Obispo y mártir, 14 de
Agosto
Elogio:
En Apamea, en Siria, san Marcelo, obispo
y mártir, que, por haber abatido un templo dedicado a Júpiter, murió a manos de
los enfurecidos gentiles.
Una de las
grandes empresas del emperador Teodosio el Grande fue el intento de
cristianizar a fondo el Imperio Romano. Para eso, el año 380, junto con el
emperador Graciano, publicó un decreto por el que mandaba que todos sus
súbditos profesaran la fe de los obispos de Roma y Alejandría. Ocho años más
tarde, envió a un legado a Egipto, Siria y Asia Menor para que exigiese la
ejecución del edicto de destrucción de todos los templos paganos. Tal edicto
fue aplicado en forma brutal, de suerte que provocó naturalmente el
resentimiento y la cólera de los paganos. Cuando el prefecto imperial llegó a
Apamaea, en Siria, mandó a sus soldados que destruyesen el templo consagrado a
Júpiter. Pero se trataba de un templo muy grande y bien construido, y los
soldados, que carecían de experiencia en la demolición sistemática, avanzaban
muy lentamente. El obispo de la ciudad, que se llamaba Marcelo, dijo al
prefecto que pusiese a sus soldados a trabajar en otro templo y que él se
encargaría de la demolición del templo de Júpiter. Al día siguiente, un albañil
se presentó al obispo y le ofreció derribar el templo de Júpiter a cambio de
doble paga. San Marcelo aceptó. Entonces el albañil procedió a la demolición de
la siguiente manera: excavó un agujero debajo de una de las columnas
principales, lo llenó de leña y le prendió fuego. El templo se vino abajo.
San Marcelo
empleó el mismo método en la demolición de otros templos. Pero en cierta
ciudad, cuyo nombre desconocemos, el santo encontró un templo defendido por los
paganos, de suerte que «hubo de retirarse a un paraje situado lejos de la
escena del conflicto y fuera del alcance de las flechas, ya que sufría de gota
y no podía pelear ni huir». En tanto que el santo obispo contemplaba la batalla
desde ese puesto de observación, unos paganos le hicieron prisionero y le
quemaron vivo. Más tarde, los hijos de san Marcelo intentaron vengar su muerte;
pero el consejo de la provincia se lo prohibió, diciéndoles que más bien debían
regocijarse de que Dios hubiese juzgado a su padre digno de morir por su causa.
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