Compartir, ayudar y motivar son las prioridades de este blog, tratando de iluminar el camino de nuestros semejantes con nuestra pequeña luz interior, basados en tres pilares fundamentales: "Respeto, Humildad y Honestidad"
jueves, 16 de julio de 2026
Día litúrgico: Viernes XV (A) del tiempo ordinario
Cantos Gregorianos – Pero mira como beben…
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La ley del hielo en la crianza - El silencio como castigo emocional tiene consecuencias…
El Mundial y el equipo de Dios…
Y honestamente lo entiendo. La gran competencia internacional
de fútbol tiene ese ‘efecto’ de unir familias, amigos y hasta desconocidos
frente a una pantalla.
Pero hace unos días el Papa León XIV hizo una
reflexión que me llamó mucho la atención. Dijo que el fútbol es una metáfora de
la vida, porque “quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no
ha entendido el juego”.
Y mientras escuchaba esa frase pensé... También
aplica para nuestra vida de fe.
Vivimos en una cultura donde constantemente nos
invitan a destacar por encima de los demás. Tener más seguidores, más
reconocimiento, más éxito, más aplausos. Incluso en la iglesia está la señora
que quiere cantar el salmo ‘más bonito’ o el monitor que hasta critica al
sacerdote por algo que dijo en la homilía.
Pero el Evangelio nunca ha sido sobre formar
‘estrellas’, se ha tratado de formar discípulos. Y un discípulo entiende que el
Reino de Dios no se construye solo.
Tenemos el ejemplo de Jesús, él pudo haber
anunciado el Evangelio completamente solo, pero en vez de avanzar por su
cuenta, llamó a doce apóstoles. Después envió a setenta y dos discípulos, fundó
una Iglesia y creó una comunidad.
Hemos llegado a olvidar algo muy importante: La fe
nunca fue pensada para vivirse en aislamiento.
A veces creemos que ser un buen católico consiste
únicamente en ir a misa, rezar y procurar no hacer cosas malas. Pero Cristo fue
mucho más allá. Nos pidió anunciar el Evangelio, servir a los demás y
caminar juntos. En esta época de grandes torneos deportivos se podría decir: pasar
el balón.
Porque de nada sirve que tengas muchos talentos si
solo los utilizas para ti. Puedes cantar increíble, pero si nunca ayudas a
animar una misa o un retiro, ese talento se queda guardado. Puedes saber
muchísimo de la Biblia, pero si nunca acompañas a alguien que tiene dudas sobre
Dios, ese conocimiento no produce fruto.
Puedes tener un corazón generoso, pero si nunca
compartes tu tiempo con quien lo necesita, tu fe termina jugándose en la banca.
San Pablo lo explicó de una manera hermosa cuando
comparó a la Iglesia con un cuerpo. “Así como el cuerpo es uno y tiene
muchos miembros... así también Cristo” (1
Corintios 12,12). No todos somos la misma parte, no todos tenemos el
mismo talento, pero todos somos necesarios.
En un equipo de fútbol hay delanteros, defensas,
porteros y mediocampistas. Todos cumplen una función distinta. Imagínate
un partido donde los once quisieran ser delanteros, ¡sería un desastre! Lo
mismo ocurre en la Iglesia.
Hay quienes evangelizan, quienes cantan, quienes
enseñan catequesis, quienes visitan enfermos, quienes organizan actividades,
quienes simplemente escuchan y acompañan.
¡Todos son importantes! Y todos juegan para el
mismo equipo. El Papa León XIV nos recuerda que la vida cristiana no
consiste en lucirse, sino en aprender a jugar para el bien común.
Porque el verdadero triunfo no es que una sola
persona anote el gol, es que todo el equipo llegue a la meta. Así que la
próxima vez que veas un partido importante, fíjate en algo más que los goles.
Observa cómo se comunican, cómo se apoyan, cómo
celebran juntos, cómo uno corre para que otro pueda anotar. Y lo más
importante pregúntate: ¿Estoy jugando solo mi partido... o estoy ayudando
a que otros también lleguen a Cristo?
Porque al final, el mejor equipo no siempre es el
que tiene más figuras, es el que aprendió a jugar unido. Y en ese
equipo... Cristo siempre lleva el gafete de capitán. AP
Música... 01
Virgen del Carmen... 11
16 de Julio...
