La pandemia de coronavirus hizo que el mundo se tapara la boca. Los
barbijos se convirtieron en un elemento indispensable al
salir de casa. Las autoridades sanitarias apelan a la utilización de cubrebocas
caseros en la población general y reservar los quirúrgicos y de uso médico para
profesionales de la salud. Ahora, un nuevo estudio analizó 14 tipos de
mascarillas faciales según el tipo de protección que ofrecen.
La investigación fue realizada por la Universidad de Duke, en
Estados Unidos. Para la prueba, hicieron que varios participantes hablaran con
sus bocas cubiertas en una habitación oscura en dirección a un rayo láser,
mientras se filmaba la escena los voluntarios repetían: ‘Manténganse saludables’
y ‘Cuídense’. El número de gotitas que
atravesaban el rayo fue analizado por computadora.
El uso de mascarillas o barbijos (como les llamamos acá) es clave
porque entre el 30-40% de las personas infectadas pueden no mostrar síntomas, pero aun así transmiten
el virus sin saberlo al toser, estornudar o simplemente
hablar.
Según los hallazgos fueron publicados en la revista
estadounidense Science Advances, tal
como era de esperar, las mascarillas N95 reservadas para el personal
hospitalario son las más efectivas, ya que reducen la transmisión de gotitas
casi en un 100%, en comparación con el no uso de un tapabocas.
Las máscaras quirúrgicas o de polipropileno no se quedaron atrás,
ya que demostraron que bajan la transmisión de gotitas en un 90%
o más en comparación con quienes no llevaban barbijo.
Los barbijos caseros de
algodón proporcionaron una buena protección, eliminando
del 70% al 90% los aerosoles del habla normal, según la
cantidad de capas y pliegues.
Los pañuelos anudados al cuello, en cambio, solo redujeron las
gotitas esparcidas en aproximadamente un 50%.
La peor de las 14 opciones probadas fueron las cuelleras que usan los corredores:
la tela aumentó la cantidad de gotas expulsadas,
posiblemente porque el material contribuyó a dispersar las gotas más grandes en
muchas más pequeñas.
Finalmente, las máscaras N-95 con válvulas redondas, diseñadas para
entornos industriales donde la exhalación del usuario es menos importante que
la inhalación, funcionaron aproximadamente a la par que las mascarillas de
algodón en términos de cantidad de gotitas transmitidas.
Las autoridades sanitarias desalientan el uso de las máscaras N-95
con válvulas porque, si bien protegen al usuario, esparcen más fácilmente el
aire contaminado exhalado por una persona. El coautor del estudio, Eric
Westman, dijo que esta información sirvió para evitar la compra masiva de un
tipo de mascarilla que él y una organización local sin fines de lucro habían
planeado distribuir de forma gratuita en Durham, Carolina del Norte, donde tiene
su sede la universidad. “La noción de que 'cualquier cosa es mejor que nada'
probó no ser cierta”, dijo.
Qué dice la OMS
Al modificar su postura en relación al uso de mascarillas, la OMS
recomendó en junio el uso de barbijos caseros en población general, en zonas
con transmisión generalizada en las que no se pueda mantener la distancia
aconsejada.
La guía orientativa publicada por la OMS estableció que los
materiales a considerar en la fabricación de una mascarilla eficaz son el polipropileno, el algodón y el poliéster, y la celulosa y la seda como últimas alternativas.
Desde el Departamento de Emergencias Sanitarias de la agencia
internacional, consideran que lo ideal es combinar las telas y que la
mascarilla tenga tres capas, utilizando el
material más absorbente (por ejemplo, el algodón) más cerca de la boca, lo que
hará que, si se tose, las gotas de saliva queden allí.
Mientras que hacia el exterior debería ir el material más repele el
agua, como el poliéster, mientras que como filtro (en el medio) se podría
utilizar el polipropileno, que es el material que se utiliza en las mascarillas
quirúrgicas.
Más allá de los materiales utilizados, para que el uso de barbijos
sea efectivo e impida la transmisión de gotas que podrían contener el virus,
deben ser colocados en forma correcta: cubriendo nariz, boca
y mentón.
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