domingo, 19 de abril de 2026

Día litúrgico: Lunes III (A) de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,22-29): Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos le vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.
Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy la gente busca a Jesús. Poco antes, el Señor les ha dado de comer a todos: a partir de algunos panes y peces, ha saciado el hambre de muchos miles de hombres, mujeres y niños. ¡Todos le buscan! Pero ahora Jesucristo les habla del ‘pan para la vida eterna’. ¿Qué es este pan? Jesús se refería a la Eucaristía y a la Comunión…
—Pero, sobre todo, lo que nos alimenta, lo que nos hace crecer de verdad, es amar y obedecer a Dios.

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Esta podría ser la terapia más eficaz para el cáncer de mama hereditario y agresivo…

Los cánceres de mama con copias defectuosas de los genes BRCA1 y BRCA2 son difíciles de tratar, se conocieron más cuando la actriz Angelina Jolie, portadora del gen BRCA1, se sometió a una doble mastectomía preventiva en 2013.
El tratamiento estándar actual consiste en reducir el tamaño del tumor mediante quimioterapia e inmunoterapia, antes de extirparlo quirúrgicamente. Los tres primeros años tras la cirugía son un periodo crítico, en el que existe el mayor riesgo de recaída o muerte.
El ensayo Partner desarrollado por investigadores de la Universidad de Cambridge y el Hospital Addenbrooke (Reino Unido) adoptó un enfoque diferente y demuestra dos innovaciones: la adición de olaparib y quimioterapia antes de la cirugía, y los beneficios de un calendario cuidadoso de cuándo se administran los tratamientos a los pacientes. El ensayo reclutó a pacientes de 23 centros del Sistema Nacional de Salud de todo el Reino Unido.
Los autores creen que sus resultados podrían aplicarse a otros cánceres causados por copias defectuosas de los genes BRCA, como algunos de ovario, próstata y páncreas.
«Es poco frecuente que en un estudio como éste y para estos tipos de cáncer tan agresivos se alcance una tasa de supervivencia del 100%. Estamos increíblemente entusiasmados con el potencial de este nuevo enfoque, ya que es crucial que encontremos una manera de tratar y, con suerte, curar a los pacientes que son diagnosticados con cánceres relacionados con BRCA1 y BRCA2», destacó Jean Abraham, director del ensayo.
Para Mark O'Connor, de AstraZeneca, el ensayo Partner pone de relieve «la importancia de detectar y tratar el cáncer precozmente, así como el valor de la ciencia innovadora a la hora de informar el diseño de los ensayos clínicos, en este caso utilizando células madre de médula ósea para identificar el calendario de brechas de combinación. Aunque los resultados deben ser validados en un estudio más amplio, son increíblemente emocionantes, y tienen el potencial de transformar los resultados para las poblaciones de pacientes que tienen necesidades clínicas insatisfechas».
«Una de las mejores maneras de vencer antes al cáncer es utilizar con mayor eficacia los tratamientos de que ya disponemos», señaló Michelle Mitchell, de Cancer Research UK. BP

Recordar más a Jesús…

El relato de los discípulos de Emaús nos describe la experiencia vivida por dos seguidores de Jesús mientras caminan desde Jerusalén hacia la pequeña aldea de Emaús, a ocho kilómetros de distancia de la capital. El narrador lo hace con tal maestría que nos ayuda a reavivar también hoy nuestra fe en Cristo resucitado.

Dos discípulos de Jesús se alejan de Jerusalén abandonando el grupo de seguidores que se ha ido formando en torno a él. Muerto Jesús, el grupo se va deshaciendo. Sin él no tiene sentido seguir reunidos. El sueño se ha desvanecido. Al morir Jesús muere también la esperanza que había despertado en sus corazones. ¿No está sucediendo algo de esto en nuestras comunidades? ¿No estamos dejando morir la fe en Jesús?

Sin embargo, estos discípulos siguen hablando de Jesús. No lo pueden olvidar. Comentan lo sucedido. Tratan de buscar algún sentido a lo que han vivido junto a él. «Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos. ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a tantos creyentes que abandonan la Iglesia, pero lo siguen recordando?

La intención del narrador es clara: Jesús se acerca cuando los discípulos lo recuerdan y hablan de él. Se hace presente allí donde se comenta su Evangelio, donde hay interés por su mensaje, donde se conversa sobre su estilo de vida y su proyecto. ¿No está Jesús tan ausente entre nosotros porque hablamos poco de él?

Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Conversando con él irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior. Es así. Si en la Iglesia hablamos más de Jesús y conversamos más con él, nuestra fe revivirá.

Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel «desconocido» se quede con ellos. Al celebrar la cena eucarística se les abren los ojos y lo reconocen: ¡Jesús está con ellos alimentando su fe!

Los cristianos hemos de recordar más a Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto. Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en nuestras eucaristías. Jesús no está ausente. Camina junto a nosotros. JAP

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