domingo, 16 de agosto de 2026

La Oración Dominical – 16 de Agosto…

Dios nos habla
·        “Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero Él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos». Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel». Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!» Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros». Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!» Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Y en ese momento su hija quedó sana” (Mt 15, 21-2815, 21-28).
Reflexión
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Conviene, pues, que los santos y amantes de la vida en Cristo se eleven al deseo de este alimento, y digan suplicantes: Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Siendo esto así, también nosotros, hermanos míos, debemos dar muerte a todo lo terreno que hay en nosotros y alimentarnos del pan vivo con fe y caridad para con Dios; tanto más cuando sabemos que sin fe es imposible participar de este pan. El mismo Salvador, al tiempo de hacer una llamada general para que todos acudieran a él, decía: El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba. E inmediatamente después de haber hecho mención de la fe, sin la cual nadie debiera tomar este alimento, dijo: Como dice la Escritura: de las entrañas del que cree en mí manarán torrentes de agua viva. Por esta razón, él mismo alimentaba continuamente con sus palabras a los discípulos, esto es, a los creyentes, y les comunicaba la vida con la presencia de su divinidad.
En cambio, a aquella mujer cananea, que todavía no había accedido a la fe, ni se dignó siquiera responderla, aun cuando estaba muy necesitada de ser por él alimentada. Actuó de esta forma, no por desprecio —¡ni pensarlo!—, pues de lo contrario no se hubiera dirigido al país de Tiro y Sidón, sino porque todavía no era creyente y porque a causa de su origen no podía exhibir derecho alguno. Con razón obró así, hermanos míos, pues de nada servían sus ruegos antes de haber recibido la fe, puesto que sus ruegos debían estar en sintonía con su fe.
Por lo cual, quien se acerca a Dios, ante todo es necesario que crea en él, y entonces él le concederá lo que pide. Porque, como enseña Pablo, sin fe es imposible agradar a Dios. Careciendo, pues, ella todavía de fe y siendo además extranjera, hubo de oír de labios del maestro: No está bien echar a los perros el pan de los hijos. Pero inmediatamente, dirigiéndose a la que había humillado con palabras tan duras y que, liberada de su paganismo había conseguido la fe, no la trata ya como a un perro, sino como a una persona humana, y le dice: ¡Mujer, qué grande es tu fe! Habiendo ella creído, en seguida él le otorgó el fruto de su fe, y le dijo: Que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija(San Atanasio de Alejandría, Carta Pascual 7 (6-8).
Nosotros le hablamos
·        “El Señor tenga piedad y nos bendiga, haga brillar su rostro sobre nosotros” (Salmo 66).
·        “Dios nuestro, que has preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde en nuestros corazones la ternura de tu amor para que, amándote en todas y sobre todas las cosas, alcancemos tus promesas que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos” (Oración Colecta).
Nuestra vida cambia
·        ¿Qué cosas pedimos a Dios con más insistencia?
·        ¿Nuestros deseos son conformes a los de Dios?

Día litúrgico: Lunes XX (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 19,16-22): En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?». Él le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy el Evangelio nos presenta el diálogo entre Jesucristo y el joven rico. En muchas ocasiones, este joven somos nosotros mismos. Por un lado, sentimos el ansia de felicidad eterna. ¿Puede ser ‘total’ la felicidad si no tiene un horizonte de eternidad? Si mi felicidad se va a acabar dentro de unos años, aunque sean bastantes años, entonces… Por eso a aquel joven le preocupa la vida eterna.
—Por otro lado, nos cuesta “soltar lastre”. Queremos ser eternos, pero amarrados a los bienes terrenos. Y, ¿cómo se resuelve esta “ecuación”? ¡Escuchemos qué dice Cristo!

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¿Qué es la Miastenia Gravis, que crece en las mujeres jóvenes y los hombres mayores de 50?...

