lunes, 20 de abril de 2026

Día litúrgico: Martes III (A) de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,30-35): En aquel tiempo, la gente dijo a Jesús: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy la gente le pide a Jesús un milagro para creer en Él. En tiempos de Moisés el pueblo judío se alimentó en el desierto durante años con el ‘maná’ (una especie de pan muy fino que aparecía en el suelo cada mañana). Pero el Señor les responde que quien da el verdadero ‘pan del cielo’ es el Padre.
—¿Quién es el pan bajado del cielo? Jesús mismo, enviado por el Padre. Por esto, si estás con Jesús ya no sufrirás hambre: tendrás paz y alegría.

La Oración Dominical – 19 de Abril…

Dios nos habla
·  “Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
El les dijo: “¿Qué comentaban por el camino?”. Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!”. “¿Qué cosa?”, les preguntó. Ellos respondieron: “Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.
Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo.
Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron”. Jesús les dijo: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!
¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?” Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. Cuando llegaron cerca del pueblo adónde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba”. El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”.
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, estos les dijeron: “Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón! Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan” (Lc 24,13-35).
Reflexión
·  “Estos días leemos el relato de la resurrección del Señor según los cuatro evangelistas. Y es necesario leerlos a todos, porque cada evangelista por separado no lo dijo todo, sino que lo que uno omite lo dice el otro. Y de tal manera se completan unos a otros, que todos son necesarios. El evangelista Marcos apenas si esbozó lo que Lucas ha narrado más ampliamente respecto de aquellos dos discípulos, que no eran del grupo de los Doce, y que sin embargo eran discípulos; a los cuales el Señor se apareció cuando iban de camino y se puso a caminar con ellos. Marcos se limita a decir que el Señor se apareció a dos de ellos que iban de viaje; en cambio el evangelista Lucas nos cuenta —como acabamos de escuchar— todo lo que les dijo, lo que les respondió, hasta dónde caminó con ellos y cómo le reconocieron en la fracción del pan. ¿Qué es, hermanos, qué es lo que aquí se debate? Tratamos de afianzarnos en la fe que nos asegura que Cristo, el Señor, ha resucitado. Ya creíamos cuando hemos escuchado el evangelio, y al entrar hoy en esta iglesia éramos ya creyentes; y sin embargo, no sé por qué se oye siempre con gozo lo que nos refresca la memoria. Y ¿cómo no va a alegrarse nuestro corazón desde el momento en que nos parece ser mejores que estos dos que van de camino y a quienes el Señor se aparece? Pues nosotros creemos lo que ellos todavía no creían. Habían perdido la esperanza, mientras que nosotros no abrigamos duda alguna sobre lo que para ellos constituía motivo de duda. Habían perdido la esperanza porque el Señor había sido crucificado… Con todo, recordad, carísimos, cómo el Señor Jesús quiso ser reconocido al partir el pan por aquellos, cuyos ojos eran incapaces de reconocerlo. Los fieles comprenden lo que quiero decir, pues también ellos reconocen a Cristo en la fracción del pan. Porque no cualquier pan se convierte en el cuerpo de Cristo, sino tan sólo el que recibe la bendición de Cristo” (San Agustín de Hipona, Sermón 234 (1-2).
Nosotros le hablamos
·  “Señor y Padre nuestro, tu pueblo ha sido rejuvenecido por la gracia y vive la alegría de tus dones; concédenos ahora regocijarnos por haber recobrado nuestra condición de hijos y aguardar con firme esperanza el día de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos” (Oración colecta).
Nuestra vida cambia
·  ¿Encontramos a Jesús leyendo la Palabra de Dios?
·  ¿Lo encontramos en el Sacramento de la Eucaristía?
·  Ambos encuentros, ¿van cambiando nuestra vida?

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¿Qué es la abulia?...

A continuación, repasamos qué es la abulia, cuáles son sus causas y cuáles sus posibles tratamientos.
¿Qué es la abulia y cómo se manifiesta?
Según la Clínica Universidad de Navarra (España), la abulia es un trastorno neuropsiquiátrico que se manifiesta como una marcada falta de voluntad o dificultad para iniciar y mantener actividades. Describe una pérdida significativa de motivación e iniciativa, sin que necesariamente exista tristeza, como ocurre en la depresión.
Las personas con abulia pueden mostrar apatía, desinterés por lo cotidiano y problemas para tomar decisiones. Es común, según la clínica citada, que este trastorno esté presente en enfermedades como la esquizofrenia, la depresión mayor, los trastornos del espectro autista y diversos tipos de demencia, como el Alzheimer. También puede surgir tras lesiones cerebrales, ACV o enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson.
Causas psicológicas y neurológicas de la abulia
A nivel cerebral, según la Clínica Universidad de Navarra, la abulia está relacionada con alteraciones en regiones como la corteza prefrontal, los ganglios basales y el sistema dopaminérgico, todos fundamentales para la motivación, la toma de decisiones y el control de la conducta. Cuando estas áreas no funcionan correctamente, se reduce la capacidad de iniciar acciones.
Diagnóstico y tratamientos recomendados
Según la Clínica Universidad de Navarra, el diagnóstico puede ser complejo, ya que los síntomas se parecen a los de la apatía o la depresión. Sin embargo, a diferencia de esta última, en la abulia el estado de ánimo puede mantenerse estable, aunque la persona no actúe ni muestre iniciativa.
El tratamiento combina opciones farmacológicas -como antidepresivos o medicamentos que aumentan la dopamina- con terapias psicológicas. La terapia cognitivo-conductual puede ayudar a establecer rutinas, fijar metas y reforzar comportamientos positivos, según la Clínica Universidad de Navarra. También se emplea la terapia ocupacional para fomentar la autonomía en la vida diaria.
El apoyo familiar y social es esencial. Estimular la participación en actividades y mantener un entorno comprensivo puede mejorar la evolución del paciente. Además, la investigación actual, mediante técnicas como la resonancia magnética funcional, busca entender mejor este trastorno y desarrollar tratamientos más eficaces.
Según la Clínica Universidad de Navarra, aunque no siempre puede prevenirse, tratar a tiempo las enfermedades asociadas y ofrecer una buena rehabilitación puede reducir el impacto de la abulia en la vida cotidiana. BP

Ardía el corazón…

“Lo que ya estaba pasando”

Regresan. Pero ahora todo es distinto. No porque el camino cambió. Sino porque ellos cambiaron. Y entonces lo dicen:

“¿No ardía nuestro corazón…?”

Ahí estaba la clave. Cristo no apareció de repente. Ya venía actuando. En las palabras. En la compañía. En el caminar juntos. Pero no lo habían notado.

Eso me deja pensando. ¿Cuántas veces algo en mí ya está cambiando… y no lo reconozco? ¿Cuántas veces la fe ya está viva… pero yo sigo esperando otra señal?

El corazón entiende antes que la mente. Pero no siempre le hacemos caso.

Cierre
A veces Dios ya está actuando… y nosotros apenas empezamos a darnos cuenta.
RM

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