viernes, 24 de julio de 2026

Día litúrgico: 25 de julio: Santiago apóstol, patrón de España

Texto del Evangelio (Mt 20,20-28): En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?». Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino». Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?». Dícenle: «Sí, podemos». Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre».
Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy vemos lo que es capaz de hacer una madre por sus hijos. Y hoy también vemos lo que es capaz de hacer un Padre —que es Dios— por sus hijos. «¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?». Es el cáliz de la Sangre de su Hijo vertida —para nosotros— desde la Cruz.
—Si tienes pretensiones como los Zebedeos, ve a misa. Allí encontrarás esa ‘copa’ que se ofrece por toda la humanidad.

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Por qué las mujeres suelen orinar con más frecuencia que los hombres si sus vejigas son similares en tamaño…

“¿Ya estamos parando otra vez?”. Esta una queja habitual en los viajes familiares por carretera y dirigida con frecuencia a las mujeres. Desde las comedias de TV hasta los monólogos, la idea de que las mujeres tienen la vejiga más pequeña se ha convertido en un chiste cultural. Pero, ¿es esto correcto desde el punto de vista anatómico?
La respuesta corta es que, en realidad, no. El cuadro completo revela una interacción más compleja -y mucho más interesante- entre anatomía, fisiología y condicionamiento social. Las mujeres pueden sentir que necesitan ir al baño más a menudo, pero el tamaño real de su vejiga no es muy diferente.
La vejiga es un globo muscular diseñado para ser flexible. Dos características clave lo hacen posible: el músculo detrusor y el epitelio de transición. El detrusor es una capa de músculo liso que forma la pared de la vejiga. Su inusual elasticidad le permite a la vejiga estirarse sin provocar señales constantes de estar ‘llena’. Cuando la necesidad nos urge, se contrae con fuerza para vaciar la vejiga.
Un revestimiento interior, el epitelio de transición, se comporta como un origami biológico, se estira y se aplana para acomodar el volumen en expansión, al tiempo que protege los tejidos subyacentes de los contenidos tóxicos de la orina almacenada.
Gracias a este ingenioso diseño, la vejiga puede expandirse y contraerse durante toda la vida sin desgarrarse, perder tono ni emitir falsas alarmas la mayoría de las veces.
Diferencias hombre/mujer
Desde el punto de vista estructural, las vejigas masculina y femenina son más parecidas que diferentes. Ambas contienen cómodamente entre 400 y 600 mililitros de orina. Lo que rodea a la vejiga puede influir en la sensación y la urgencia, y aquí es donde empiezan las diferencias.
En los hombres, la vejiga se sitúa por encima de la próstata y delante del recto. En las mujeres, se encuentra en un compartimento pélvico más estrecho, compartiendo espacio con el útero y la vagina. Durante el embarazo, el útero en crecimiento puede comprimir la vejiga, de ahí la necesidad de ir al baño cada 20 minutos en el tercer trimestre.
Incluso aunque no haya embarazo, las limitaciones espaciales pueden hacer que la vejiga desencadene antes una sensación de urgencia. Algunos estudios sugieren que las mujeres son más propensas a sentir la vejiga llena a volúmenes más bajos, posiblemente debido a influencias hormonales, a un aumento de la información sensorial o a la relación dinámica entre el soporte del suelo pélvico y el estiramiento de la vejiga.
El suelo pélvico -un conjunto de músculos que sostienen la vejiga, el útero y el intestino- es fundamental. En las mujeres, puede debilitarse por el parto, los cambios hormonales o simplemente el paso del tiempo, alterando la coordinación entre sujetar y soltar.
Gran parte de ese control depende del esfínter uretral externo, un anillo de músculos voluntarios que actúa como guardián de la vejiga, ayudándote a esperar el momento socialmente más conveniente para orinar.
Forma parte del complejo del suelo pélvico y, como cualquier músculo, puede perder tono o reentrenarse. Mientras tanto, las infecciones del tracto urinario (más comunes en las mujeres debido a una uretra más corta) pueden dejar la vejiga hipersensible, aumentando la frecuencia de la micción incluso después de que la infección haya pasado.
Ir ‘por si acaso’
Los hábitos en torno a ir al baño pueden variar de una cultura a otra. Pero desde pequeñas, a muchas niñas se les suele enseñar a ‘ir por si acaso’ o a evitar los baños públicos. Estos hábitos pueden hacer que la vejiga se vacíe antes de tiempo, reduciendo su capacidad de estiramiento.
A los varones, en cambio, se les suele dar más margen, o se les anima a esperar. Cualquiera que haya ‘maniobrado’ alguna vez con el asiento de un retrete reconocerá también que la preocupación por la higiene influye en el comportamiento. Con el tiempo, la vejiga aprende. No se puede cambiar su tamaño, pero sí se puede entrenar su tolerancia.
El entrenamiento de la vejiga, una técnica promovida por el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido y la Asociación Británica de Cirujanos Urológicos, consiste en aumentar gradualmente el tiempo entre las idas al baño. Esto ayuda a restablecer el circuito de retroalimentación entre la vejiga y el cerebro, restaurando la capacidad y reduciendo la sensación de urgencia.
Combinado a menudo con ejercicios del suelo pélvico, es una forma eficaz y no invasiva de recuperar el control, sobre todo para quienes padecen el síndrome de vejiga hiperactiva o incontinencia de esfuerzo. Puede que las mujeres no tengan la vejiga más pequeña, pero sí menos margen de maniobra, tanto anatómica como socialmente. La próxima vez que alguien ponga los ojos en blanco ante una parada para ir al baño, recuérdale que no se trata de poca fuerza de voluntad ni de tanques diminutos. Se trata de anatomía, hábitos y hormonas. BP

La ruta no la marco yo…

En la ciudad donde todos quieren controlar la agenda, marcar el destino y diseñar la ruta perfecta, hay un susurro que nos recuerda otra verdad: no todo depende de nuestras manos.
Caminar con Cristo es aceptar que la vida no se mide en kilómetros planeados, sino en pasos confiados.
Es reconocer que el rumbo más seguro no lo dicta el tráfico, ni la prisa, ni las expectativas del mundo, sino la voluntad de Dios.
‘Hasta donde Dios quiera y como Dios quiera’.
Esa es la ruta que no se equivoca. Esa es la brújula que nunca falla, aunque nos lleve por calles que no imaginamos. RM

Rompe el ciclo...

Sabiduría... 16

24 de Julio...

Buenos días... 2026-199