Obispo y
mártir, 11 de Noviembre
Martirologio Romano: En Sofía, Bulgaria, pasión del beato Vicente
Eugenio Bossilkov, obispo de Nicópolis y mártir, de la Congregación de la
Pasión de Jesucristo, que bajo el régimen comunista, por negarse a romper la
comunión con Roma, fue encarcelado, cruelmente vejado como reo de lesa
majestad, condenado a la pena capital y finalmente fusilado († 1952)
Fecha de beatificación: 15 de marzo de 1998 por S.S. Juan Pablo II.
Bulgaria es un pequeño país de los Balcanes situado
en las riberas del mar Negro. Sus habitantes, aunque de cultura eslava,
pertenecen a los pueblos nómadas de las estepas que se establecieron en la zona
aprovechando la debilidad del Imperio Bizantino. Como la mayor parte de los
pueblos del Este son cristianos de la Iglesia ortodoxa, siendo autocéfalos, por
tanto teniendo su propia Iglesia nacional. Sin embargo, los católicos son una
minoría que mantiene en la miseria material una fuerte personalidad que ha
evitado su desaparición. La congregación Pasionista, en concreto sus misioneros
belgas y holandeses, han sido los que han permitido que el catolicismo búlgaro
no sólo no se perdiese, sino que arraigase entre los búlgaros lo
suficientemente fuerte para aguantar la tormenta comunista.
En este ambiente nacerá Vicente, el futuro Eugenio,
el 16 de noviembre de 1900, en Belene, hijo de una familia campesina y
religiosa, siendo el penúltimo de cinco hermanos. En su niñez, un día se cayó
al Danubio, siendo rescatado por su madre, quien desde entonces lo ofreció al
Señor. De este modo, Vicente al cumplir los once años entrará en el seminario
de Russe, dirigido por los pasionistas. Una orden recién fundada y que acababan
de sufrir la expulsión de Francia. A los tres años de estancia, es trasladado a
Kortrijk (Bélgica), para mejorar su formación. Durante la Primera Guerra
Mundial, el joven Vicente permanecerá fuera de su tierra, que se encuentra en
lucha contra los aliados de la Entente, junto a los Imperios Centrales de
Alemania, Austria-Hungría y Turquía. El conflicto bélico incentiva el
nacionalismo y los misioneros ven la necesidad de dar el relevo a sacerdotes
autóctonos ante la acometividad de las autoridades búlgaras y de la Iglesia
Ortodoxa. En 1924, Bossilkov vuelve a su país y se encuentra con otros cuatro
seminaristas nacidos en Bulgaria. Sin embargo, él ha cambiado, es más maduro,
fuma en pipa y habla en trece idiomas (búlgaro, ruso, rumano, griego, hebreo,
latín, italiano, alemán, flamenco, holandés y español). En 1925 se le ordena en
la catedral de Russe, su familia está encantada y las hermanas Roelofs, dos
hermanas holandesas que los habían adoptado como un hijo cuando su permanencia
en Holanda, también.
Como sacerdote, sus superiores le envían a estudiar
a Roma, allí permanecerá hasta 1932, cuando defenderá su tesis doctoral sobre
la unión de los búlgaros a la Iglesia de Roma en el siglo XIII. Este tema será
crucial para Eugenio, siempre estará dispuesto al diálogo con los hermanos
ortodoxos para ir junto al encuentro de la Madre de Roma. Para él estaba claro
que la Iglesia era universal y las autocéfalas, como la búlgara, eran iglesias
nacionales supeditadas al poder. En 1934 se le nombra párroco de
Bardaski-Gheran, en la llanura del Danubio, allí emprende una gran labor
apostólica, fundando las hijas de María para las chicas, un club de futbol para
los chicos y otro de cazadores para los padres. En 1938 predica en Ciprovetz,
pueblo católico de donde partió el primer levantamiento búlgaro contra el
dominio turco. Bossilkov se convierte en una figura de renombre y algunos
ortodoxos empiezan a sentir admiración por los católicos. No, obstante, se
mantiene una posición oficial por las autoridades de poner las dificultades,
para evitar la difusión católica en las escuelas y fomentar el abandono de los
misioneros extranjeros del país.
Sin embargo, la noche del totalitarismo comunista
se iba a producir cuando la deserción del gobierno búlgaro, aliado al Tercer
Reich alemán durante la Segunda Guerra Mundial, produce la entrada pacífica del
ejército soviético en el país en 1944. Dimitrov, expresidente de la
Internacional comunista, se convertirá en el futuro presidente de la nueva
república popular de Bulgaria, después de abolir la monarquía y ordenar fusilar
a los antiguos responsables del régimen anterior. La muerte del obispo Van
Theelen ocasiona la elección de Bossilkov como sucesor en la diócesis de
Nicópolis en 1947. Su semblante es triste y su alma percibe que el futuro de
los católicos va a ser duro. Su ejemplo será primordial como responsable y
cabeza de la minúscula minoría católica búlgara. Bossilkov se convierte en el custodio
de los derechos de la Iglesia, en el momento que los comunistas deciden
eliminar las escuelas confesionales y los organismos sociales cristianos.
En 1948, consigue ir a Roma e informar al Papa
sobre la situación en Bulgaria. Bossilkov en oración, pide a la Virgen el don
de la fortaleza ante la posible Gracia del martirio. Sus compañeros intentan
convencerle de que no vuelva a su país, pero decide volver ante la
imposibilidad como obispo de abandonar a los suyos, aunque la primera defensa
suponga su detención. Entretanto, el gobierno comunista deja en paz a la
Iglesia ortodoxa y otorga la dirección de la educación al Estado; el margen de
libertad de estrecha y los misioneros son expulsados. Las detenciones se
inician contra los capuchinos, pasionistas y el propio obispo acusándoles de
formar parte de un servicio de espionaje a favor de una potencia extranjera, el
Vaticano, un aliado de los enemigos de la patria del proletariado.
A Bossilkov se le ofrece la oportunidad de
demostrar su “patriotismo” creando una Iglesia Nacional Búlgara. Sin embargo,
el obispo se niega, aunque en la celda de al lado oye las torturas infringidas
al P. Bakalski, superior de los capuchinos. Finalmente, se le acusa ante un
Tribunal Popular de fascista, pronorteamericano y vaticanista, acusaciones que
significan la muerte. En la noche del 11 de noviembre de 1952 es fusilado junto
a tres sacerdotes más. En cuanto a su amigo el P. Bakalski, había muerto días
antes de “pulmonía”. El 15 de marzo de 1998, Juan Pablo II beatificó a Eugenio
Bossilkov, primer búlgaro contemporáneo en entrar en los altares y el primer
pilar de la Iglesia del Silencio en ser reconocido como tal.
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