lunes, 25 de mayo de 2026

Día litúrgico: Martes VIII (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 10,28-31): En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy, Simón Pedro pregunta a Jesús por su futuro, puesto que lo ha dejado todo para seguirle. Dios necesita gente que lo deja todo para servir a la gente.
—La respuesta de Jesucristo parece exagerada. ¡Pero no lo es! Han pasado veinte siglos: ¿cuántos hermanos, hermanas, ‘hijos e hijas’ tiene ahora san Pedro? ¿Cuántos tesoros de amor? ¡Incontables!

Universo literario - Un momento...

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Lo que los investigadores han descubierto sobre el sueño de las mujeres…

Ignoradas o minimizadas durante mucho tiempo, las especificidades del llamado sueño femenino están comenzando (finalmente) a ser objeto de una rigurosa atención científica.
Sueño más ligero y fragmentado
Lo que la investigación revela hoy es a la vez esclarecedor y alarmante: no solo las mujeres a menudo duermen peor, sino que su sueño también es más vulnerable, menos reparador y está profundamente influenciado por factores biológicos, sociales y psicológicos. Una realidad que merece ser plenamente reconocida.
Un estudio reciente muestra que las mujeres tienen el doble de probabilidades que los hombres de sufrir trastornos del sueño. La causa: un sueño más fragmentado, intercalado con microdespertares, y un mayor tiempo de sueño. Contrariamente a la creencia popular, no se trata de una cuestión de sensibilidad o fragilidad, sino del resultado de limitaciones específicas, tanto físicas como mentales.
Biológicamente, los ciclos hormonales influyen directamente en las fases del sueño. Los cambios en el estrógeno y la progesterona durante el ciclo menstrual, el embarazo o la menopausia cambian el patrón de sueño, haciéndolo más inestable a veces. Estas fluctuaciones pueden provocar insomnio, despertares tempranos o sueño inquieto, sin que siempre se diagnostique formalmente un trastorno del sueño.
Un impacto subestimado de los ritmos hormonales
Durante el embarazo, el sueño de las mujeres se ve particularmente interrumpido: el malestar físico, las ganas frecuentes de orinar, la ansiedad y los movimientos fetales hacen que las noches sean agitadas. Después del parto, los trastornos del sueño pueden durar años. Según un estudio publicado en la revista Sleep, una mujer tarda una media de 6 años en recuperar un sueño equivalente al que tenía antes de la maternidad.
La menopausia es otra fase crítica: los sofocos, los sudores nocturnos y los cambios hormonales provocan insomnio crónico en casi la mitad de las mujeres afectadas.
El peso invisible de la carga mental
El sueño de las mujeres no solo se ve afectado por la biología. El contexto social y psicológico también juega un papel importante. La carga mental, es decir, la gestión constante y a menudo invisible de las tareas domésticas, familiares y emocionales, es un factor determinante en la calidad del sueño de las mujeres.
A menudo las primeras en anticiparse a las necesidades del hogar, en gestionar lo inesperado o en levantarse por la noche para los niños, a las mujeres les resulta más difícil ‘desconectarse’ mentalmente. Esta tensión psíquica latente interfiere con la conciliación del sueño y el sueño profundo.
Los investigadores en neurociencia también señalan que esta carga cognitiva constante puede mantener un alto nivel de vigilia cerebral, incluso durante las fases de reposo, alterando la eficacia reparadora del sueño.
Consecuencias para la salud a largo plazo
Los impactos de la falta de sueño están lejos de ser triviales. En las mujeres, la mala calidad del sueño se asocia con un mayor riesgo de trastornos cardiovasculares, diabetes, depresión y disminución de la inmunidad. También puede exacerbar el dolor crónico (especialmente en casos de endometriosis o fibromialgia), aumentar la ansiedad y alterar la concentración.
Por lo tanto, la privación crónica del sueño no es solo un inconveniente: es un verdadero problema de salud pública. Sin embargo, el cansancio de las mujeres a menudo sigue siendo banalizado, incluso culpable, reforzando un tabú social sobre la legítima necesidad de descanso.
Hacia un mejor reconocimiento de las necesidades específicas
Ante esta observación, los profesionales del sueño reclaman enfoques diferenciados por género. Una mujer no duerme ‘como un hombre’, y eso es normal. Tener en cuenta los ritmos hormonales, los contextos vitales, la paternidad o el estrés doméstico permitiría proponer estrategias de prevención y tratamiento más eficaces.
Soluciones como la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I), el ajuste de la hora de acostarse según el ciclo menstrual o los programas de relajación específicos ya han demostrado su eficacia en algunos pacientes.
Los descubrimientos recientes sobre el sueño de las mujeres están sacudiendo nuestras ideas preconcebidas. Muestran hasta qué punto este ámbito, que durante mucho tiempo ha sido tratado de manera neutral o uniforme, se beneficia de ser pensado de manera inclusiva y adaptada. Reconocer las especificidades del sueño de las mujeres significa comprender para acompañar mejor. En un mundo en el que a menudo se valora el rendimiento en detrimento del descanso, volver a poner el sueño de las mujeres en el centro de las prioridades se está convirtiendo en una emergencia... científica, social y de salud. BP

Pentecostés…

No empieza con palabras. Empieza con fuerza. Un viento. Un movimiento. Una irrupción. Lo que estaba dentro… sale.

El miedo… se vuelve voz. La duda… se vuelve anuncio.

Las puertas… se abren. Salen. A la calle. A la ciudad.

Ya no es experiencia interna. Es vida compartida.

La ciudad sigue igual. Pero ellos no. Y eso lo cambia todo. Cristo ya no está al frente. Está en quien decide vivirlo.

Y entonces entiendo: no era el final… era el envío.

Cierre

Cuando el Espíritu llega… la vida deja de guardarse… y empieza a entregarse. RM

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