Hace 8 años
Sandra Baspineiro empezó a pintarles las uñas a las nenas de la Unidad de
Quemados del Hospital Garrahan, donde trabaja como enfermera. Les hacía
florcitas o trenzas en el pelo y notaba que ellas cambiaban la actitud. Tiempo
después se animó a pintarles las caras esporádicamente y también notó cambios
positivos.
Pero toda esa
experiencia y el arte del maquillaje lo pudo poner en práctica en forma
sistemática cuando llegó la pandemia: como había menos ingresos, el equipo se
organizó y esta vez sí pudieron dedicarle más tiempo a lo que resulta una
herramienta terapéutica eficaz que estimula a los niños en el proceso de
recuperación de las quemaduras.
«El maquillaje
es un intermediario. Facilitó la comunicación, no solo con los niños, sino con
los padres, los chicos se pueden expresar mejor y tienen confianza con uno y
así es más fácil hacer estos procedimientos que son dolorosos», explica Sandra,
licenciada en Enfermería, con 15 años de trabajo en el hospital.
Y si bien el
maquillaje lo hace una persona, desde la Unidad de Quemados del Garrahan
destacan el trabajo en equipo que implica esta novedosa experiencia, ya que
para que uno pueda pintar otros deben hacer el resto del trabajo. «Esa hora o
dos que le dedicas al maquillaje, requiere que otros compañeros atiendan al
resto de los pacientes. Para eso necesitamos la colaboración de todo el equipo:
médicos, cirujanos y, especialmente, de las enfermeras», dice Baspineiro.
Nadie
está preparado para esto
Una gema azul
con forma de corazón es el vértice amoroso que colocó Sandra en la carita de
J., una nena de seis años que lleva dos meses internada –afortunadamente ahora
en terapia intermedia– después de sufrir un incidente con una salamandra en su
casa de Ushuaia. «Nosotros
llegamos derivados desde Tierra del Fuego con una quemadura de tercer grado en
el cuerpo de mi hija, afectado en un 80%, 65% en la actualidad. La verdad que
fue muy frustrante enterarnos de la gravedad de la quemadura. Nos tuvieron que
derivar porque no tenían los medios para la gravedad que había», cuenta hoy con
menos angustia pero igual preocupación Carlos Soria, su papá. «Llegamos al Garrahan y nos recibieron muy bien. Los médicos pusieron todo
su mejor empeño y sabiduría en mi hija. Todo esto pasó el 25 de noviembre y la
verdad que ella está teniendo una evolución muy favorable. Con el porcentaje
que tenemos, que es más del 50%, está evolucionando súper bien», se reconforta. Para J. y su familia, el maquillaje fue fundamental. La nena, dice el papá,
tiene quemaduras en el cuerpo y en la cara y «el hecho de verse prácticamente
desfigurada a lo que ella era antes, fue muy frustrante, en el sentido de que
estaba acostumbrada a verse muy bien, muy linda», explica. Cuando J. pasó a terapia intermedia y bajó el riesgo, se encontraron con la
propuesta del maquillaje. A Carlos le pidieron autorización y él aceptó porque
pensó que debía apoyar todo lo que fuera bueno para ella. «La segunda vez que
la hicimos verse en el espejo a ella, se notó diferente tanto en su semblante
como en su emoción, porque la primera no fue nada agradable», describe
conmovido. «De ahí en adelante fue una mejoría muy importante
porque pudo volver a verse la cara tranquila. También logró otras cosas: por
ahí no se quería bañar, no quería caminar, y con la meta del maquillaje hicimos
que camine 20 metros para estimularla. A la vez era darle una recompensa por lo
que ella podía llegar a hacer», cuenta el papá. J. es una paciente grave que ha
hecho muchos progresos, en parte gracias al vínculo que pudieron establecer las
enfermeras a través del maquillaje. «Hoy en día nos levantamos, después del
desayuno, nos preparamos y tenemos un baño plácido en donde no hay llantos, no
hay dolor, no hay quejas. Entonces bueno, a todo esto, el progreso va bastante
bien, la verdad que estoy muy satisfecho como padre. Ahora estoy muy feliz».
