Levítico 19,17-18: “No odies en
tu corazón a tu hermano, pero corrige a tu prójimo, para que no te cargues con
un pecado por su causa. No te vengarás ni guardarás rencor a los hijos de tu
pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
Salmo 101,5: “Al que difame a su prójimo en
secreto, a ése lo aniquilaré…”
Proverbios 11,12-13: “Quien
desprecia a su prójimo es un insensato, el hombre prudente guarda silencio. Quien va chismorreando desvela
secretos, quien es de fiar se guarda las cosas”.
Juan 15,9.12.17: “Como el Padre
me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor… Este es el
mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado… Lo que
os mando es que os améis los unos a los otros”.
Romanos 2,1-2: “Por eso, no tienes escusa
quienquiera que seas, tú que juzgas, pues juzgando a otros, a ti mismo te
condenas, ya que obras esas mismas cosas tú que juzgas, y sabemos que el juicio
de Dios es según verdad contra los que obran semejantes cosas”.
Romanos 14,10.12-13: “Pero tú ¿por qué
juzgas a tu hermano? Y tú ¿por qué desprecias a tu hermano? En efecto, todos
hemos de comparecer ante el tribunal de Dios… Así pues, cada uno de vosotros
dará cuenta a de sí mismo ante Dios. Dejemos,
por tanto, de juzgarnos unos a los otros; juzgad más bien que no se debe poner tropiezo
o escándalo al hermano”.
Romanos 15,2: “Que cada uno de nosotros trate
de agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación…”
Santiago 3,8-10: “… en cambio
ningún hombre ha podido domar la lengua; es un mal turbulento; está lleno de
veneno mortífero. Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a
los hombres, hechos a imagen de Dios; de una misma boca proceden la bendición y
la maldición. Esto, hermanos míos, no debe ser así”.
Santiago 4,11: “No habléis mal unos de otros,
hermanos”.
Santiago 5,9: “No os quejéis, hermanos, unos
de otros para no ser juzgados; mirad que el Juez está ya a las puertas”.
Exhortación Apostólica Amoris laetitia [113]:
“El amor convive con la imperfección, la disculpa, y sabe guardar silencio ante
los límites del ser amado”. MRE
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