La Alianza Contra la
Incontinencia Urinaria (ALiNUR) ha advertido que esta afección es un problema
‘silenciado’ frente al que se deben romper tabúes para que las afectadas dejen
de normalizar las pérdidas de orina y acudan a Atención Primaria (AP) a recibir
un tratamiento adecuado, algo para lo que también se necesita mejorar la
formación de los profesionales sanitarios.
Las 9 sociedades científicas
que forman ALiNUR han presentado un documento de consenso que recoge la
situación de la incontinencia urinaria (IU) femenina en España, identifica
retos específicos y plantea propuestas de mejora con el objetivo de
impulsar un abordaje integral
de la afección, que permita un diagnóstico precoz, el acceso equitativo a
tratamientos y el fomento de la investigación.
La presidenta de la Asociación
para la Incontinencia Anal (ASIA), Àngels Roca, ha detallado que entre 55 y 60 millones
de personas se ven afectadas por la incontinencia urinaria en Europa, y hasta 3
millones solo en España. Pese a su alto impacto en la vida social, familiar,
laboral e incluso sexual, ha destacado que está infradiagnosticada e
infratratada.
Tipos de pacientes con
incontinencia
Esta afección tiende a
asociarse con el envejecimiento, pero Roca ha precisado que las pacientes no
son siempre mujeres mayores. El informe de ALiNUR detalla que uno de los
perfiles de afectadas es el de aquellas mujeres menores de 50 años, cuya
incontinencia se asocia principalmente con factores como el embarazo, el parto
vaginal y la práctica de actividades físicas de alto impacto. De hecho, se
estima que 1 de cada 4 mujeres puede padecer IU durante el primer año posparto,
y entre un 10 y 20% puede continuar experimentando síntomas hasta cinco años
después.
En pacientes mayores de 50
años, aquellas mujeres pre y posmenopáusicas, la prevalencia varía entre el 46
y el 64%, debido a factores hormonales y cambios en la musculatura del suelo
pélvico. El tercer perfil sería el de mujeres de edad avanzada con
comorbilidades, polimedicación y movilidad reducida, entre las que hay un
número considerable de casos.
El tratamiento varía en
función del perfil de la paciente, sus propias características y las de la
incontinencia, ya que esta puede producirse en determinados momentos, como al
toser, reír, practicar deportes de impacto o levantar objetos pesados
(incontinencia de esfuerzo); o suceder de manera repentina, por un deseo
incontrolable de orinar (incontinencia de urgencia).
Teniendo esto en cuenta, el
abordaje médico puede incluir medidas menos invasivas, denominadas
conservadoras, como cambios en el estilo de vida y ejercicios de
rehabilitación; tratamiento farmacológico; técnicas de electroestimulación o
cirugía; y, por último, medidas paliativas cuando la paciente tiene
comorbilidades, está polimedicada o tiene movilidad reducida.
En todo caso, el médico de
familia Raúl Salmerón, de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia
(SEMG), ha hecho hincapié en que la ‘puerta de entrada’ a la asistencia médica
es la Atención Primaria, donde las pacientes deben acudir cuando perciban estas
pérdidas de orina para poder abordarlas, empezando por medidas
higiénico-dietéticas para continuar con tratamiento farmacológico y, en su
caso, ser derivada a un especialista si el problema persiste.
A este respecto, el urólogo
Carlos Errando, de la Sociedad Iberoamercana de Neurología y Uroginecología
(SINUG), ha puntualizado que se debe preguntar a la paciente por sus
preferencias y hasta qué punto le afecta la IU en su vida para adaptar el
tratamiento a esto, ya que si una mujer no quiere pasar por cirugía, por
ejemplo, habrá que tomar un camino alternativo.
Problemas dermatológicos,
riesgo de caídas
El informe elaborado por
ALiNUR enumera los retos que plantea la IU, que es la tercera enfermedad
crónica que más pérdida de años de vida produce, además de conllevar una carga
económica sustancial, valorada en más de 69 mil millones de euros en toda
Europa, lo que supone la mitad de la carga económica de la diabetes y dos
tercios de del cáncer.
La ginecóloga y presidenta de
la Sección de Suelo Pélvico de la Sociedad Española de Ginecología y
Obstetricia (SEGO), Irene Díez, ha precisado que la IU puede producir problemas
dermatológicos causados por los absorbentes (pañales o compresas) que muchas
mujeres necesitan; aumenta la posibilidad de infecciones del tracto urinario
inferior; puede llevar a deshidratación porque muchas pacientes deciden disminuir
el consumo de líquidos; y la necesidad urgente de acudir al baño, también por
la noche, aumenta el riesgo de caídas.
Además de desafíos físicos, la
Dra. Díez ha hecho hincapié en la carga psicológica asociada, ya que muchas
mujeres piensan que tener incontinencia es un motivo de vergüenza y lo ocultan,
evitan las relaciones sexuales por la posibilidad de escapes de orina y el olor
de los absorbentes puede llegar a llevarlas al aislamiento social. En este
sentido, se estima que el 30% de las mujeres con IU tienen síntomas
relacionados con la depresión.
Entre otros retos, la
ginecóloga ha apuntado que la incontinencia urinaria conlleva desafíos de
sostenibilidad, pues emplear entre 4 y 6 absorbentes al día puede suponer un
gasto de 4.000 euros al año. En relación con el medio ambiente, ha comentado
que un absorbente puede tardar entre 300 y 500 años en desaparecer.
“Este es un problema
silencioso que es como un iceberg, posiblemente vemos el pico, pero no vemos la
profundidad”, ha aseverado por su parte la miembro de la directiva de la
Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica (SEEGG) María
Victoria García, quien ha expuesto las propuestas de mejora necesarias.
Además de priorizar la
incontinencia urinaria en la agenda pública, darle visibilidad y poner en
marcha campañas de sensibilización y programas educativos desde edades
tempranas que ayuden a eliminar el estigma social de la afección, García ha
señalado que se debe fomentar la formación de todos los profesionales
sanitarios a cualquier nivel y, en especial, la de Atención Primaria.
Del mismo modo, ha insistido
en que debe existir una buena coordinación entre niveles asistenciales porque
actuar de forma asilada “no tiene sentido, no se verán los resultados”. En este
punto, ha destacado la importancia de un abordaje multidisciplinar, con la
creación y fortalecimiento de Unidades Multidisciplinares de Suelo Pélvico en
hospitales de referencia, donde una enfermera de enlace guíe la asistencia.
Para finalizar, ha subrayado
que ante esta situación hay que incentivar la investigación para poder conocer
la prevalencia real de la incontinencia urinaria y el perfil de las mujeres
afectadas, con el objetivo de poder actuar desde la evidencia y promover
estudios sobre tratamientos y dispositivos médicos que ofrezcan soluciones más
efectivas y menos invasivas. BP