Un colega americano y pionero de
la inteligencia artificial en medicina, el profesor Casimir Kulikowski, me
relataba cómo, en 1971, al conseguir él y otros pocos afortunados colegas sus
primeras cuentas de correo electrónico en Internet, temían enviar cualquier
información comprometedora. Sabían que sus mensajes pasarían por servidores informáticos militares
y, por qué no, podrían ser leídos allí por un sargento vigilante. Todos ellos
eran conscientes, desde el primer día, del peligro que supone acceder o poner
información en Internet. Un peligro que hoy olvidamos con demasiada frecuencia.
Tiempo después de aquellos
inicios, concretamente en 1989, Tim Berners Lee ideaba el protocolo de la
llamada World Wide Web, cuyo uso y éxito en medicina fueron casi inmediatos. Si
antes los profesionales médicos eran vistos como una especie de oráculos (o
hechiceros), poseedores de un conocimiento que no podía ser transmitido a los
pacientes ('no se preocupe y tome usted esto'), todo dio un vuelco entonces.
A partir de ese momento, tanto los
pacientes como sus familiares pudieron acceder a un nuevo universo de
información médica, de desigual validez, e incluso discutir con su médico un
diagnóstico o tratamiento.
En un principio, el acceso a la
Web para el usuario medio era pasivo. Lo que es lo mismo: la información era
publicada exclusivamente por profesionales. Pero una década después la cosa
cambió. Gracias a las llamadas redes sociales, los usuarios no solo podían
acceder a información sino también intercambiarla y publicarla. En medicina,
cualquier profesional sanitario o paciente tenía acceso a comentar un caso
médico y pedir sugerencias. ¡Hasta proponerlas sin recato, aunque fuesen
ridículas, y recibir miles de 'likes'!
7.800 millones de ávidos
usuarios potenciales
El auge de aplicaciones como
Twitter, Facebook o Instagram ha dado origen a una nueva era en la difusión de
información sanitaria. La mayoría de las entidades médicas, de carácter
científico o clínico, disponen ya de cuentas en estas redes sociales donde
poder comunicar noticias continuamente.
Aprovechan una ventaja: el acceso
universal a Internet a través de los móviles. Entre 2011 y 2014, yo mismo
coordiné un proyecto europeo llamado África Build, con socios como la OMS y
entidades públicas de países africanos (Ghana, Camerún, Mali y Egipto), que
creó una red social informática, científica.
Demostramos que investigadores de
países en desarrollo, que nunca habían colaborado en proyectos médicos, podían
diseñar juntos proyectos de educación e investigación médica para hacer
accesible información sanitaria a profesionales y no profesionales con escasos
recursos médicos y tecnológicos a su alcance.
Al fin y al cabo, si bien pocos
africanos tienen acceso fácil a una asistencia sanitaria inmediata, buena parte
de ellos sí dispone de un teléfono móvil con el que acceder a información
médica y compartirla con otros pacientes o profesionales. Conscientes de la enorme cantidad de información médica
que se publica en redes sociales, compañías e investigadores llevan algún
tiempo analizándola con fines médicos, sociales, políticos o económicos, con
tecnologías basadas, por ejemplo, en Inteligencia Artificial.
Una publicación reciente, de 2017,
revisaba sistemáticamente el uso de Twitter en la investigación médica,
corroborando que los datos de la popular red social son cada vez más utilizados
en los estudios científicos. Sobre todo en relación con la salud pública (23%)
y las enfermedades infecciosas (20%).
Otro artículo, publicado en el
Journal of the American Medical Informatics Association, describía cómo un
sistema de Inteligencia Artificial permite detectar nuevos efectos adversos,
aún no conocidos por las compañías farmacéuticas, de medicamentos, analizando
millones de mensajes en Twitter.
Después de todo, parece innegable
que, si una de las misiones de los servicios de salud pública es la
monitorización de la salud de la población, el análisis de los mensajes
enviados espontáneamente por ciudadanos puede permitir detectar y lanzar
rápidamente alertas sobre enfermedades transmisibles o efectos (positivos o
negativos) de medicamentos, dispositivos médicos, actuaciones médicas o
políticas sanitarias.
Difusión de venenos
digitales
No todo es tan bonito en el uso
médico de las redes sociales. Estudios recientes analizan la difusión masiva en
Internet de teorías médicas extravagantes, como la relación entre las redes 5G
y el coronavirus. Información falsa sobre multitud de aspectos de la pandemia
de COVID-19 ha proliferado casi sin límite.
Premios Nobel y científicos de
gran prestigio han sido suplantados por otras personas en las redes sociales,
para difundir información médica falsa o ambigua sobre la COVID-19, con los
riesgos médicos que eso implica.
Por otro lado, informes recientes
sobre la información difundida en Facebook alertan de la enorme cantidad de
información falsa que se publica en esta y otras redes sociales, sin que los
algoritmos de estas empresas puedan detectar aún gran parte de ella.
El peligro de la difusión de
información médica falsa o errónea de titulares impactantes en las redes
sociales es enorme. En el momento de escribir este artículo, numerosas
compañías farmacéuticas y universidades anuncian por adelantado el éxito de sus
vacunas en desarrollo meses antes de tener los resultados definitivos. Un arma
de doble filo ante un público ávido de remedios.
No solo eso. La cantidad y rapidez
de publicación de la información médica a través de las redes supera la
capacidad del mejor profesional para leer solo una mínima parte y revisarla de
forma crítica. El peligro de leer y recordar solo el título, o un tuit que
resuma un artículo científico complejo, es real.
Como ejemplo extremo, el profesor
Kulikowski y yo analizamos recientemente las referencias de un artículo
científico muy citado, publicado en una revista médica de alto impacto, y
comprobamos que la mayoría de los autores que citaban este artículo en sus
propias publicaciones no podían haber leído el artículo entero, donde aparecía una
información compleja, sino solo un tuit resumen o su título. ¡Es mucho más
rápido y fácil leer un tuit que un artículo completo!
Sobrevivir en la jungla
digital
Nunca hubo tanto conocimiento
médico al alcance de tantas personas, eso es indiscutible. Lo malo es que buena
parte de los pacientes de un hospital cualquiera ni siquiera son capaces de
comprender con precisión cualquier documento médico simple.
De la misma forma, estas personas
no podrán manejar papers ni tampoco distinguir, en muchos casos, entre
información médica veraz y falsa. ¡Enseñemos a jóvenes y mayores a reconocer
las ventajas y peligros de la información médica en Internet! VMMG
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