La fibrilación auricular
es uno de los trastornos cardíacos más frecuentes de este siglo, junto a la enfermedad coronaria y los defectos valvulares, entre
otros. Su importancia reside en que pueden dar como resultado coágulos
sanguíneos que pueden desprenderse y bloquear vasos dentro del cerebro o que
van hacia él.
“Es una causa muy común de hospitalizaciones sobre
todo en la población anciana. En pacientes mayores de 80 años llega a tener una
prevalencia del 15%, y es responsable de ACV después de los 65 años. Además, puede provocar insuficiencia cardíaca, entre
otras patologías, e incluso la muerte”. Para el médico cardiólogo
Francisco Toscano Quilon “esta enfermedad es muy frecuente en el consultorio
del cardiólogo, pero está poco difundida”.
Según el último consenso de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), 5 millones de personas la padecen y para 2050 se estima que alrededor de
8 millones serán los afectados. Por eso, es considerada en la actualidad
una de las arritmias más frecuentes. Pero, su impacto es y será cada vez mayor
conforme aumente la expectativa de vida.
En este sentido, para el especialista de la Fundación Cardiológica Argentina (FCA),
su detección y tratamiento en conjunto con todos los otros factores de riesgo
cardiovascular se vuelve fundamental.
Y tras señalar que “los factores de riesgo para tener un evento cardiovascular son
modificables y tratables”, Toscano Quilon sostuvo que “controlar la HTA,
el tabaquismo, la diabetes, la obesidad, la vida sedentaria, el consumo de sal
y la hiperlipidemia, ayuda a evitar el primer ataque cerebrovascular y los
ataques cerebrales recurrentes”.
Síntomas de alerta
“Los síntomas más comunes de la fibrilación
auricular son palpitaciones, mareos, falta de aire, cansancio, fatiga y hasta
dolor de pecho. Y la manera más sencilla de detectarla es a través del
control del pulso en la muñeca o en el cuello”, destacó el especialista, quien
detalló: “El pulso normal es regular. Pero, ante la presencia de alguna
arritmia se vuelve irregular. Por eso, es tan importante la consulta con el
cardiólogo, quien realizará un examen físico y luego un electrocardiograma”.
Posteriormente, de ser necesario, indicará estudios
de larga duración como el Holter de 24 y 48 horas, o hasta siete días. También,
existen dispositivos de más larga duración, algunos adheridos al cuerpo y otros
implantados debajo de la piel.
“Actualmente, la tecnología ya nos ayuda con el
diagnóstico. Existen relojes inteligentes y dispositivos conectados al celular,
mediante Bluetooth, que realizan el registro y hasta el diagnóstico de
arritmias que luego deben ser consultados con el médico de cabecera”, finalizó.
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