sábado, 14 de marzo de 2026

Día litúrgico: Jueves II (A) de Cuaresma

Texto del Evangelio (Lc 16,19-31): En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.
»Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros’.
»Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento’. Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan’. Él dijo: ‘No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán’. Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite’».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy escuchamos una parábola de Jesús. ¡Es una buena advertencia! Andamos distraídos con demasiadas cosas que nos impiden mirar al corazón de nuestros hermanos. ¡Demasiada fiesta y poca caridad! Todos somos hermanos, todos somos hijos de Dios y un buen cristiano debe aprender a compartir.
—No es malo ir de fiesta, pero evita que tus días sean una ‘fiesta’. Ese camino no lleva a ningún sitio: lo que uno siembra en esta vida es lo que se lleva a la otra Vida.

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El color del cristal con que se mira la vida condiciona el modo en que envejecemos…

Hoy en día, la esperanza de vida ha aumentado considerablemente, lo que implica que hay más personas mayores. Esto hace que cuidar la calidad de vida en la vejez sea más importante que nunca. No se trata solo de vivir más años, sino de vivirlos de manera saludable, feliz y plena. Además de cuidar el cuerpo, para envejecer de manera saludable es preciso atender a la mente y las emociones. Adoptar un estilo de vida que nos permita disfrutar de cada etapa es fundamental, y eso incluye practicar ejercicio y fortalecer las relaciones sociales.
Si nos enfocamos en estos aspectos, cada año de vida puede ser más enriquecedor que el anterior. Las personas mayores pueden seguir contribuyendo activamente a la sociedad, disfrutando de la vida y sintiéndose realizadas.
La actitud y su impacto en la longevidad
Un estudio impulsado por la Universidad Autónoma de Madrid y publicado en 2020 en la Revista Española de Geriatría y Gerontología demostró que los adultos mayores con una actitud positiva, como el optimismo, la gratitud y la resiliencia, son más felices y sus vidas más saludables. En cambio, aquellos con una visión negativa del envejecimiento son más propensos a la depresión. Esto demuestra, entre otras cosas, que una mentalidad positiva favorece un envejecimiento saludable.
La resiliencia: cómo adaptarse al cambio
Según el trabajo mencionado, la resiliencia es uno de los factores que condicionan el modo en que envejecemos. Ahora bien, ¿en qué consiste exactamente esta facultad del ser humano, y por qué influye especialmente en nuestros años postreros?
La resiliencia es la capacidad de adaptarse a las dificultades. En la tercera edad, las personas se enfrentan desafíos como la pérdida de seres queridos, enfermedades y cambios en su independencia. Los resilientes tienen más probabilidades de superar estas dificultades y reducir el estrés y la depresión.
Además, ayuda a prevenir problemas de salud mental y física, como la depresión y el deterioro cognitivo. Las personas resilientes tienden a vivir más tiempo y con mejor calidad de vida.
El optimismo: una herramienta para vivir más tiempo
La convicción de que sucederán cosas buenas, lo que se entiende por optimismo, también influye en la longevidad. Esta afirmación cuenta con el respaldo de la ciencia. Así, los estudios muestran que las personas optimistas viven más tiempo que las pesimistas. Este optimismo está relacionado con mejores estrategias para manejar las emociones y afrontar los desafíos de la vida.
Las personas optimistas tienen menos riesgo de sufrir enfermedades graves, como problemas cardíacos o hipertensión. Además, el optimismo promueve hábitos saludables que, a su vez, contribuyen a una mayor esperanza de vida. Los estudios publicados en revistas como BMC Public Health y Aging and Mental Health respaldan estos hallazgos, demostrando que un optimismo elevado mejora la percepción de la salud y reduce el riesgo de mortalidad.
Fuertes y felices, también en la vejez
A la luz de los estudios realizados hasta el momento acerca de la relación entre longevidad, optimismo y una mentalidad resiliente, es posible concretar los siguientes efectos positivos sobre la salud física, y también en la mental:
• Menor riesgo de enfermedades crónicas: reducir el estrés y mejorar la gestión emocional fortalece el sistema inmunológico.
• Mejor salud cardiovascular: las personas optimistas tienen menor riesgo de sufrir hipertensión y problemas cardíacos.
• Mayor bienestar emocional: la resiliencia y el optimismo ayudan a prevenir problemas como la depresión y la ansiedad, comunes en la vejez.
• Más conexiones sociales: estas cualidades fomentan relaciones saludables, lo que también contribuye a vivir más tiempo.
Estrategias para potenciar la resiliencia y el optimismo
Identificadas dos de las claves para disfrutar sumar años de calidad a la vida, solo queda averiguar cómo fomentar la resiliencia y el optimismo en la vejez. Para ello, es fundamental practicar algunas estrategias que fortalezcan estas cualidades:
• Cuidar nuestras emociones: practicar la gratitud, la meditación y la relajación reduce la ansiedad y mejora la actitud ante la vida.
• Mantener relaciones sociales: estar en contacto con amigos y familiares nos ayuda a sentirnos apoyados y menos solos.
• Hacer ejercicio regularmente: la actividad física no solo mejora la salud, sino también el estado de ánimo.
• Tener un propósito de vida: establecer metas o aprender cosas nuevas da motivación y sentido a la vida.
• Modificar los pensamientos negativos: practicar el pensamiento positivo y ver los desafíos como oportunidades fortalece la resiliencia.
La importancia de ver el lado positivo
Vivir más tiempo no depende solo de la genética o la salud física, sino también de nuestra actitud hacia la vida. La resiliencia y el optimismo son herramientas poderosas que pueden ayudarnos a vivir más y mejor. Adoptar una mentalidad positiva y flexible no solo favorece un envejecimiento saludable, sino que nos permite disfrutar de todas las etapas de la vida. Invertir en estas cualidades es una forma de asegurar un futuro lleno de bienestar. BP

