domingo, 15 de marzo de 2026

Día litúrgico: Sábado II (A) de Cuaresma

Texto del Evangelio (Lc 15,1-3.11-32): En aquel tiempo, viendo que todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos». Entonces les dijo esta parábola. «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Y, levantándose, partió hacia su padre.
»Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta.
»Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano’. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’ Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy Jesús nos presenta a su Padre. En la parábola del ‘hijo pródigo’ descubrimos la infinita misericordia de Dios: el padre —lleno de dolor— respeta la decisión del hijo que, por amor a la libertad, acaba perdiendo la libertad y se queda sin ningún amor. Al final se acuerda de su padre: es su última esperanza... ¡Esperanza que no defrauda!: el padre lo recibe como hijo, con los brazos abiertos y con inmensa alegría.
—El padre no recuperará el dinero dilapidado por el hijo: ¡no importa! ¡Tú vales más que el dinero! ¡Eres mi hijo!

La Oración Dominical – 08 de Marzo…

Ofrecemos estos breves puntos con la intención de que puedan servir para la meditación individual o comunitaria. Son tomados de las lecturas y de las oraciones de la misa del domingo 8 de marzo de 2026.
Se dividen en tres partes: lo que Dios nos dice (con un comentario que nos puede ayudar a comprender el Evangelio); lo que nosotros podemos decirle a Él como respuesta; y de qué modo podemos llevarlo a la vida cotidiana. Dios quiera que ayuden a muchos a dedicarle, cada domingo, un tiempo especial a Dios, nuestro Señor.
Dios nos habla
                  “El pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo: “¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?”. Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo: “¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?”. El Señor respondió a Moisés: “Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo”. Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel. Aquel lugar recibió el nombre de Masá - que significa ‘Provocación’- y de Meribá - que significa ‘Querella’- a causa de la acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor, diciendo: “¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?” (Ex 17,3-7).
                  “Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: “Dame de beber”. Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. La samaritana le respondió: “¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?”. Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. Jesús le respondió: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva” (Jn 4,5ss).
                  “Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado” (Rm 5,1ss).
Reflexión
                  Llega una mujer. Se trata aquí de una figura de la Iglesia, no santa aún, pero sí a punto de serlo; de esto, en efecto, habla nuestra lectura. La mujer llegó sin saber nada, encontró a Jesús, y él se puso a hablar con ella… Le pedía de beber, y fue él mismo quien prometió darle el agua. Se presenta como quien tiene indigencia, como quien espera algo, y le promete abundancia, como quien está dispuesto a dar hasta la saciedad. Si conocieras –dice–el don de Dios. El don de Dios es el Espíritu Santo. A pesar de que no habla aún claramente a la mujer, ya va penetrando, poco a poco, en su corazón y ya la está adoctrinando. ¿Podría encontrarse algo más suave y más bondadoso que esta exhortación? Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva. ¿De qué agua iba a darle, sino de aquella de la que está escrito: En ti está la fuente viva? Y ¿cómo podrán tener sed los que se nutren de lo sabroso de tu casa? De manera que le estaba ofreciendo un manjar apetitoso y la saciedad del Espíritu Santo, pero ella no lo acababa de entender” (San Agustín de Hipona, Tratado 15 sobre el evangelio de san Juan).
Nosotros le hablamos
                  “Padre de misericordia y origen de todo bien, tú sanas al pecador que ora, ayuna y comparte sus bienes; recibe con agrado el reconocimiento de nuestra debilidad y por tu misericordia, levanta nuestra conciencia abatida por los propios pecados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que es Dios y contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos” (Oración Colecta).
Nuestra vida cambia
                  ¿Tenemos sed de Dios, deseo de Dios, de amarlo cada vez más?
                  ¿Pedimos y recibimos con gratitud y docilidad al Espíritu Santo?

Bolero Saxo Serenata - Música Elegante para Cenas Románticas...

Ayer te soñé - Bolero Soul de recuerdos...