La miastenia gravis es una enfermedad neuromuscular autoinmune y crónica, que se caracteriza por producir grados variables de debilidad y fatiga en los músculos.
La Sociedad Española de Neurología (SEN) estima que en España padecen esta enfermedad neurológica unas 15.000 personas.
Hasta hace poco la miastenia era considerada una enfermedad rara. Pero los expertos destacan que en Europa, en los últimos años estamos observado una tendencia creciente en el número de casos diagnosticados, sobre todo a expensas de una incidencia más elevada en personas mayores de 50 años. Y eso hace que cada vez sea una enfermedad más común.
De hecho, en España se diagnostican cada año unos 700 nuevos casos de esta enfermedad. Y de estos nuevos casos el 60% corresponden a personas de entre 60 y 65 años. Pero la miastenia puede afectar a personas de todas las edades. En el caso de las mujeres la enfermedad suele aparecer muy pronto, entre los 20 y los 40 años, o ya a edad más avanzada entre los 60 y los 80.
En los hombres en cambio es más habitual que lo haga a partir de la sexta década de vida. Los síntomas y tratamientos de esta enfermedad se inician en la edad infantil y juvenil en un 10-15% de los casos. Y aunque antiguamente generaba una elevada morbilidad y mortalidad, gracias a los tratamientos disponibles son muchos los pacientes que pueden controlar su enfermedad y sus síntomas.
Síntomas de la miastenia gravis
Los síntomas más habituales son:
• La debilidad y fatiga de los músculos.
• La caída de párpados.
• La visión doble o diplopía.
La peculiaridad de esta patología, como explicó el Dr. Alejandro Horga Hernández, Coordinador del Grupo de Estudio de Enfermedades Neuromusculares de la Sociedad Española de Neurología, es la siguiente:
• “La debilidad y la fatiga muscular que provoca esta enfermedad suele aumentar en los momentos de actividad y disminuir con el descanso. Además, lo más habitual es que, al menos inicialmente, los primeros síntomas aparezcan en un solo grupo muscular”.
Ptosis palpebral
Es muy habitual que la primera señal de esta enfermedad se registre en los ojos produciendo ptosis palpebral o caída de párpados.
• “En el 50-70% de los casos suele debutar en la musculatura ocular, produciendo caída de párpados o visión doble, pero también puede afectar a otros músculos de la cara o del cuello. Y con el paso del tiempo, también puede afectar a los músculos de las extremidades o a los respiratorios. Y cuando la enfermedad produce una debilidad severa en los músculos respiratorios, es cuando más peligra el pronóstico vital de los pacientes”, señaló el Dr. Horga.
¿Cómo evoluciona la enfermedad?
Durante el curso de la enfermedad, es común que los pacientes puedan experimentar exacerbaciones de los síntomas. Y eso puede ser simplemente una cuestión espontánea o debida a algún factor desencadenante.
Entre estos factores, los expertos de la SEN destacan:
• Infecciones.
• Periodos de más estrés.
• En el caso de las mujeres el embarazo o el ciclo menstrual puede aumentar los síntomas.
• Determinados fármacos.
“El curso natural a largo plazo de la miastenia gravis es muy variable y a pesar de que la mayoría de los pacientes desarrolla progresión de los síntomas clínicos durante los 2 o 3 años iniciales, gracias a los tratamientos disponibles, se suele conseguir un control aceptable de la enfermedad a largo plazo. Lo que hace que en la actualidad sean muchas las personas que consiguen pausar su progresión o incluso que sean prácticamente asintomáticos. Sin embargo, esto aún no ocurre en todos los casos”, explicó el Dr. Alejandro Horga.
El 8,5% de los pacientes no responden a los tratamientos
Pero algunos pacientes diagnosticados de miastenia gravis no consiguen controlar los síntomas de la enfermedad. “En aquellos pacientes que padecen miastenia gravis refractaria, también llamada farmacorresistente, a pesar de los tratamientos no conseguirán alcanzar mejoría y padecerán frecuentes recaídas e importantes repercusiones funcionales. Por esa razón es fundamental que se siga investigando en el desarrollo de nuevos tratamientos”.
Según un estudio que recoge datos de 15 hospitales españoles incluidos en el Registro Español de Enfermedades Neuromusculares del CIBERER (NMD-ES), un 8,5% de los pacientes españoles con miastenia gravis son farmacorresistentes.
Esta resistencia a los tratamientos es mayor en el caso de las mujeres y en los pacientes más jóvenes.
Desde la SEN se insiste en recordar que los mayores retrasos diagnósticos de miastenia gravis que se producen en España se dan en los casos de inicio temprano o tardío, por lo que llama a no subestimar la relativa poca incidencia de esta enfermedad en ciertas franjas de edad, o a achacar los primeros síntomas al envejecimiento o a otras dolencias. BP

El grito de la mujer…

Cuando en los años ochenta del siglo I Mateo escribe su evangelio, la Iglesia tiene planteada una grave cuestión: ¿qué han de hacer los seguidores de Jesús? ¿Encerrarse en el marco del pueblo judío o abrirse también a los paganos?

Jesús solo había actuado dentro de las fronteras de Israel. Eliminado rápidamente por el representante de Roma y los dirigentes del templo, no había podido hacer nada más. Sin embargo, rastreando en su vida, los discípulos recordaron dos cosas muy iluminadoras. Primero, Jesús era capaz de descubrir entre los paganos una fe más grande que entre sus propios seguidores. Segundo, Jesús no había reservado su compasión solo para los judíos. El Dios de la compasión es de todos.

La escena es conmovedora. Una mujer sale al encuentro de Jesús. No pertenece al pueblo elegido. Es pagana. Proviene del maldito pueblo de los cananeos, que tanto había luchado contra Israel. Es una mujer sola y sin nombre. Tal vez es madre soltera, viuda o ha sido abandonada por los suyos.

Mateo solo destaca su fe. Toda su vida se resume en un grito que expresa lo profundo de su desgracia. Viene detrás de los discípulos «gritando». No se detiene ante el silencio de Jesús ni ante el malestar de sus discípulos. La desgracia de su hija, poseída por «un demonio muy malo», se ha convertido en su propio dolor: «Señor, ten compasión de mí».

En un momento determinado, la mujer alcanza al grupo, detiene a Jesús, se postra ante él y de rodillas le dice: «Señor, socórreme». No acepta las explicaciones de Jesús, dedicado a su quehacer en Israel. No acepta la exclusión étnica, política, religiosa y de sexos en que se encuentran tantas mujeres, sufriendo soledad y marginación.

Es entonces cuando Jesús se manifiesta en toda su humildad y grandeza: «Mujer, ¡qué grande es tu fe!, que se cumpla lo que deseas». La mujer tiene razón. De nada sirven otras explicaciones. Lo primero es aliviar el sufrimiento. Su petición coincide con la voluntad de Dios.

¿Qué hacemos los cristianos de hoy ante los gritos de tantas mujeres solas, marginadas, maltratadas y olvidadas por la Iglesia? ¿Las dejamos de lado justificando nuestro abandono por exigencias de otros quehaceres? Jesús no lo hizo. JAP

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