Si es posible encontrar a Dios en Internet, entonces la Iglesia tiene la
obligación de anunciarle en este areópago. Este es el silogismo que propone el
arzobispo John P. Foley, presidente del Consejo Pontificio para las
Comunicaciones Sociales.
«Internet puede ser un nuevo camino hacia Dios, una llamada a la Iglesia
para interrogarse sobre las oportunidades que ofrecen los nuevos medios para
informar, educar, rezar y evangelizar, para llevar a todo lugar la Palabra de
Dios, para llegar incluso a quien vive en la soledad y que quizá no abriría
nunca la puerta de su casa», considera el prelado estadounidense.
Monseñor Foley ofreció estas reflexiones al intervenir este lunes en
Roma en el encuentro sobre «Internet y la Iglesia católica en Europa»,
promovido por el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa.
«La Iglesia, en cuanto trasmisora de la Revelación de Dios, tiene la
tarea de comunicar la Palabra y debe alentar el uso de Internet para el bien
común, para el desarrollo de la paz y de la justicia, en el respeto de la
dignidad personal y con espíritu de solidaridad», señaló
Por este motivo, consideró, la red es «el areópago de nuestro tiempo, el
instrumento para difundir el mensaje cristiano, pero es necesario educar en su
utilización, pues al igual que en toda realidad que nos rodea, el elemento
positivo se contrapone al negativo, creando confusión y falsos valores».
«Sí, Dios puede encontrarse en la red --aseguró--. Y entre los millones
de personas que todos los días navegan en Internet, muchos pueden encontrar
palabras de esperanza, confrontarse con otras experiencias culturales y
espirituales, abatiendo las barreras ideológicas, hasta descubrir nuevos
horizontes».
Si «Dios sigue dialogando con la humanidad a través de la Iglesia»,
reconoció, entonces «la Iglesia debe asumir su propia responsabilidad ante los
nuevos medios de comunicación».
Para ello, consideró que son necesarios «criterios precisos de
discernimiento y con intención pedagógica, para que tanto los que operan en el
sector como los que utilizan la red sepan escoger y con madurez en un contexto
de información y desinformación cada vez más amplio y confuso».
La conclusión de monseñor Foley fue clara: «es imposible quedarse con
los brazos cruzados a contemplar este mundo que cambia tan rápidamente y es
necesario recordar que la voz de Dios puede elevarse por encima de otras muchas
voces, pues desde siempre habla al hombre y trata de alcanzarle con todos los
medios posibles, a veces inimaginables». ZO
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