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miércoles, 15 de julio de 2026
Día litúrgico: Jueves XV (A) del tiempo ordinario
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Buenos días... 2026-190
martes, 14 de julio de 2026
Día litúrgico: Miércoles XV (A) del tiempo ordinario
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Hidradenitis supurativa: ¿Se puede tratar?...
La puerta estrecha en medio del asfalto…
El Papa León XIV recordó el domingo, 24 de agosto
de 2025, que la fe no se mide por el número de velas encendidas ni por la
asistencia a ritos externos, sino por la transformación del corazón y la
coherencia de las obras. Una fe verdadera se abre camino en gestos concretos:
tender la mano al que duerme en la acera, luchar por la justicia en medio de la
corrupción, cuidar la vida incluso cuando la lógica del egoísmo dicta lo
contrario.
Puerta estrecha, puerta siempre abierta
El Papa explicó que la puerta estrecha no
contradice la misericordia de Dios:
Es estrecha porque exige humildad, conversión y
vencer el orgullo.
Es amplia porque es Cristo mismo quien invita y la
mantiene abierta sin distinción.
La salvación no es privilegio de unos pocos, sino
misericordia que fluye y derriba barreras.
Dios acoge a todo aquel que se acerca con corazón
sincero y dispuesto a transformarse
En esta ciudad donde abundan puertas que se cierran
—las del empleo, de la vivienda, de la salud, del afecto—, hay una que
permanece abierta: la de Cristo. Entrar por ella significa tomar decisiones
valientes, a veces incómodas o impopulares, pero fecundas en amor y justicia.
El Papa nos advierte: no basta la etiqueta de
‘religiosos’ si la vida no cambia. Dios rechaza el culto vacío y abraza la
coherencia sencilla: la justicia que se practica en la oficina, la paciencia en
el transporte público, la solidaridad en la colonia. Esa es la verdadera
salvación que se abre paso en medio del concreto.
Hoy, Cristo en la Ciudad nos recuerda que la estrechez
de la puerta no es obstáculo, sino camino. Un camino que se recorre con
humildad, con obras de misericordia y con la certeza de que, aunque cueste,
siempre conduce a la alegría plena del Evangelio. RM
Nota mental... 02
14 de Julio - Día del Misionero... 01
14 de Julio...
Buenos días... 2026-189
lunes, 13 de julio de 2026
Día litúrgico: Martes XV (A) del tiempo ordinario
La Oración Dominical – 12 de Julio…
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Sembrar con Fe…
Acostumbrados
a una «sociedad de cristiandad» donde lo religioso estaba presente visiblemente
en nuestras calles, plazas, escuelas y hogares, son muchos los creyentes que
sienten malestar y sufren ante la nueva situación.
Más
aún. Casi sin darnos cuenta podemos llegar a pensar que el evangelio ha perdido
su anterior virtualidad, y el mensaje de Jesús no tiene ya garra ni fuerza de
convicción para el hombre moderno.
Por
eso se hace necesario escuchar con atención la parábola de Jesús. Aun en su
aparente insignificancia y modestia, el evangelio sigue encerrando una
virtualidad poderosa para «salvar» al hombre de lo que le deshumaniza.
Difícilmente encontraremos algo o a alguien que pueda dar un sentido más humano
y liberador a nuestras vidas.
Es
cierto que, para ejercer su fuerza liberadora, este evangelio ha de ser
presentado con fidelidad, en toda su verdad, sus exigencias y su esperanza. Sin
deformaciones ni cobardías. Sin parcialismos intencionados ni manipulaciones
interesadas.
Es
cierto también que el evangelio exige una acogida sincera y una disponibilidad
total. Y son muchos los factores que, como la riqueza, los intereses egoístas o
la cobardía, pueden ahogar y anular la eficacia de la palabra de Jesús.
Pero
el evangelio sigue teniendo hoy una energía humanizadora insospechada.
Olvidarlo sería un error lamentable para la sociedad moderna. En cualquier
caso, los creyentes hemos de recordar que no es momento de «cosechar», sino
hora de sembrar con fe en la fuerza renovadora que se encierra en el evangelio.
JAP















