jueves, 9 de agosto de 2018

El arte de la vacación

Hacer unas buenas vacaciones es un arte. Algunos piensan que basta con organizarse de manera inteligente para obtener toda esa clase de disfrute y diversión. No es lo más acertado. Pocas cosas hay más penosas que ver a las personas llegar de vacaciones con el espíritu maltrecho y el cuerpo más cansado que nunca por el ritmo alocado del verano. Se pueden vivir unas vacaciones placenteras que, al mismo tiempo, mejoren nuestra calidad de vida.
Durante las vacaciones, el centro de gravedad se desplaza del trabajo al aire libre. Hacer vacaciones es, sobre todo, liberarse de la dependencia y sujeción del trabajo para vivir en la distensión y el descanso. Algunos, al parecer, necesitan continuar de alguna manera su trabajo y no se sienten cómodos sin realizar alguna actividad de carácter utilitario. Es un error. El trabajo es importante, pero no agota el sentido de nuestra existencia ni pone de manifiesto su dimensión más fundamental y esperanzadora. La persona ha de aprender a vivir de manera gratuita y libre disfrutando del descanso, la convivencia tranquila y el contacto gozoso con la naturaleza.
El tiempo empleado en «no hacer nada» no es un tiempo perdido, pero el descanso es algo más que la simple inactividad. Este distanciamiento veraniego nos puede ayudar a encontrarnos con nosotros mismos, obtener una visión más clara de la trayectoria de nuestra vida e incluso captar errores y desaciertos que necesitan ser corregidos.
Las vacaciones ofrecen, por lo general, la posibilidad de vivir de manera más libre y creativa, pero es, precisamente, esta libertad y falta de rutina diaria la que puede crear problemas. Algunos no saben cómo «matar el tiempo», otros necesitan programar todas sus actividades. El arte está en vivir creativamente disfrutando del cuerpo y del espíritu, de la naturaleza y de los amigos, de la música y del arte, de la fiesta y de la oración.
Hay muchas maneras de escuchar la llamada de Jesús: «Venid a un sitio tranquilo a descansar un poco». No hemos de olvidar, sin embargo, que quien no ama nada ni a nadie no puede descansar y alegrarse, por mucho que lo intente. «Ubi caritas gaudet, ibi est festivitas» decía san Juan Crisóstomo, «donde el amor despierta el gozo, allí hay fiesta». JAP

No hay comentarios.:

Publicar un comentario