viernes, 21 de agosto de 2026

Día litúrgico: Sábado XX (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 23,1-12): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame ‘Rabí’.
»Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar ‘Rabí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar ‘Guías’, porque uno solo es vuestro Guía: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy se hace duro escuchar a Jesús descalificando a escribas y fariseos: ¡mucho decir y poco hacer! Lo primero que debe hacer un buen maestro, un buen guía o un buen padre, es ir por delante con el ejemplo.
—El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan ¡Seamos humildes servidores!

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La muerte súbita no siempre ocurre sin aviso – Una enfermedad hereditaria suele estar detrás de muchos casos...

Cada año se registran en Argentina alrededor de 40.000 casos de muerte súbita. Aunque muchas veces se percibe como un evento inesperado e imposible de anticipar, una parte importante de estos episodios está asociada a enfermedades cardíacas hereditarias que pueden detectarse mediante controles médicos.
En ese grupo se encuentra la miocardiopatía hipertrófica (MCH), una enfermedad genética que constituye una de las principales causas de muerte súbita en personas menores de 35 años. Sin embargo, entre el 80% y el 90% de quienes la padecen desconocen que conviven con esta condición.
En el marco de la ‘Semana de Concientización y Prevención de la Muerte Súbita’, que se conmemora del 21 al 27 de agosto, especialistas buscan visibilizar la importancia del diagnóstico precoz y de los controles cardiológicos para identificar la enfermedad antes de que se produzcan complicaciones graves.
Una enfermedad frecuente que suele pasar inadvertida
La MCH afecta aproximadamente a 1 de cada 500 personas, aunque estudios recientes sugieren que la prevalencia real podría ser de hasta 1 en 200 debido al elevado subdiagnóstico. Se estima que en Argentina más de 92.000 personas conviven con esta enfermedad, aunque la mayoría no lo sabe.
Se caracteriza por un engrosamiento anormal del músculo cardíaco que puede dificultar el flujo sanguíneo y favorecer la aparición de arritmias potencialmente graves. El principal desafío es que entre el 80% y el 90% de las personas con MCH nunca reciben un diagnóstico. Su evolución suele ser silenciosa y, en muchos casos, el primer evento puede ser una complicación cardiovascular de gravedad.
Cuando el deporte revela una enfermedad silenciosa
Practicar deporte no provoca la miocardiopatía hipertrófica. Sin embargo, en quienes desconocen que la padecen, el ejercicio de alta intensidad puede actuar como desencadenante de arritmias graves o incluso de un episodio de muerte súbita.
La incidencia de muerte súbita cardíaca en jóvenes se estima en 1,3 casos por cada 100.000 personas por año, mientras que el riesgo anual en personas con MCH no diagnosticada ni tratada ronda el 1%, una cifra que cobra especial relevancia si se considera que la enfermedad puede detectarse mediante estudios cardiológicos accesibles.
“La actividad física es uno de los pilares para cuidar la salud cardiovascular y no debe evitarse. El desafío es identificar a quienes tienen una enfermedad cardíaca como la miocardiopatía hipertrófica antes de que aparezcan complicaciones. Un chequeo cardiológico oportuno, especialmente antes de iniciar o aumentar la intensidad del entrenamiento, puede ser determinante para detectar la enfermedad y reducir el riesgo de eventos graves”, señaló el Dr. Pablo Ottonello La muerte súbita no siempre ocurre sin aviso, médico cardiólogo y Scientific Advisor Cardiovascular del Laboratorio Bristol Myers Squibb Argentina.
Señales que no deben ignorarse
Aunque muchas personas permanecen sin síntomas durante años, cuando la enfermedad se manifiesta suele hacerlo a través de señales que no deben minimizarse:
● Palpitaciones rápidas, fuertes o irregulares.
● Falta de aire, especialmente durante el esfuerzo físico.
● Dolor en el pecho asociado al ejercicio.
● Mareos o sensación de aturdimiento.
● Fatiga marcada.
● Desmayos durante o después de la actividad física.
Estos signos suelen confundirse con sobreesfuerzo, estrés o falta de entrenamiento. Reconocerlos y consultar oportunamente con un cardiólogo puede marcar la diferencia, especialmente cuando aparecen de forma recurrente o existen antecedentes familiares de enfermedad cardíaca o muerte súbita.
El diagnóstico, una herramienta concreta de prevención
La MCH puede identificarse con estudios ampliamente disponibles. El ecocardiograma con maniobra de Valsalva es el principal método diagnóstico, y puede complementarse con electrocardiograma, prueba de esfuerzo, resonancia magnética cardíaca y estudios genéticos, según cada caso.
Dado que se trata de una enfermedad hereditaria, el diagnóstico de una persona también representa una oportunidad para estudiar a sus familiares directos. Detectarla de manera temprana permite iniciar un seguimiento adecuado y reducir el riesgo de complicaciones. BP

Cuando la siembra no se ve…

Banca de parque. Semáforo eterno. Puestos de la calle. Hay días en los que sientes que nada avanza. Que las oraciones se pierden entre el ruido. Que las manos están llenas… pero de vacío.

Jesús también sembró en silencio. A veces con palabras, a veces con un gesto, y muchas veces sin que nadie lo notara.

Jeremías nos recuerda: No estás estancado, estás sembrando. La semilla no crece a la vista, sino en lo profundo. Y en esta ciudad, cada acto de bondad, cada perdón que cuesta, cada mirada que levanta, es una semilla que un día romperá el asfalto.

“Será como árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces; y no verá cuando venga el calor…” (Jer 17,8) RM

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