Seminarista
y Mártir, 12 de Septiembre
En distintas localidades, beatos Liberio González
Nombela, presbítero, y 12 compañeros del clero de la archidiócesis de Toledo,
asesinados por odio a la fe († 1936)
Fecha de beatificación: 28 de octubre de 2007, entre los 498
mártires de España, durante el pontificado de S.S. Benedicto XVI.
Nació en Villacañas (Toledo). En 1925 ingresó en el Seminario Menor de Toledo. El 5 de junio de 1936 recibió el subdiaconado. Pese a su corta edad, se vislumbraba en su vida una gran madurez humana y una fuerte personalidad. Asimismo, destacaba por su reciedumbre en virtudes ascéticas y místicas. Era muy dado a conocer, a través de la lectura, la vida de los santos, hacia quienes se sentía profundamente atraído, para después imitarles. Siempre estuvo centrado en su vocación. La sinceridad, la justicia y la fortaleza sobresalían en él.
Cuando estalla la Guerra, el joven Maqueda ya había
sido detenido, el 23 de junio de 1936, por enseñar a los niños la doctrina
cristiana. Fue sólo ese día y le pusieron una multa. Después, el 11 de
septiembre, fue detenido nuevamente. Arrodillado a los pies de su madre, le
dijo: “Madre, deme la bendición, que me voy al cielo”.
Mientras sus captores se mofaban de él, Francisco
pronunciaba sus últimas palabras de despedida para los suyos: “¡Adiós, madre,
hasta el cielo! ¡Adiós, adiós, hasta el cielo a todos!” Fue conducido desde su
casa a la ermita de la Virgen de los Dolores, que los milicianos usaban como
cárcel, y donde tenían apresadas a otras quince personas más, la mayoría
jóvenes. En seguida, Francisco les congregó. Su intención era ayudarles espiritualmente
para la muerte ya muy próxima. Les dijo: “Preparémonos, esta noche nos llevarán
al cielo, ¿queréis acompañarme y rezamos juntos el rosario a la Santísima
Virgen?” La invitación fue muy bien acogida y, puestos de rodillas, con toda
devoción, rezaron juntos ante la imagen de la Virgen.
Sobre las doce de la noche, vinieron a buscarlos,
les transportaron en un camión por la carretera general de Andalucía. Muy cerca
de Dosbarrios, en el Km. 67, entre las poblaciones de La Guardia y Ocaña, les
hicieron bajar; eran las dos de la mañana del 12 de septiembre. Camino del
martirio fueron cantando y rezando y, Francisco, en medio de ellos, con los
brazos en alto. Los milicianos le dijeron: “Ahí está tu padre” y, aunque
efectivamente era verdad, porque días antes le habían matado a medio kilómetro,
él les contestó: “Os equivocáis, mi padre está en el cielo”. Indignados, se
burlaron: “¿Y aún estás alegre?”. Imaginándose lo que todavía quedaba, les
pidió por favor le permitieran ser el último para ayudar a morir bien a sus
hermanos en Cristo. Les dejaron casi sin ropa y, según testigos, les dieron una
descarga de piernas para abajo. Y, a continuación, todos fueron pasados a
cuchillo.
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