lunes, 27 de julio de 2026

Día litúrgico: Martes XVII (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 13,36-43): En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo». Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.
»De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy también es Jesús quien nos explica la ‘Parábola de trigo y la cizaña’…
—No te pienses que lo de la ‘cizaña’ es cosa del pasado. Por ejemplo, ¿siembras ‘buen rollo’ en tu casa? ¿O cizaña?

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Cómo saber si un desmayo requiere atención médica urgente…

En un mundo marcado por las prisas y el estrés constante, un desmayo o una pérdida repentina de conciencia suelen interpretarse como un simple susto pasajero. Sin embargo, ese instante en blanco, por breve que sea, puede ser indicio de algo mucho más serio. En este contexto, saber cuándo intervenir a tiempo no solo ayuda a evitar complicaciones, sino que puede marcar la diferencia entre un susto y una emergencia médica.
Según profesionales del Hospital Clínic Barcelona (España), reconocer las señales de alerta es clave para saber actuar con rapidez y, cuando es necesario, buscar atención especializada. Aunque algunos desmayos se deben a causas menores, como una bajada puntual de tensión o una tos intensa, ciertos síntomas pueden indicar un cuadro grave.
Síntomas que no deben pasarse por alto
Sentir dolor o presión en el pecho justo antes del episodio puede ser señal de un problema cardíaco. Lo mismo ocurre si aparecen palpitaciones inusuales (ya sea un ritmo muy acelerado o sorprendentemente lento), posibles indicios de una arritmia que requiere atención inmediata. Otro síntoma que no debe pasarse por alto es el dolor de cabeza intenso y repentino, que podría estar relacionado con un ACV, o la dificultad para respirar y la sensación de ahogo, síntomas que pueden revelar una afección respiratoria o circulatoria.
La edad y los antecedentes médicos también son importantes. En personas mayores o con enfermedades cardíacas previas, como infartos o problemas en las válvulas del corazón, incluso un desmayo leve merece una evaluación médica. La repetición de episodios o su aparición en contextos de esfuerzo físico tampoco deben pasarse por alto. En todos estos escenarios, acudir sin demora a un centro de urgencias es la mejor forma de prevenir complicaciones.
Pruebas médicas habituales en Urgencias
Cuando una persona acude a una sala de emergencias tras la pérdida de conciencia, el equipo médico sigue un protocolo determinado que le permite evaluar la gravedad del episodio. El primer paso es controlar las constantes vitales, como la presión arterial y el ritmo cardíaco, para obtener una visión general del estado del paciente. A esto le sigue una historia clínica detallada y una exploración física, centrada especialmente en descartar problemas cardíacos.
El electrocardiograma es una prueba clave en estos casos, ya que permite detectar alteraciones en el ritmo del corazón, como arritmias, que podrían explicar el desmayo.
En pacientes con diabetes que toman hipoglucemiantes orales o insulina, también se realiza una glucemia capilar mediante un pinchazo en el dedo, lo que permite descartar que la bajada de azúcar sea la causa del desmayo.
Si tras esta primera evaluación no se detecta ninguna anomalía evidente ni existen antecedentes preocupantes, habitualmente no son necesarias más pruebas. Sin embargo, en algunos casos, para afinar el diagnóstico, se pueden solicitar análisis de sangre, una radiografía de tórax o una medición de oxígeno en sangre.
El resultado de todo este proceso permite decidir si la persona puede regresar a casa con tranquilidad o si debe ser derivada a un especialista, como un profesional en cardiología o neurología, para continuar con la evaluación e iniciar un posible tratamiento.
Aunque en muchos casos pueda tratarse de un episodio aislado y sin consecuencias, por muy breve que sea, un desmayo o una pérdida de conocimiento no deben tomarse a la ligera. Si hay dudas o aparecen señales de alerta, lo más prudente es acudir cuanto antes a un Servicio de Urgencias o un Hospital. BP

Cuando todo cambia…

Calle estrecha. Ruido de tráfico. Un banco de parque desgastado. Te sientas, y de pronto Él está ahí. No trae un discurso preparado ni una lista de reglas. Solo te mira, y espera que hables.

Empiezas con lo de siempre: lo que duele, lo que falta, lo que no entiendes. Pero en algún momento, sin darte cuenta, tus palabras cambian. Ya no hablas solo de problemas, hablas de confianza. Ya no repites miedos, sino que empiezas a soñar en voz alta.

Porque cuando hablas con Dios, no solo le cuentas tu vida: Él te recuerda que tu vida está en Sus manos. Y lo que parecía imposible, lo que te pesaba como una piedra, de pronto se vuelve más liviano… porque ya no lo cargas solo.

En esta ciudad que corre y no escucha, detente. Busca un rincón, una banca, una mirada… y habla con Él. No importa cómo empieces: si es con queja, gratitud o silencio. Lo importante es que empieces. Porque cuando hablas con Dios, todo cambia. Y muchas veces, el primero en cambiar… eres tú.

Derramen ante Él su corazón, Dios es nuestro refugio’ (Sal 62,9) RM

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