Hay
una frase en los evangelios que nos demuestra que el descanso es una creatura
de Dios buena, legítima y necesaria. Esta frase la pronunció el mismo Jesús,
hombre verdadero, para quien las cosas humanas, nuestras cosas, no le eran
indiferentes. Dice así: “Venid conmigo a un lugar retirado y tranquilo y
descansad un poco” Marcos 6, 31. Es
un gesto de Jesús lleno de delicadeza, de amor, de humanismo. Cabe preguntarnos: ¿para qué sirven las vacaciones, el descanso corporal? En
este artículo trataremos de dar alguna luz sobre esta experiencia humana que
todos los años toca a nuestra puerta: el descanso veraniego, las vacaciones.
1. Las vacaciones para un cristiano son un
medio óptimo para reponer y restaurar fuerzas físicas.
El
trabajo del año ha sido arduo y desgastante. “El descanso -dirá el papa Juan
Pablo II- significa dejar las ocupaciones cotidianas, despegarse de las
normales fatigas del día, de la semana y del año”. El cuerpo no es un camión de
carga, ni una máquina que funciona las veinticuatro horas del día, los doce
meses del año. Necesita de su descanso y del sano esparcimiento. No podemos
tenerlo siempre en tensión, pues se quebraría.
Se
cuenta de un santo que acariciaba apaciblemente una perdiz. De pronto un cierto
filósofo se aproxima con aparejo de cazador y se maravilla de que el santo
varón, que gozaba de tanta reputación, se entretuviera y perdiera el tiempo en
cosas tan insignificantes como el acariciar a una perdiz. Entre los dos
personajes se entabló este diálogo.
- “¿Eres tú el santo insigne
del que me hablaron? ¿Por qué te entretienes en diversiones tan ridículas?” -
pregunta el filósofo.
- “¿Qué es esto que llevas
en la mano?” - le preguntó a su vez el santo varón.
- “Un arco” -respondió el
filósofo.
- “Y, ¿por qué no lo llevas
siempre tenso?” -Dijo el santo.
- “No conviene - responde el
filósofo-, pues si estuviese siempre tenso se echaría a perder el arco. Así,
cuando fuera necesario lanzar un disparo más potente contra alguna fiera, por
haber perdido su fuerza debido a la continua rigidez, el tiro no iría ya con la
violencia necesaria”.
- “Pues bien, -concluyó el
santo- no te admire tampoco, joven, que yo conceda a mi espíritu este inocente
y breve esparcimiento. Si de vez en cuando no le permitiese descansar de su
tensión, concediéndole algún solaz, la misma continuidad del esfuerzo le
ablandaría y aflojaría, y no podría obedecer a las órdenes y a las exigencias
del espíritu”.
Este
ejemplo nos pone ante la vista la necesidad de concedernos al año una tregua de
descanso, para reponer nuestras fuerzas y poder después trabajar por Dios, por
la familia, por los demás... y de esta manera ir construyendo ya en vida
nuestra eternidad. Y esta tregua se logra encontrándonos con la naturaleza,
escalando montañas, contemplando el mar o la arboleda, nadando en la playa,
jugando con los hijos, y mil diversiones más, que están a nuestro alcance y que
hacen que nuestro arco - nuestro cuerpo- no se rompa.
2. Las vacaciones son, además, un medio
maravilloso para alimentar un poco más el alma.
Durante
el año no tenemos tanto tiempo para la oración, para la lectura de la biblia,
para acudir a la misa diaria, para rezar el rosario en familia y para otras actividades
que elevan el espíritu y el alma.
Ahora,
en estos meses de verano, sin el trajín y el agobio del trabajo, podemos
dedicar más tiempo a Dios y al alma. ¡Qué hermoso sería que durante las
vacaciones la familia entera se reuniera varias veces a la semana para escuchar
y participar de la misa! ¡Cómo se nutriría el alma si al final del día se
sentaran padres e hijos para leer unas líneas de los santos evangelios y se
comentasen entre todos! ¿Cuántos de nosotros durante las vacaciones visitamos
un museo o un parque nacional, asistimos a un concierto de buena música o a una
obra teatral? Todas estas actividades alegran el espíritu, lo elevan, lo
dignifican, por ser creaciones del ingenio humano.
Nuestra
madre Iglesia, experta en humanismo, nos dice: “El tiempo libre se debe emplear
rectamente para el descanso del espíritu y para cuidar la salud de la mente y
del cuerpo, por medio de ocupaciones y estudios libres, por medio de viajes a
otras regiones, que enriquecen el espíritu y que, además, enriquecen a los
hombres con un conocimiento mutuo; por medio también de ejercicios y
manifestaciones deportivas, que son una ayuda para conservar el equilibrio
psíquico, incluso colectivamente, así como para establecer relaciones fraternas
ente los hombres de toda condición, de todas las naciones o de razas
diferentes” Concilio Vaticano II, Gaudium
et spes 61.
3. Finalmente, las vacaciones son excelente
medio para darnos y entregarnos de lleno a los demás, sobre todo, a la propia
familia.
Durante
el año, el papá y, a veces, la mamá trabajaban hasta altas horas de la tarde.
Los niños cursaban por la mañana sus estudios en la escuela y en la tarde
tenían sus actividades extraescolares (deporte, inglés, natación, etc.). Apenas
se ven, apenas tienen un diálogo familiar, apenas se conocen, apenas comparten
gozos y alegrías, preocupaciones, penas y proyectos.
En
las vacaciones se pueden crear lazos de unión mucho más estrechos e íntimos
entre padres e hijos, entre nietos y abuelos, entre tíos y primos. El hijo
quiere estar a solas con su papá y la hija con su mamá, conocerlos más y más...
y por eso el padre debería invitar a su hijo a pescar o a jugar y tener sus
ratos de conversación serena con ese hijo; la madre, por su parte, debería
hacerse un huequito al día para pasear con su hija, sentarse en la plaza y
abrir su alma y su corazón a esa hija de sus entrañas, que tanta necesidad
tiene del cariño materno; a ella le compete introducir a su hija en el hermoso
misterio de la vida. También el abuelo quiere sentirse amado y querido. Ansía
tener entre sus rodillas a ese nietecillo y acariciarlo y contarle experiencias
vividas, pues todo anciano es portador de vivencias acumuladas durante los
largos años de la vida. La abuela quiere sentirse útil. Quisiera peinar a su
nietita, enseñarle a coser y a rezar. Quisiera ser amada, estimada, escuchada.
Las vacaciones son momento privilegiado para lograr estos objetivos.
Ojalá que estas vacaciones sean un momento de crecimiento interior, de
armonía y conocimiento familiar y de descanso corporal, a
fin de comenzar el nuevo año con nuevos bríos, alegría renovada y contagiante
entusiasmo... y así seguir construyendo desde aquí abajo la eternidad tan
deseada. AR
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