Ofrecemos estos
breves puntos con la intención de que puedan servir para la meditación
individual o comunitaria. Son tomados de las lecturas y de las oraciones de la
misa del domingo 17 de agosto de 2025.
Se dividen en tres
partes: lo que Dios nos dice (con un comentario que nos puede ayudar a
comprender el Evangelio); lo que nosotros podemos decirle a Él como respuesta;
y de qué modo podemos llevarlo a la vida cotidiana. Dios quiera que ayuden a
muchos a dedicarle, cada domingo, un tiempo especial a Dios, nuestro Señor.
Dios nos habla
•
“Jesús dijo a sus discípulos: Yo he venido a traer fuego
sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir
un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!
¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he
venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia
estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y
el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la
suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra” (Lc 12, 49-53).
•
“El profeta Jeremías decía al pueblo: «Así habla el Señor: “Esta
ciudad será entregada al ejército del rey de Babilonia, y éste la tomará”». Los
jefes dijeron al rey: «Que este hombre sea condenado a muerte, porque con
semejantes discursos desmoraliza a los hombres de guerra que aún quedan en esta
ciudad, y a todo el pueblo. No, este hombre no busca el bien del pueblo, sino
su desgracia». El rey Sedecías respondió: «Ahí lo tienen en sus manos, porque
el rey ya no puede nada contra ustedes». Entonces ellos tomaron a Jeremías y lo
arrojaron al aljibe de Malquías, hijo del rey, que estaba en el patio de la
guardia, descolgándolo con cuerdas. En el aljibe no había agua sino sólo barro,
y Jeremías se hundió en el barro. Ebed Mélec salió de la casa del rey y le
dijo: «Rey, mi señor, esos hombres han obrado mal tratando así a Jeremías; lo
han arrojado al aljibe, y allí abajo morirá de hambre, porque ya no hay pan en
la ciudad». El rey dio esta orden a Ebed Mélec, el cusita: «Toma de aquí a tres
hombres contigo, y saca del aljibe a Jeremías, el profeta, antes de que muera»”
(Jer 38, 3-6. 8-10).
Reflexión
““He venido a traer
fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!” El Señor
quiere que seamos vigilantes, esperando de un momento a otro la venida del
Salvador… Pero como el provecho es poco y débil el mérito cuando es el temor al
suplicio lo que nos aparta del camino errado, porque el amor tiene un valor
superior, por esto el Señor mismo… inflama nuestro deseo de Dios cuando dice:
“He venido a prender fuego en el mundo“. Desde luego no un fuego que destruye,
sino aquel que genera una voluntad dispuesta, aquel que purifica los vasos de
oro de la casa del Señor, consumiendo la paja (1 Cor 13,12ss) limpiando toda ganga del mundo, acumulada por el
gusto de los placeres mundanos, obra de la carne que tiene que perecer” (San Ambrosio, Tratado sobre San Lucas n. 7,
131).
Nosotros le hablamos
•
“Dios nuestro, que has preparado bienes invisibles para los
que te aman, infunde en nuestros corazones la ternura de tu amor para que,
amándote en todas y sobre todas las cosas, alcancemos tus promesas que superan
todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina en la
unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos” (Oración Colecta).
Nuestra vida cambia
•
¿Vivimos nuestra fe con convicción y fidelidad?
•
¿Perdimos a Dios vivir de la ternura de su amor?
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