Quizá haya oído alguna vez
decir que a los astronautas se les extirpa el apéndice antes de abandonar la
Tierra. Al fin y al cabo, se puede vivir sin él porque hablamos de un órgano
inútil… ¿O quizás no? ¿Qué hay de cierto en esta sospecha?
Empecemos por situarlo. El
apéndice es una pequeña bolsa con forma de dedo que se encuentra donde el
intestino delgado se une al intestino grueso, en el ciego. La inflamación e
infección del apéndice, la apendicitis, puede provocar una ruptura del órgano y
una posterior infección generalizada (peritonitis), llegando incluso a ser
potencialmente mortal si no se trata.
En algunas misiones remotas y
aisladas de larga duración, como las destinadas a la Antártida, se ha exigido a
los participantes someterse a una extirpación del apéndice (apendicectomía)
antes de partir. Se justificaba por el acceso limitado a instalaciones médicas
y a las dificultades para evacuar a personas en estas zonas remotas en caso de
una emergencia médica.
Al extirpar el apéndice antes
de la salida, se elimina el riesgo de apendicitis y las complicaciones que
puede causar durante la misión, ayudando así a garantizar la seguridad y el
bienestar de las personas involucradas. Aparentemente, todo eran ventajas.
Un órgano vestigial
En nuestros ancestros, el
apéndice probablemente cumplía una función digestiva adaptada a una dieta rica
en vegetales crudos y celulosa, como ocurre en muchos mamíferos herbívoros
actuales. Miles de años atrás, habría funcionado como una extensión funcional
del ciego, implicado en la digestión bacteriana de materiales vegetales
fibrosos.
A medida que la dieta humana
se diversificó y se volvió más rica en proteínas animales y alimentos cocinados
o fermentados más fáciles de digerir, la necesidad de un ciego voluminoso y un
apéndice funcional para digerir celulosa disminuyó. Como resultado, el apéndice
humano se redujo en tamaño y perdió su función digestiva original. Por eso,
durante mucho tiempo ha sido considerado un órgano vestigial, una parte del
cuerpo que fue útil en su momento pero de la que actualmente podríamos
prescindir.
Sin embargo, hoy se sabe que,
aunque haya perdido esa función digestiva original, el apéndice ha evolucionado
hacia nuevas funciones esenciales para la salud humana.
Un órgano inmunológico
regulador de la microbiota
Concretamente, se ha
demostrado que es un componente importante de la función inmune, sobre todo en
los primeros años de vida. Actúa como un órgano linfoide, semejante a las
placas de Peyer del intestino, que contribuye a la maduración de los linfocitos
B (una variedad de glóbulo blanco) y a la producción de anticuerpos
(inmunoglobulina de tipo A, para ser exactos), crucial para controlar la
densidad y la calidad de la microbiota intestinal.
Además, el apéndice contiene
una microbiota muy diversa y variada, incluyendo bacterias como Firmicutes,
Proteobacteria, Bacteroidetes, Actinobacteria y Fusobacteria. Esta diversidad
es distinta a la de otras partes del tracto gastrointestinal, lo que sugiere un
papel especializado.
La extirpación del apéndice se
ha asociado con una reducción en la diversidad bacteriana del intestino. Las
personas que se han sometido a una apendicectomía muestran una menor abundancia
de bacterias beneficiosas productoras de ácidos grasos de cadena corta, como
Roseburia, Barnesiella, Butyricicoccus, Odoribacter y Butyricimonas. Esta
reducción en la diversidad microbiana puede llevar a una disbiosis intestinal y
aumentar potencialmente la susceptibilidad a diversas enfermedades.
Para colmo, la apendicectomía
se ha vinculado también con un aumento en la diversidad fúngica (hongos) del
intestino. Este cambio en el ecosistema microbiano sugiere que el apéndice
también podría desempeñar un papel en el equilibrio entre poblaciones de
bacterias y hongos. Este órgano podría actuar como un reservorio o almacén para
la microbiota intestinal comensal, facilitando repoblar el colon después de la
exposición a patógenos o a un tratamiento con antibióticos.
El apéndice puede, asimismo,
desempeñar un papel en la protección del sistema gastrointestinal de patógenos
invasores. Eso explicaría por qué la extracción quirúrgica del apéndice se ha
asociado con un peor pronóstico para la infección recurrente por Clostridioides
difficile y un mayor riesgo de enfermedad inflamatoria intestinal o colitis
ulcerosa.
Incluso podría estar
relacionado con la mayor incidencia de otras condiciones como enfermedades
cardíacas y la enfermedad de Parkinson. Es probable, por tanto, que el papel
del apéndice en el mantenimiento de la diversidad microbiana resulte
fundamental para la salud general.
Si bien la extirpación del
apéndice hasta hace nada era relativamente rutinaria, visto lo visto conviene
considerar los posibles riesgos asociados a la intervención. Por una parte,
están los riesgos quirúrgicos. Las infecciones postoperatorias constituyen un
factor de riesgo potencial en cualquier procedimiento quirúrgico, y las
apendicectomías no son la excepción. La hemorragia es otra posible complicación
que puede surgir durante o después de la extirpación. En casos excepcionales,
el sangrado postoperatorio puede requerir transfusiones de sangre. Por otra
parte, una apendicectomía suele realizarse bajo anestesia general, lo que
conlleva riesgos adicionales.
Pero es que, además, como
acabamos de ver el apéndice intestinal humano desempeña un papel significativo
en la regulación de la microbiota intestinal, contribuyendo a su diversidad.
Por eso ya no se recomienda a los astronautas la extirpación como medida preventiva.
La NASA es consciente de que los posibles riesgos asociados a esa intervención
superan a sus beneficios, y prefiere centrarse en mantener la salud general de
los astronautas y brindarles el apoyo médico necesario durante las misiones
espaciales. BP