Hacer
unas buenas vacaciones es un arte. Algunos piensan que basta con organizarse de
manera inteligente para obtener toda esa clase de disfrute y diversión. No es
lo más acertado. Pocas cosas hay más penosas que ver a las personas llegar de
vacaciones con el espíritu maltrecho y el cuerpo más cansado que nunca por el
ritmo alocado del verano. Se pueden vivir unas vacaciones placenteras que, al
mismo tiempo, mejoren nuestra calidad de vida.
Durante
las vacaciones, el centro de gravedad se desplaza del trabajo al aire libre.
Hacer vacaciones es, sobre todo, liberarse de la dependencia y sujeción del
trabajo para vivir en la distensión y el descanso. Algunos, al parecer,
necesitan continuar de alguna manera su trabajo y no se sienten cómodos sin
realizar alguna actividad de carácter utilitario. Es un error. El trabajo es
importante, pero no agota el sentido de nuestra existencia ni pone de
manifiesto su dimensión más fundamental y esperanzadora. La persona ha de
aprender a vivir de manera gratuita y libre disfrutando del descanso, la
convivencia tranquila y el contacto gozoso con la naturaleza.
El
tiempo empleado en «no hacer nada» no es un tiempo perdido, pero el descanso es
algo más que la simple inactividad. Este distanciamiento veraniego nos puede
ayudar a encontrarnos con nosotros mismos, obtener una visión más clara de la
trayectoria de nuestra vida e incluso captar errores y desaciertos que
necesitan ser corregidos.
Las
vacaciones ofrecen, por lo general, la posibilidad de vivir de manera más libre
y creativa, pero es, precisamente, esta libertad y falta de rutina diaria la
que puede crear problemas. Algunos no saben cómo «matar el tiempo», otros
necesitan programar todas sus actividades. El arte está en vivir creativamente
disfrutando del cuerpo y del espíritu, de la naturaleza y de los amigos, de la
música y del arte, de la fiesta y de la oración.
Hay
muchas maneras de escuchar la llamada de Jesús: «Venid a un sitio tranquilo a
descansar un poco». No hemos de olvidar, sin embargo, que quien no ama nada ni
a nadie no puede descansar y alegrarse, por mucho que lo intente. «Ubi caritas
gaudet, ibi est festivitas» decía san Juan Crisóstomo, «donde el amor despierta
el gozo, allí hay fiesta». JAP
No hay comentarios.:
Publicar un comentario