domingo, 12 de julio de 2026

Universo literario - El burka...

Día litúrgico: Lunes XV (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 10,34--11,1): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él.
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa».
Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy escuchamos varias enseñanzas de Jesús. Todas ellas tienen en común un aspecto: el Señor pide una respuesta radical. ¿Estará Dios exagerando? ¡No! Jesucristo no es un loco que acaba muriendo en una cruz por ser exagerado. El amor nunca es exagerado y, en cambio, siempre es radical. El amor no deja a nadie ‘indiferente’.
—¿Crees que es posible amar sin ‘despeinarse’? ¡Espada contra mis comodidades; paz para los demás! Entonces, ¿te sorprende ver a Cristo en la Cruz?

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El sencillo acto que podemos hacer para prevenir el Alzheimer...

La enfermedad de Alzheimer constituye la forma más frecuente de demencia y abarca entre el 60 y el 70% de los casos. Según la OMS, se trata de una de las principales causas de discapacidad y dependencia en adultos mayores. En 2021, más de 57 millones de personas vivían con demencia en el mundo, y se proyecta que esa cifra podría ascender a 139 millones para 2050.
Según los expertos, las intervenciones preventivas son una de las herramientas claves para enfrentar este problema a futuro. En este marco, está comprobado que existen 14 factores de riesgo a evitar, lo que podría reducir en un 45% los casos de esta enfermedad neurodegenerativa.
Pero, según un estudio publicado en BMC Medicine, hay algo más que podemos hacer para prevenir el Alzheimer: dormir. El sueño profundo podría prevenir el deterioro de la salud cerebral que eventualmente puede conducir al Alzheimer.
“Piense en el sueño profundo casi como una balsa salvavidas que mantiene la memoria a flote, en lugar de que la memoria sea arrastrada por el peso de la enfermedad de Alzheimer”, dijo Matthew Walker (neurocientífico de la Universidad de California (UC) Berkeley (EE.UU), uno de los autores del estudio.
En el estudio realizado con 62 adultos mayores cognitivamente sanos, investigadores de las universidades de California en Berkeley e Irvine y de la Universidad de Stanford observaron que quienes presentaban cambios cerebrales vinculados al Alzheimer obtenían mejores resultados en pruebas de memoria cuando lograban un sueño profundo prolongado. Este efecto fue independiente de otros factores asociados a la resiliencia cognitiva en la vejez, como la actividad física, la educación o la interacción social.
Por el contrario, las personas con indicadores similares de Alzheimer que no alcanzaban fases profundas de sueño mostraron un rendimiento más bajo. En quienes tenían escasos depósitos cerebrales relacionados con la enfermedad, el sueño no tuvo un impacto significativo. Los hallazgos sugieren que un descanso profundo podría ayudar a mitigar el deterioro de la memoria en las etapas iniciales de la demencia.
El estudio se hace eco de investigaciones anteriores que han encontrado una acumulación de proteínas beta amiloide en los cerebros de personas con apnea del sueño. Sin embargo, la falta de sueño es tanto un factor de riesgo como un síntoma de la enfermedad de Alzheimer, lo que dificulta distinguir causa y efecto.
Se requieren investigaciones a más largo plazo en adultos mayores para evaluar si mantener un sueño profundo sostenido durante varios años contribuye a preservar la función cognitiva, incluso frente al aumento de los niveles de beta amiloide, causa del Alzheimer. Este trabajo se suma a una creciente evidencia que identifica al sueño como un posible factor de riesgo modificable en la enfermedad de Alzheimer, al permitir que el cerebro elimine residuos moleculares acumulados durante el día. También destaca la relevancia de la calidad del descanso en la salud cerebral.
“Por lo tanto, representa una posibilidad de intervención que puede contribuir a la preservación de la función cognitiva frente a la enfermedad de Alzheimer, tanto en el momento presente como longitudinalmente”, concluyeron los investigadores.
Cómo lograr un sueño profundo
La Fundación del Sueño de Estados Unidos recomienda dormir de 7 a 9 horas cada noche. El insomnio puede ser un problema frecuente, con dificultades para conciliar o mantener el sueño al menos tres veces por semana. Su manejo incluye buenos hábitos al acostarse, terapia cognitivo-conductual y uso de medicación asesorado por un profesional, si es que corresponde. Los trastornos del movimiento también afectan el sueño. El síndrome de piernas inquietas produce sensaciones molestas que mejoran al moverse. El trastorno del movimiento periódico de las extremidades genera sacudidas involuntarias; mientras que el de conducta del sueño REM hace que la persona actúe sus sueños.
¿Cómo dormir mejor?
The National Institutes of Health (NIH) brindó las siguientes estrategias para una mejor calidad del sueño:
• Seguir un horario regular, acostarse y levantarse a la misma hora todos los días, incluso los fines de semana o al viajar.
• Establecer una rutina para la hora de dormir. Buscar maneras de relajarse antes de acostarse cada noche. Leer un libro, escuchar música relajante o darse un baño caliente.
• Hacer que la habitación sea cómoda para dormir y mantener la temperatura ni demasiado caliente ni demasiado fría.
• Hacer ejercicio con regularidad, pero evitar hacerlo dentro de las 3 horas previas a la hora de acostarse.
• Evitar tomar siestas al final de la tarde o por la noche.
• Evitar consumir cafeína a última hora del día, ya que puede dificultar el sueño. Entre los productos a evitar se incluyen café, té, chocolate y refrescos.
• Evitar beber alcohol, incluso en pequeñas cantidades.
• No mirar televisión ni usar computadora, teléfono celular o tableta en el dormitorio.
• Evitar comer comidas copiosas dos o tres horas antes de acostarse y evitar beber grandes cantidades de líquido al final del día.
• Consultar con un médico si existen dificultades para dormir. BP

