El frío es un gran disuasivo de todo lo que implica abandonar la
calidez del hogar para
enfrentarse al viento helado y los días cortos, sin contar los numerosos
efectos negativos que tiene sobre la salud general, y
la cutánea en particular. En ese sentido, es habitual que durante el invierno debamos
recurrir con frecuencia a las cremas humectantes para contrarrestar la
sequedad que las bajas temperaturas, y la calefacción en exceso generan en
nuestra piel.
Este proceso, que en dermis sanas se asocia a una cuestión más
estética que médica, en personas con trastornos cutáneos representa
un día a día en su tratamiento. Es el caso de quienes padecen dermatitis
atópica, que incluso con la cuarentena vieron alterado no solo el calendario de atención, sino
también sus cuidados diarios con los nuevos protocolos de higiene que
impone la pandemia de coronavirus.
“En estos meses extraordinarios notamos que los pacientes con
diagnóstico de dermatitis atópica -que ya están en tratamiento- han
intensificado el diálogo con sus médicos, priorizando el contacto digital y
evitando acercarse a los centros de salud o guardias”, introduce Carla Castro,
integrante del grupo de trabajo de Dermatitis Atópica de la Sociedad Argentina
de Dermatología (SAD) y coordinadora de la unidad de Dermatitis Atópica del
Hospital Universitario Austral.
Sin embargo, para la especialista también es probable que muchos
pacientes que presentan esta enfermedad pero aún no han sido diagnosticados, vengan suspendiendo las
consultas con especialistas por temor
o dificultades de circulación. “En
dermatitis atópica, el diagnóstico es un primer paso fundamental para encaminar
el tratamiento adecuado que pueda mejorar la calidad de vida”, apunta.
Este trastorno se produce por una predisposición de la piel a estar seca, junto con una mayor tendencia a la inflamación de la misma. Estos
procesos ocasionan picazón, dolor, enrojecimiento, aparición de costras y la
piel se puede agrietar. Es un cuadro que, sumado al rascado, incrementa el
riesgo de infecciones que, a su vez y en un círculo vicioso, generan más
picazón.
“Los dermatólogos y los alergistas son los dos especialistas que tratan esta enfermedad. Los
pacientes enfrentan diferentes limitaciones y hay que ayudarlos a que
incorporen lo que los puede ayudar y eviten todo aquello que les puede agravar
sus brotes”, menciona el Dr. Ariel Sehtman, médico dermatólogo y presidente de
la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD).
¿Qué factores pueden exacerbarla? “Nuestra piel se ve
constantemente colonizada por bacterias y otros gérmenes. El exceso o la falta de higiene, el contacto con sustancias irritantes y algunas carencias nutricionales pueden
alterar esa ‘microbiota cutánea’ y desencadenar o empeorar los síntomas de la
enfermedad”, refiere Pablo Moreno, médico especialista en Alergia e
Inmunología, y presidente de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología
Clínica (AAAeIC).
Temporada alta de síntomas
“El primer consejo para los pacientes en los meses fríos es incrementar la humectación de su piel con las cremas que estén utilizando, varias veces al día,
especialmente luego de bañarse. También se aconseja que los baños sean breves
(de no más de 10 minutos) con agua tibia, porque el agua caliente puede irritar
las pieles atópicas”, detalla Castro.
Al finalizar, la piel debe secarse apoyando la toalla suavemente y
sin frotar, y para retener la humedad en la piel aconsejan aplicar cremas
con emolientes, ni bien terminado el baño.
¿Y con los productos de higiene? “Solemos recomendar los que
tienen un pH cercano a 5.5, sin surfactantes, perfumes, ni colorantes, para no agredir los componentes naturales que
sirven de barrera en la piel”, explica la dermatóloga.
La vestimenta es otro eje clave para mantener a raya las molestias.
Las guías recomiendan el uso de ropa confeccionada con géneros suaves, especialmente algodón o seda, y de colores claros, evitando el contacto directo con la piel de fibras como el nylon
y la lana, y de los colorantes intensos. Además, las prendas deben ser holgadas
y no provocar calor excesivo, porque el sudor irrita y provoca picazón. Igual de importante es quitar las etiquetas por el roce que
generan y evitar colgantes que contengan níquel.
Por su parte, algunos cuadros de dermatitis atópica guardan
relación con las alergias alimentarias. "En esos pacientes se puede
disminuir la severidad de los brotes evitando la ingesta de los principales
alérgenos, que son soja, mariscos, maní, leche, trigo y huevo”, detalla el Dr. Moreno.
Cuidar la piel durante la
pandemia
El temor al contagio de Covid-19, las restricciones para moverse y
las propias molestias que genera la dermatitis hacen que muchos de los que la
padecen soporten el recrudecimiento de los síntomas, en pos de mantenerse
aislados. “Siempre es bueno que sea fluido el diálogo médico-paciente y, en
estos casos, muchas veces permite tomar medidas a tiempo para contener los
brotes antes de que el cuadro avance”, recuerda Carla Castro. Las
recomendaciones para prevenir el riesgo de COVID-19 en personas con
dermatitis atópica son similares a las del resto de la población: aislamiento y
distancia social, uso de tapaboca o barbijo y, sobre todo, el lavado frecuente
de manos.
“Eso sí, el lavado de manos debe ser únicamente con el jabón que habitualmente usa el paciente, porque algunos jabones con desinfectantes pueden ser muy
agresivos para la piel y pueden generar o empeorar los eccemas. En tanto,
el alcohol en gel debe limitarse para cuando no se pueden lavar las manos con
agua y jabón, porque también empeora la dermatitis atópica”, recomienda la
profesional.
De todas formas, si fuera necesario acudir a una guardia, hacer una
consulta presencial o realizarse un estudio de control, Castro asegura que las
instituciones de salud desarrollaron protocolos para minimizar el riesgo de
contagio.
“La necesidad de rascarse constantemente y las lesiones visibles en
la piel impactan en la vida social, el desarrollo laboral y la intimidad
de pareja. Encima, genera mucho estigma y discriminación, porque muchos ven la
piel lastimada, enrojecida, y creen
erróneamente que podría ser algo contagioso, cuando ciertamente no lo es”, concientiza Moreno.
E instó a mantener la continuidad en los tratamientos: “La mayoría
de los medicamentos que indicamos para las formas severas de la enfermedad no
representarían un riesgo mayor ante la infección por COVID-19, por lo que no estaría recomendada su suspensión en forma preventiva. Solo se indica suspenderla si el
paciente tiene confirmada la infección por SARS-CoV-2, o síntomas altamente
sospechosos”.
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