Virgen, 09 de
Julio
Elogio
En Reggio, de la Emilia, beata Juana
Scopelli, virgen de la Orden Carmelitana, que con los donativos de sus
conciudadanos fundó un monasterio y con la oración consiguió proporcionar pan a
sus hermanas en el refectorio.
Juana Scopelli
nació en 1428 en Reggio Emilia. Muy pronto manifestó deseos de abrazar la vida
religiosa; como sus padres no se lo permitiesen, se vistió el hábito y empezó a
practicar la vida ascética en su propia casa. A la muerte de sus padres,
decidió fundar un convento de carmelitas en Reggio; pero se negó a emplear en
ello su herencia, pues quería que la fundación fuese obra de las limosnas de
los cristianos. A los cuatro años de trabajo incesante por parte de Juana, se
inauguró el monasterio de Nuestra Señora del Pueblo, del que ella fue elegida
superiora.
A pesar del
tiempo que empleaba en el gobierno de su comunidad y en el canto del oficio,
Juana consagraba invariablemente cinco horas diarias a la oración privada. A
las austeridades de regla añadía el ayuno constante; desde el día de la Santa
Cruz hasta el de Pascua, vivía a pan y agua. Sus mortificaciones eran realmente
asombrosas. Se cuenta que obró muchos milagros por la oración. Así, por
ejemplo, curó a una noble dama, llamada Julia Sessi, a quien los doctores
habían desahuciado. También convirtió a un joven llamado Agustín. Dicho joven
profesaba algunas opiniones albigenses y otras herejías. Su madre, muy
desconsolada, le llevó a ver a la beata Juana, la cual empleó toda clase de
argumentos para convencerle, pero todo fue inútil. Cuando Agustín y su madre
partieron, la beata oró fervorosamente y el corazón del joven se abrió a la
gracia. También se atribuye a Juana de Reggio el milagro que se cuenta de Santo
Domingo y de otros santos: un día, a la hora de comer, las religiosas
encontraron la mesa sin viandas, pues la despensa del convento estaba vacía.
Pero la beata se puso en oración y, a los pocos momentos había en la despensa
pan suficiente para toda la comunidad. Juana murió en 1491, a los sesenta y
tres años de edad, después de haber exhortado a sus religiosas al amor de Dios,
a la caridad fraterna y a la estricta observancia de la regla. Su culto fue
confirmado en 1771.
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