Ecce Homo: Mis formas de muerte en Cristo…

Cuando Cristo sufrió la flagelación, Pilatos lo presenta al pueblo diciendo Ecce homo, he aquí al hombre, es decir en este hombre todo sufrimiento humano está incluido, no hay pasión y muerte de hombre que no las haya hecho suyas.
Vamos a destiempo con el proyecto de Dios y el proyecto que desearíamos. Sabiendo que tenemos que morir, nos forjamos formas de muerte que no corresponde a la que Dios nos tiene preparada. Cada uno desea partir a su modo, bajo determinadas condiciones. Nuestra forma particular de morir se define por la misma capacidad de gracia que cada uno ha recibido, es el amor personal de Dios el que va sugiriendo la forma de ser responsable de ese mismo amor, esta forma responsable en cada uno es única, la respuesta siempre ha de ser un morir de amor.
Es doloroso constatar que el proyecto de nuestra vida no está en nuestra voluntad determinarlo, que las grandes líneas de nuestra historia las podemos ubicar, pero los detalles, los modos nos rebasan. Se va padeciendo violencia sobre todo ante determinados contenidos. Se dan metástasis no solo de enfermedades, sino de hábitos, actitudes, modos de ser, situaciones irreversibles, cuyas consecuencias las vamos padeciendo en rebeldía. Los contenidos de nuestra historia personal son parte de la acción providencial de Dios, en esos contenidos y no en otros, El va proveyendo de Sí mismo. Es allí, en nuestra propia forma de morir, donde El envía a su Hijo para hacer camino conmigo, para ir a mi lado dándome razones del inevitable padecer y morir. Cristo me propone los contenidos de mi cruz y el Espíritu me da razones del padecer y morir, me va llevando de comprensión en comprensión.
¿Cómo convencer nuestro corazón de que la forma excelente de ser libre es ir optando por las propuestas de Dios y no por las nuestras? ¿Cómo lograr que las propuestas de Dios sean las nuestras? Tardamos tanto en, finalmente, concederle a Dios la autoridad suprema sobre nuestro andar: “No se preocupen de qué es lo que tienen que hablar ante los tribunales, el Espíritu mismo pondrá las palabras justas en su boca”. El cristiano ha de ser un experto en el discernimiento. Es un instante, un parpadear de ojos, en el que tiene que tomar decisiones, muchas veces de especial importancia. El discernimiento requiere claridad de espíritu, la claridad exige transparencia, pureza. La pureza es fruto de la unión con Cristo, unión de conocimiento amor. RAS

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04 de Marzo...

Buenos días... 2026-062