Es importante de generar
conciencia sobre este trastorno que afecta a la médula ósea y órganos
linfoides. ¿Cómo reconocer y tratar esta enfermedad?
La
Macroglobulinemia de Waldenström (MW), también denominada linfoma
linfoplasmocítico, es un tipo de cáncer raro que representa alrededor del 0,1%
de todos los tipos de cáncer y entre el 1 y 2% de las neoplasias hematológicas.
Es un
trastorno de bajo grado, que afecta a la médula ósea y órganos linfoides, en el
cual las células linfoplasmocíticas sintetizan y secretan cantidades elevadas
de una proteína monoclonal llamada Inmunoglobulina M (IgM).
Esta IgM
que se produce en exceso en la MW provoca viscosidad en la sangre, y como consecuencia
de esto se puede originar un síndrome de hiperviscosidad. Estas proteínas hacen
que la sangre se vuelva más espesa y ello impide el normal flujo sanguíneo,
hecho que puede originar alteraciones neurológicas, oculares y cardíacas.
También puede existir predisposición a episodios de sangrado.
La MW
suele afectar mayoritariamente a personas de sexo masculino, raza blanca y edad
entre 60 a 65 años. Las causas de la MW se desconocen, pero hay cierta
influencia genética en el 20% de los casos, ya que la enfermedad comienza con
un glóbulo blanco anormal que presenta mutaciones en su código genético,
provocando que las células con dicha mutación se multipliquen. Otro factor de riesgo son los antecedentes familiares
de MGUS (gamapatía monoclonal de significado incierto), MW u otro tipo de
linfomas de linfocitos B. A pesar de que
es una enfermedad maligna, es de curso indolente, tarda varios años en
manifestarse y muchas veces permanece dormida; por lo cual si no hay síntomas
no se trata, siendo suficiente valorar periódicamente su evolución, para
constatar si la enfermedad se mantiene estable o progresa. La MW suele presentar síntomas como: mareos,
sangrados, alteraciones visuales, sudoración nocturna, ganglios palpables,
fatiga y debilidad, bazo y/o hígado grande, entre otros.
El
diagnóstico de la MW se basa en una biopsia ósea para demostrar la infiltración
linfomatosa y en la demostración del componente monoclonal IgM. El estudio
requerirá además un análisis de sangre, estudio del fondo del ojo para valorar
hiperviscosidad y pruebas de diagnóstico por imágenes para determinar si el
cáncer se ha extendido a otras zonas.
No hay un
único tratamiento para la MW. La elección de una u otra terapia depende de los
síntomas particulares que presente la enfermedad en cada caso, la urgencia de
controlar la misma, la edad y el estado de salud general de un paciente. El tratamiento consiste generalmente en un anticuerpo
monoclonal (RITUXIMAB) más otro fármaco. La enfermedad no tiene cura, aunque el
75% de los pacientes tendrán respuestas excelentes a dichos tratamientos; que
pueden durar desde 6 meses a 8 años.
Conocer
los síntomas y reconocerlos es fundamental para su diagnóstico precoz. Por eso,
la labor de organizaciones como la Asociación Civil Linfomas Argentina (quienes
desde hace más de 15 años se dedican a divulgar información y ofrecer
orientación a pacientes con linfoma, mielofibrosis, síndromes mielodisplásicos
y otras enfermedades hematológicas) resulta muy importante. BP
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