La matanza de galileos
Las anteriores enseñanzas de Jesús a los discípulos es en la zona de
Cesarea marítima donde Pilato tenía su residencia. Allí le llegan noticias de
que Pilato había ordenado la reciente matanza de unos galileos. “Estaban
presentes en aquel momento unos que le contaban lo de los galileos, cuya sangre
mezcló Pilato con la de sus sacrificios. Y en respuesta les dijo: ¿Pensáis que
estos galileos fueron más pecadores que todos los galileos, porque han padecido
tales cosas? ¡No!, os lo aseguro; pero si no hacéis penitencia, todos
pereceréis igualmente. O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de
Siloé y los mató, ¿pensáis que fueron más culpables que todos los hombres que
vivían en Jerusalén? ¡No!, os lo aseguro; pero si no hacéis penitencia, todos
pereceréis igualmente". (Lc)
Jesús no ha querido hacer una valoración -humanamente razonable- de
aquel asesinato. Va más allá. Es el misterio del dolor y del pecado. Algunos
sufren y padecen desgracias, pasan por pruebas duras, otros su vida es corta
por los accidentes o por la crueldad de otros hombres. Pero la desgracia
verdaderamente importante es la del pecado y sólo se puede quitar por el perdón
de Dios.
La falta de frutos
Al hablar de penitencia y conversión su pensamiento se va hacia Israel y
los frutos que podía dar y no da; por eso les decía esta parábola: “hombre
tenía una higuera plantada en su viña, y vino a buscar en ella fruto y no
encontró. Entonces dijo al viñador: Mira que hace tres años que vengo a buscar
fruto en esta higuera sin encontrarlo; córtala, ¿para qué va a ocupar terreno
en balde? Pero él le respondió: Señor, déjala también este año hasta que cave a
su alrededor y eche estiércol, por si produce fruto; si no, ya la cortarás” (Lc).
Dios tiene paciencia con los suyos, dándoles siempre otra oportunidad para que
se conviertan, pero deben dar fruto, que es la fe en Jesús que lleva al amor a
Dios. EC
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