lunes, 16 de febrero de 2026

Día litúrgico: Martes VI (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 8,14-21): En aquel tiempo, los discípulos se habían olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca más que un pan. Jesús les hacía esta advertencia: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes». Ellos hablaban entre sí que no tenían panes. Dándose cuenta, les dice: «¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de cuando partí los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?». «Doce», le dicen. «Y cuando partí los siete entre los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?» Le dicen: «Siete». Y continuó: «¿Aún no entendéis?».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy algunos discípulos embarcan con Jesús. Se habían olvidado de tomar panes para la travesía. Cuando Jesús les previene de la ‘levadura’ (del peligro) de los fariseos, se piensan que el Señor les regaña por el olvido de las provisiones del viaje.
—El Maestro nos invita a preocuparnos menos por los panes (teléfono, zapatillas…) y atender más al ‘pan de la Verdad’, sin dejarnos engañar por los señuelos baratos de la vida que embotan nuestro corazón.

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Anemia – Una señal de alarma de enfermedades graves...

El cansancio persistente, la falta de aire o la palidez suelen naturalizarse. Sin embargo, detrás de esos síntomas aparentemente leves puede esconderse una señal de alarma. La anemia, una de las condiciones de salud más frecuentes a nivel global, puede ser el primer indicador de enfermedades hematológicas graves que ponen en riesgo la vida si no se detectan a tiempo.
Según datos de la OMS, más de 800 millones de personas viven con anemia en el mundo, con mayor impacto en mujeres, adultos mayores y poblaciones vulnerables. Aunque la deficiencia de hierro es su causa más común, no todas las anemias son iguales ni benignas: en muchos casos, constituyen la primera manifestación de trastornos hematológicos complejos.
Anemia: cuando el síntoma esconde algo más
La anemia se produce cuando el organismo no cuenta con suficientes glóbulos rojos sanos o hemoglobina para transportar oxígeno a los tejidos. Esto genera un déficit sistémico que afecta órganos vitales y deteriora progresivamente la calidad de vida.
Entre sus síntomas más frecuentes se encuentran:
● Cansancio
● Debilidad
● Falta de aire
● Dolor de cabeza
● Manos y pies fríos
● Mareos
● Piel pálida o amarillenta
● Latidos irregulares del corazón
Cuando estos signos se sostienen en el tiempo, no deben atribuirse únicamente al estrés, la edad o el ritmo de vida. En determinados casos, la anemia puede ser la puerta de entrada al diagnóstico de enfermedades graves como el síndrome mielodisplásico (SMD) o la beta talasemia.
“Identificar la anemia y comprender su posible origen es fundamental para detectar precozmente enfermedades hematológicas graves. Cuando se la minimiza, se pierde un tiempo valioso para intervenir”, señaló la Dra. Marcela De Riz, médica hematóloga.
Síndrome mielodisplásico: un cáncer de la sangre que suele empezar con anemia
El síndrome mielodisplásico (SMD) es un tipo de cáncer de la sangre en el que la médula ósea no produce células sanguíneas sanas y maduras. A nivel global, su incidencia en población general es 4,9 por cada 100 mil personas-año, y aumenta significativamente con la edad, con una media de diagnóstico entre los 70 y 76 años.
En 8 de cada 10 personas con SMD, la anemia es el primer hallazgo clínico, pero suele subestimarse o atribuirse erróneamente al envejecimiento, lo que retrasa el diagnóstico y limita las opciones terapéuticas.
Beta talasemia: una enfermedad hereditaria poco frecuente que también comienza con anemia
La beta talasemia es un trastorno sanguíneo hereditario que afecta la producción de hemoglobina y genera glóbulos rojos menos numerosos y menos funcionales. Aunque se trata de una Enfermedad Poco Frecuente (EPoF), su impacto es significativo y muchas personas desconocen que la padecen.
A nivel global, se estima que 1 de cada 100.000 personas por año desarrolla una forma sintomática, mientras que entre 80 y 90 millones de personas en el mundo son portadoras del gen que causa la enfermedad, muchas de ellas sin saberlo. La condición afecta por igual a mujeres y varones, y su distribución es mayor en determinadas regiones, aunque puede presentarse en cualquier población, lo que refuerza la necesidad de diagnóstico oportuno y correcto ante la presencia de anemia persistente.
En Argentina, se estima que el 1-2% de la población es portadora de beta talasemia menor, muchas veces sin saberlo, lo que refuerza la necesidad de diagnóstico oportuno y correcto.
La beta talasemia suele clasificarse en tres tipos -menor, intermedia y mayor- que van desde anemia leve y asintomática hasta cuadros graves que requieren transfusiones regulares, con riesgo de complicaciones cardíacas, hepáticas y endocrinas si no se tratan adecuadamente. BP

Importancia social del perdón…

No es fácil escuchar la llamada de Jesús al perdón ni sacar todas las implicaciones que puede tener el aceptar que un hombre es más humano cuando perdona que cuando se venga.
Sin duda hay que entender bien el pensamiento de Jesús. Perdonar no significa ignorar las injusticias cometidas, ni aceptarlas de manera pasiva o indiferente. Al contrario, si uno perdona es precisamente para destruir, de alguna manera, la espiral del mal, y para ayudar al otro a rehabilitarse y actuar de manera diferente en el futuro.
En la dinámica del perdón hay un esfuerzo por superar el mal con el bien. El perdón es un gesto que cambia cualitativamente las relaciones entre las personas y busca plantearse la convivencia futura de manera nueva. Por eso el perdón no ha de ser solo una exigencia individual, sino que debería tener una traducción social.
La sociedad no debe dejar abandonado a ningún hombre, ni siquiera al culpable. Toda persona tiene derecho a ser amada. No podemos aceptar que la represión penal solo «devuelva mal por mal» al encarcelado, hundiéndolo en su delito, degradando su existencia e impidiendo su verdadera rehabilitación.
El gran jurista G. Radbruch entiende que el castigo como imposición del mal por el mal ha de ir desapareciendo para convertirse, en lo posible, en «estímulo para saldar el mal con el bien, único modo en que puede ejercerse en la tierra una justicia que no empeora a esta, sino que la transforma en un mundo mejor».
No existe justificación alguna para actuar de manera vejatoria o injusta con ningún encarcelado, sea delincuente común o político. Nunca avanzaremos hacia una sociedad más humana si no abandonamos posturas de represalia, odio y venganza.
Por eso es también una equivocación incitar a la gente a la revancha. El grito de «el pueblo no perdonará» es, por desgracia, comprensible, pero no es el camino acertado para enseñarle a construir un futuro más humano.
El rechazo del perdón es un grito que, como creyentes, no podemos suscribir nunca, porque, en definitiva, es un rechazo de la fraternidad querida por Aquel que nos perdona a todos. JAP

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