Germán de Constantinopla, Santo
Obispo, 12
de Mayo
Martirologio Romano: En Constantinopla, san Germán, obispo, el cual, insigne por su
doctrina y virtudes, refutó con gran persuasión el edicto contra las imágenes
sagradas promulgado por el emperador León el Isáurico (733).
Etimológicamente: Germán =
Aquel que es un guerrero fuerte, es de origen germánico.
San Germán era
hijo de un senador de Constantinopla. Después de su ordenación sacerdotal
ejerció, durante algún tiempo, un cargo en la iglesia metropolitana; pero, a la
muerte de su padre, fue elegido obispo de Cízico, aunque no sabemos exactamente
la fecha. Nicéforo y Teófanes afirman que no se opuso abiertamente a la
divulgación de la herejía monotelita por parte del emperador Filípico; pero
esto cuadra mal con la actitud posterior del santo respecto de la herejía, y
con las alabanzas que le tributó el segundo Concilio Ecuménico de Nicea, el año
787. Durante el reinado de Anastasio II, San Germán fue trasladado de Cízico a
la sede de Constantinopla. Un año después, convocó un sínodo de cien obispos,
que definió la doctrina católica frente a la herejía monotelita, que suprimía
en Jesús su voluntad humana.
El año 717,
San Germán coronó en Santa Sofía al emperador León el Isáurico, quien juró
solemnemente defender la fe católica. Diez años más tarde, cuando el emperador
empezó a favorecer a los iconoclastas y se opuso a la veneración de las
imágenes, san Germán le recordó su juramento. No obstante, León el Isáurico
promulgó un decreto por el que prohibió el culto público a las imágenes y mandó
que éstas fuesen colocadas de tal modo que el pueblo no pudiese besarlas. Poco
después, con un decreto más drástico, ordenó la destrucción de las sagradas
imágenes. El patriarca, que era ya muy anciano, predicó sin temor en defensa de
las imágenes y escribió para recordar la tradición cristiana a los obispos que
se inclinaban a favorecer a los iconoclastas. En una carta al obispo Tomás de
Claudiópolis, decía: «Las imágenes son la concretización de la historia y no
tienen más fin que el de dar gloria al Padre celestial. Quien venera las imágenes
de Jesucristo, no adora la forma de la madera, sino que rinde homenaje al Dios
invisible que está en el seno del Padre; a Él es a quien adora en espíritu y en
verdad». El papa san Gregorio II respondió a san Germán con una carta que se
conserva todavía, en la que le felicita por el valor con que había defendido la
doctrina y la tradición católicas.
León el
Isáurico hizo cuanto pudo por ganar para su causa al anciano patriarca, hasta
que, al ver que todos sus esfuerzos resultaban inútiles, obligó a renunciar a
san Germán, el año 730. El santo se retiró entonces a la casa paterna, donde
pasó el resto de su vida apegado a las reglas monacales y preparándose para la
muerte. Fue a recibir el premio celestial cuando tenía ya más de noventa años.
La mayor parte de sus escritos se han perdido. El más famoso de ellos es una
defensa de san Gregorio de Nissa contra los origenistas. Baronio dice que los
escritos de san Germán eran como un faro que iluminaba a toda la Iglesia.
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