De padre a entrenador, cómo enseñar a tu hijo adolescente a pedir ayuda…

Aunque cada persona es diferente, por definición los teens suelen pensar que necesitar ayuda es sinónimo de fragilidad. Hay formas de ayudarlos a entender que es exactamente lo opuesto, y empoderarlo como persona.
Como padres solemos tender a resolver los problemas de nuestros hijos. Es el instinto de protegerlos. Pero expertos dicen que ‘saltar’ sobre una crisis no ayuda a la formación del joven como persona capaz de enfrentar sus propios conflictos.
Esto ocurre no solo por la necesidad de sacarles de encima cualquier problema, sino porque a los adolescentes les cuesta pedir ayuda, y esa inacción desespera.
La verdad es que aunque estén creciendo físicamente hasta parecer adultos, los menores todavía no tienen todas las herramientas de vida para entender muchas cosas, y los padres somos la primera línea de apoyo.
¿Cómo lograr que aprendan a pedir ayuda sin que piensen que es un gesto de debilidad? ¿Cómo pasamos del modo ‘arreglar’ al modo ‘apoyar’?
Aquí tienes cinco consejos de especialistas en relaciones familiares, para afrontar estos momentos de aprendizaje que suelen ser muy emotivos:
1. No ofrezcas soluciones
Adopta un enfoque de entrenador (coaching). Haz preguntas en lugar de ofrecer soluciones. Esto permite que tu hijo adolescente forme parte del proceso de resolución del problema. Por ejemplo, si tu hijo adolescente tiene conflictos con uno de sus profesores, podrías plantearle preguntas para que responda él mismo “¿Cuál sería el siguiente paso que te haría sentir bien?” “¿Por qué piensas que comenzó el conflicto?”.
2. Ayúdalo a iniciar una conversación necesaria
Dale a tu hijo adolescente ideas para comenzar una conversación y que sepa cómo pedir ayuda. En los Estados Unidos se hace mucho énfasis en que el estudiante es su ‘propio defensor’, es decir que tiene que poder explicar qué le pasa y hasta confrontar, por ejemplo, al maestro si considera que ha sido injusto. Esto mismo se puede repetir ante otras situaciones de la vida. Frases posibles: “Lo siento, creo que te entendí mal...”, “No me queda muy clara esa explicación...”, “Creo que me perdí algo mientras tomaba notas...”
3. Habla sobre su propia autoridad
Enséñale que él es su propia autoridad. Una situación muy común entre teens es que suelen seguir las ideas de otros, que a veces no son las mejores, sin pensar en los riesgos. La necesidad de ‘pertenecer’ es más fuerte que la señal de alarma. Conversar sobre las opciones para salir de una situación insegura, o de amigos que no convienen, puede ayudar a reafirmar la seguridad en sí mismo.
4. Replantea la idea de ‘ayuda’.
El apoyo es una necesidad personal y social. Tu hijo adolescente cree que debería poder hacerlo todo solo o que, al admitir que necesita ayuda, es débil. Recuérdale con delicadeza que la perfección no existe. Es poco realista. Lo predispone al fracaso. Recibir apoyo lo prepara para el éxito. Ayúdalo a ver pedir ayuda como una fortaleza. En realidad, pedir ayuda es un acto de valentía. Saberlo le servirá muchas veces a lo largo de la vida.
5. Charla sobre la importancia de la inteligencia emocional
Todos necesitamos apoyo. Pedir ayuda no se trata solo de asistencia con una tarea; también se trata de crecimiento emocional. Cuando los padres animan a sus hijos adolescentes a buscar apoyo, les ayudan a desarrollar habilidades cruciales de inteligencia emocional que les serán útiles en todos los ámbitos de la vida.
Los adolescentes con una inteligencia emocional sólida adquieren la capacidad de considerar otras perspectivas, experiencias y emociones, y luego utilizan esta información para comprender mejor por qué las personas se comportan como lo hacen. CdeB

Cuando todo tiembla. Él no se va…

Ventanales rotos. Sirenas. Noticias que asustan. Corazones agrietados.
Jesús no prometió una ciudad sin tribulación. Prometió no dejarnos solos cuando llegue.
“Habrá entonces una gran tribulación, como no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora…” (Mt 24,21)
Y sí… Hoy hay guerras sin nombre. Pobrezas que no salen en la tele. Soledades que no se ven desde el cielo de los drones.
Pero el Evangelio no es terror ni castigo. Es advertencia que prepara. Es luz de emergencia. Es Jesús diciendo: no se duerman con la rutina ni se rindan con la desesperanza.
La gran tribulación no es el fin. Es el aviso. El despertar. El momento de elegir: ¿te escondes o te entregas? ¿te enfrías… o te mantienes fiel?
Porque incluso en los días más oscuros, Dios sigue recortando el tiempo por amor a los suyos.
Y si el mundo cae… que no caiga tu fe. Y si tiemblan los muros… que tu esperanza siga en pie. RM

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