Sembrar…

Al terminar el relato de la parábola del sembrador, Jesús hace esta llamada: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. Se nos pide que prestemos mucha atención a la parábola. Pero, ¿en qué hemos de reflexionar? ¿En el sembrador? ¿En la semilla? ¿En los diferentes terrenos?

Tradicionalmente, los cristianos nos hemos fijado casi exclusivamente en los terrenos en que cae la semilla, para revisar cuál es nuestra actitud al escuchar el Evangelio. Sin embargo es importante prestar atención al sembrador y a su modo de sembrar.

Es lo primero que dice el relato: “Salió el sembrador a sembrar”. Lo hace con una confianza sorprendente. Siembra de manera abundante. La semilla cae y cae por todas partes, incluso donde parece difícil que la semilla pueda germinar. Así lo hacían los campesinos de Galilea, que sembraban incluso al borde de los caminos y en terrenos pedregosos.

A la gente no le es difícil identificar al sembrador. Así siembra Jesús su mensaje. Lo ven salir todas las mañanas a anunciar la Buena Noticia de Dios. Siembra su Palabra entre la gente sencilla que lo acoge, y también entre los escribas y fariseos que lo rechazan. Nunca se desalienta. Su siembra no será estéril.

Desbordados por una fuerte crisis religiosa, podemos pensar que el Evangelio ha perdido su fuerza original y que el mensaje de Jesús ya no tiene garra para atraer la atención del hombre o la mujer de hoy. Ciertamente, no es el momento de ‘cosechar’ éxitos llamativos, sino de aprender a sembrar sin desalentarnos, con más humildad y verdad.

No es el Evangelio el que ha perdido fuerza humanizadora, somos nosotros los que lo estamos anunciando con una fe débil y vacilante. No es Jesús el que ha perdido poder de atracción. Somos nosotros los que lo desvirtuamos con nuestras incoherencias y contradicciones.

El Papa Francisco decía, que cuando un cristiano no vive una adhesión fuerte a Jesús, “pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”.

Evangelizar no es propagar una doctrina, sino hacer presente en medio de la sociedad y en el corazón de las personas la fuerza humanizadora y salvadora de Jesús. Y esto no se puede hacer de cualquier manera. Lo más decisivo no es el número de predicadores, catequistas y enseñantes de religión, sino la calidad evangélica que podamos irradiar los cristianos. ¿Qué contagiamos? ¿Indiferencia o fe convencida? ¿Mediocridad o pasión por una vida más humana? JAP

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