sino que también reduce el riesgo de recurrencias.
Usar herramientas digitales para el seguimiento
Existen aplicaciones que ayudan a recordar la medicación, monitorear la presión arterial, registrar la actividad física o comunicarse con el equipo médico.
Prevenir nuevos eventos cardiovasculares no depende solo de una medicación: requiere un enfoque integral, sostenido y adaptado a cada persona. La prevención secundaria es una inversión en años y calidad de vida.
Recuerda: Si tuviste un infarto, cada acción que tomes para proteger a tu corazón cuenta. CdeB

Liberar del miedo a nuestras comunidades…

Las fuentes cristianas presentan a Jesús dedicado a liberar a la gente del miedo. Le apenaba ver a las personas aterrorizadas por el poder de Roma, intimidadas por las amenazas de los maestros de la ley, distanciadas de Dios por el miedo a su ira, culpabilizadas por su poca fidelidad a la ley. De su corazón, lleno de Dios, solo podía brotar un deseo: «No tengáis miedo». Son palabras de Jesús que se repiten una y otra vez en los evangelios. Las que más se deberían repetir también hoy en su Iglesia.
El miedo se apodera de nosotros cuando en nuestro corazón crece la desconfianza, la inseguridad o la falta de libertad interior. Este miedo es el problema central del ser humano, y solo nos podemos liberar de él arraigando nuestra vida en un Dios que solo busca nuestro bien.
Así lo veía Jesús. Por eso se dedicó, antes que nada, a despertar la confianza en el corazón de las personas. Su fe profunda y sencilla era contagiosa: si Dios cuida con tanta ternura de los gorriones del campo, los pájaros más pequeños de Galilea, ¿cómo no va a cuidar de vosotros? Para Dios sois más importantes y queridos que todos los pájaros del cielo. Un cristiano de la primera generación recogió bien su mensaje: «Descargad en Dios todo agobio, que a él le interesa vuestro bien».
Con qué fuerza hablaba Jesús a cada enfermo: «Ten fe. Dios no se ha olvidado de ti». Con qué alegría los despedía cuando los podía ver curados: «Vete en paz. Vive bien». Era su gran deseo. Que la gente viviera con paz, sin miedos ni angustias: «No os juzguéis, no os condenéis mutuamente, no os hagáis daño. Vivid de manera amistosa».
Son muchos los miedos que hacen sufrir en secreto a las personas. El miedo hace daño, mucho daño. Donde crece el miedo se pierde de vista a Dios y se ahoga la bondad que hay en el corazón de las personas. La vida se apaga, la alegría desaparece.
Una comunidad de seguidores de Jesús ha de ser, antes que muchas otras cosas, un lugar donde la gente se libera de sus miedos y aprende a vivir confiando en Dios. Una comunidad donde se respira una paz contagiosa y se vive una amistad entrañable que hacen posible escuchar hoy la llamada de Jesús: «No tengáis miedo». JAP

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