Pasaron muchos años. Eterio llegó, a su vez de Jerusalén y tropezó con la obstinación de aquella población. Marchó a Bizancio y obtuvo del emperador Constantino que todos los paganos fueran expulsados del Quersoneso. Pero al regresar de un segundo viaje a Bizancio para agradecer al emperador, fue asesinado por unos impíos.
Los cristianos del Quersoneso obtuvieron de Constantino un nuevo obispo en la persona de Capitón, quien hizo nuevas conversiones y es el único que, al parecer, no murió mártir, sino algunos años después, un 22 de diciembre, aunque siguiendo la tradición bizantina viene inscripto en el mismo día que los demás protoepíscopos. Según algunos, también Efrén había muerto con Basilio.
En la Iglesia griega, el oficio de estos siete obispos está señalado para el día 7 de marzo. El martirio de los seis primeros tuvo lugar un 6 de marzo, aunque no del mismo año; el menologio del cardenal Sirlet los sitúa el 4 de marzo y Baronio se informó en él, equivocadamente, por lo que hasta la edición anterior del Martirologio Romano se celebraban el 4 de marzo, junto con otros dos obispos, Néstor y Arcadio, que no pertenecían a este grupo. Juan Tamayo Salazar (1602-1661) los reivindicaba para España, basándose en una crónica que relacionaba Quersoneso con una supuesta ciudad española Chersonesus, pero se trata de un error de interpretación.
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