Con la llegada de las bajas
temperaturas, las enfermedades respiratorias vuelven a ocupar un lugar central
en la agenda sanitaria. Este año, la Influenza A se posiciona como uno de los
virus respiratorios de mayor circulación en Argentina, generando un aumento de
consultas médicas y afectando a personas de todas las edades.
Si bien la gripe suele ser
considerada una enfermedad frecuente durante el invierno, su impacto no debe
subestimarse. Cada temporada representa un desafío para el sistema de salud y
para la comunidad, especialmente cuando se trata de personas con mayor riesgo
de desarrollar complicaciones.
La influenza es una enfermedad
respiratoria aguda causada por virus que afectan las vías respiratorias. Se
transmite de persona a persona a través de pequeñas gotas que se expulsan al
hablar, toser o estornudar, así como por el contacto con superficies
contaminadas.
Los síntomas suelen aparecer
de forma repentina e incluyen fiebre superior a 38° C, dolor de cabeza, dolores
musculares y articulares, congestión nasal, dolor de garganta, tos, cansancio
intenso y decaimiento general. En algunos casos, especialmente en niños,
también pueden presentarse síntomas digestivos.
Aunque la mayoría de las
personas se recupera en una o dos semanas, la enfermedad puede provocar
complicaciones graves en adultos mayores, embarazadas, niños pequeños y
personas con enfermedades crónicas.
En este marco, la vacuna
antigripal constituye la principal medida de prevención para las personas con
mayor riesgo de enfermedad grave. Se recomienda especialmente para personal de
salud, mujeres embarazadas, en cualquier etapa de la gestación; mujeres durante
los primeros meses posteriores al parto; niños entre 6 y 24 meses; personas de
2 a 64 años con enfermedades crónicas o factores de riesgo; y adultos mayores
de 65 años.
La vacunación anual ayuda a
disminuir el riesgo de internaciones, complicaciones y formas graves de la
enfermedad.
Además, existen hábitos
cotidianos que contribuyen significativamente a reducir la transmisión de la
gripe, tales como:
• Lavarse frecuentemente las
manos con agua y jabón o utilizar alcohol en gel.
• Cubrirse la boca y la nariz
al toser o estornudar con el pliegue del codo.
• Ventilar los ambientes
cerrados varias veces al día.
• Mantener limpios los objetos
y superficies de uso frecuente.
• No compartir vasos,
cubiertos, botellas ni elementos personales.
• Mantener una adecuada
hidratación, alimentación y descanso.
• Evitar el contacto cercano
con personas que presenten síntomas respiratorios.
También se recomienda evitar
la automedicación y buscar atención médica temprana en caso de fiebre
persistente, dificultad para respirar o si la persona pertenece a un grupo de
riesgo.
En la prevención de la
Influenza A cada medida de cuidado contribuye a proteger a la comunidad,
especialmente a quienes pueden sufrir las consecuencias más graves de la
enfermedad.
En este comienzo del invierno,
reforzar los hábitos de prevención, completar los esquemas de vacunación y
consultar oportunamente ante la presencia de síntomas son acciones
fundamentales para reducir la circulación del virus y cuidar la salud de todos.
La gripe puede prevenirse.
Cuidarnos es también cuidar a quienes más lo necesitan. BP