Cristo se
manifiesta en la ciudad.
La ciudad no se
transforma de golpe. Pero algo cambia cuando Cristo es reconocido.
Los Magos no
regresaron igual. Tomaron otro camino.
Eso hace la Epifanía:
no cambia el mundo de inmediato, pero cambia nuestra manera de caminarlo.
Cristo se
manifiesta para todos. No solo para los cercanos. No solo para los creyentes
‘perfectos’.
Se deja ver en
la ciudad plural, herida, diversa. Y quien lo reconoce, ya no puede seguir
igual.
La Epifanía no
es una fiesta del pasado. Es una pregunta presente: Ahora que lo has visto, ¿por dónde vas a volver? RM
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