Aunque
los patrones de sueño pueden ser un factor de riesgo para afecciones del
corazón, no siempre se incorpora, o se lo considera, como parte de la consulta
clínica o especializada.
El
sueño es un proceso fisiológico que todo ser humano necesita. Permite al cuerpo
descansar, repararse y hasta rejuvenecer, y tiene profundas implicaciones para
la salud sistémica, en particular para el sistema cardiovascular. Así lo destaca un
artículo publicado en la revista Cardiology, del American College of
Cardiology.
Sin
embargo, muchas veces los patrones de sueño no se contemplan en la evaluación
cardiológica o clínica del paciente como un factor a tener en cuenta para
evaluar la salud cardíaca.
Junto
con la dieta y la actividad física, el sueño es un pilar de la buena salud. Su
función va más allá de la regulación del ritmo circadiano y abarca diversas
funciones fisiológicas cruciales para mantener la integridad vascular y la
función cardíaca.
Y
esto es cierto tanto para los patrones de sueño óptimos como los deficientes ya
que ambos tienen efectos sustanciales en la salud cardiovascular.
Desde
hace tiempo, los expertos en el corazón intentan integrar de manera más
contundente el análisis del sueño en la práctica clínica habitual. De hecho,
así lo manifestó una Declaración Científica de la American Heart
Association (AHA) de 2016.
Otro
paso importante fue la inclusión del sueño en la lista de “Los 8 elementos
esenciales de la vida”, en 2022, que enfatiza su papel para mantener una
presión arterial, colesterol y peso corporal saludable, todos ellos factores
cruciales para la salud cardíaca.
Entre
las afecciones vinculadas al mal dormir, la apnea del sueño, una de las más
comunes, parece ser crítica para el sistema cardiovascular.
Las
personas con apnea obstructiva del sueño (AOS) suelen roncar fuerte,
su respiración se interrumpe y se detiene durante la noche, y pueden
despertarse varias veces. Esto no solo causa cansancio, también puede aumentar
el riesgo de HTA, ACV y enfermedades cardíacas, según indica un comunicado
de agosto de la Sociedad Europea de Cardiología, que analiza las ventajas
y desventajas del tratamiento para esta afección.
Estudios
longitudinales han establecido una fuerte asociación entre la gravedad de la
AOS y resultados adversos como hipertrofia ventricular izquierda,
arritmias y eventos isquémicos. Su prevalencia alcanza el 40% al 80% en
pacientes con HTA, insuficiencia cardíaca, enfermedad arterial coronaria,
hipertensión pulmonar y fibrilación auricular. La AOS se asocia fuertemente con
un mayor riesgo de ACV e insuficiencia cardiaca.
Entre
los riesgos del mal dormir, pocas o muchas horas, no poder conciliar el sueño o
no poder mantenerlo, está latente el riesgo de que se vuelva una afección
crónica.
La
privación crónica del sueño altera los procesos homeostáticos, lo que provoca
un aumento de la actividad del sistema nervioso simpático, hiperactivación del
eje hipotálamo‑hipofisario‑adrenal e inflamación sistémica.
Estas
alteraciones tienen múltiples efectos secundarios, como la elevación de la
presión arterial basal y la contribución a la rigidez arterial, lo que aumenta
el riesgo de hipertensión y morbilidad cardiovascular.
La
calidad del sueño, junto con su duración, también está relacionada con los
resultados cardiovasculares. Un metaanálisis de siete estudios prospectivos con
muestras de entre 2960 y 487.200 participantes y una media de seguimiento de
10,6 años, examinó la asociación entre los síntomas de insomnio y las
enfermedades cardiovasculares. El riesgo de enfermedad cardiovascular fue un
16% mayor en quienes no tenían un sueño reparador, entre otros
porcentajes preocupantes.
Un
estudio más reciente demostró que la dificultad para conciliar el sueño, así como
la dificultad para permanecer dormido más de dos veces por semana, se
relacionaban con peores resultados cardiovasculares.
Los
expertos del American College of Cardiology recomiendan lo siguiente para los proveedores de salud:
Detectar trastornos del sueño. Evaluar
a los pacientes de manera rutinaria para detectar trastornos del sueño,
especialmente la apnea obstructiva del sueño, que aumenta significativamente el
riesgo cardiovascular.
Promover la higiene del sueño. Educar
a los pacientes sobre buenas prácticas de sueño, incluyendo mantener un horario
constante para irse a dormir y crear un entorno que promueva dormirse y el
descanso.
Integrar métricas del sueño. Incorporar
evaluaciones de la duración y la calidad del sueño en los perfiles de riesgo cardiovascular
y los planos de manejo de afecciones.
Monitorear comorbilidades. Prestar
especial atención a las afecciones resistentes (HTA, diabetes) y considerar que
pueden ser causadas o exacerbadas por la falta de sueño.
Colaborar con especialistas. Remitir a los pacientes con sospecha de
trastornos del sueño a especialistas en medicina del sueño para su diagnóstico
y tratamiento. CdeB