Obispo, 18 de
Julio
Elogio:
En Brescia, en la región de Venecia, san
Filastrio, obispo, cuya vida y muerte fueron alabadas por su sucesor, san
Gaudencio.
No sabemos
exactamente dónde nació san Filastrio. Lo cierto es que abandonó su país natal,
su herencia y la casa de sus padres, como Abraham, para cortar todos los lazos
que le ataban al mundo. Viajó por varias provincias haciendo la guerra a los
infieles y a los herejes, particularmente a los arrianos, cuyos errores se habían
propagado por toda la Iglesia. Tan grandes eran el celo y la fe de Filastrio,
que se regocijaba, como el Apóstol, de sufrir por la verdad y de llevar en su
cuerpo las marcas de los terribles latigazos que había recibido por afirmar la
divinidad de Jesucristo. En Milán se opuso vigorosamente al arriano Auxencio,
quien estaba tratando de acabar con la Iglesia en aquella diócesis. Igualmente
predicó y discutió con los herejes en Roma. Después se trasladó a Brescia,
donde fue elegido obispo y cumplió sus deberes pastorales con un celo inmenso.
Alban Butler dice que Filastrio no igualaba en ciencia a San Ambrosio y San
Agustín, sus contemporáneos, pero lo compensaba abundantemente con el ejemplo
de su vida, con su espíritu de humildad y piedad y con su entrega infatigable a
sus deberes pastorales. San Filastrio demostró claramente que un hombre de
cualidades normales es capaz de obrar maravillas cuando posee una gran virtud.
Para defender
a sus fieles contra los errores en materia de fe, Filastrio escribió el
«Catálogo de Herejías». En dicha obra no toma la palabra «herejía» en su
sentido teológico estricto, ya que incluye entre las herejías algunas opiniones
simplemente discutibles y llega hasta a llamar «herejes» a los que dan a los
días de la semana sus nombres paganos (esta extensión tan amplia del término
hereje era bastante común en la antigüedad). La obra carece de valor en sí
misma, pero es interesante por la luz que arroja sobre las obras de otros
escritores de la época, como por ejemplo, la de san Hipólito. En su panegírico
de san Filastrio, san Gaudencio alabó su modestia y su trato apacible y
bondadoso. La liberalidad de san Filastrio no alcanzaba sólo a los pobres, sino
que se extendía también a los comerciantes y negociantes para que pudiesen ensanchar
sus empresas. San Agustín conoció a san Filastrio en Milán, junto con san
Ambrosio, hacia el año 384. San Filastrio murió antes que su metropolitano, san
Ambrosio, el cual nombró a san Gaudencio para sucederle en la sede de Brescia.
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