«Los chicos
colaboran más en la curación. Que vos digas “te voy a bañar” y ellos vayan
contentos es una satisfacción. Saber que estás haciendo las cosas bien y que lo
haces con amor, creo que eso devuelve la sonrisa del nene. Esa es la
satisfacción que nos da lo que es maquillaje», reflexiona Sandra.
La
importancia de la prevención
Las quemaduras
pueden dejar secuelas importantes e incluso poner en riesgo la vida. En
Argentina, todos los días un niño sufre quemaduras moderadas o de gravedad. El
95% de esas quemaduras se producen en el hogar: el lugar donde con medidas
adecuadas pueden reducirse y prevenirse.
Las quemaduras
en niños pueden ser intencionales o no intencionales. Las no intencionales o
incidentes suceden frecuentemente en el hogar, en la cocina o el baño, en
presencia de los padres. «Por eso es esencial trabajar en la prevención de
estas lesiones, enseñando a la familia y los niños cuáles son los riesgos en
estos ambientes, ya que el desconocimiento, la imprudencia y la negligencia es
frecuente en este aspecto», explica Mabel Villasboas, jefa de la Unidad de
Quemados del Garrahan.
Ese sector
atiende a alrededor de 150 pacientes al año, de los cuales aproximadamente un
tercio son quemados graves y críticos. El fuego es la principal causa de los
grandes quemados. Sin embargo, el 75% de las quemaduras en niños pequeños se
deben a líquidos calientes, como bebidas, agua del grifo o vapor, y esta es la
causa más frecuente de internación en niños.
En el proceso de
recuperación de estos pacientes interviene un equipo multidisciplinario
conformado por cirujanos, pediatras intensivistas, enfermeras, psicólogas y
trabajadoras sociales. Se trata de tratamientos fundamentalmente clínico
quirúrgicos, que pueden llevar hasta 10 ingresos al quirófano y durar meses y
hasta más de un año, dependiendo de la edad, causa, extensión, profundidad y
localización de la quemadura.
En ese sentido,
Villasboas destacó «la importancia fundamental de la intervención de
Enfermería, con la incorporación del maquillaje en la etapa de rehabilitación
de las cicatrices», dice y agrega que «ayuda a la superación en el proceso de
adaptación y aceptación a su nuevo aspecto corporal, y facilita la pérdida del
miedo a mostrarse y así emprender su más rápida reinserción al ámbito social
con sus pares».
Cómo
devolver sonrisas
La Unidad de
Quemados del Hospital Garrahan cuenta con 6 camas de terapia intensiva y 8 de
terapia intermedia, y recibe niños de todo el país con más del 50% de la
superficie corporal quemada, producto de incidentes o siniestros como incendios
de viviendas, quemaduras eléctricas, con agua caliente, entre otras.
Allí trabaja un equipo
interdisciplinario conformado por médicos cirujanos plásticos, generales,
instrumentadoras quirúrgicas, enfermeras, personal de limpieza, alimentación,
psicólogos, y trabajadoras sociales, que llevan adelante una verdadera tarea en
equipo.
«Esto comenzó
hace tres años, ahora con más entusiasmo y apoyo. Una vez que salen de la
terapia la recuperación es muy difícil y dolorosa. Tenemos que curar su
cuerpito, la mente y el corazón. Lo que hizo este grupo de enfermeras de la
Unidad de Quemados es pintar por una sonrisa», cuenta Yisela Mendoza, jefa de
Enfermería del sector.
«Comenzaron
pintando un día en el cumpleaños de uno, la máscara de Spiderman y a las nenas
cosas que les gustaban con una gema en la carita y vos veías, ya no esos
rostros tristes de haber perdido a un ser querido en un incendio. Entonces, lo
que podemos hacer desde la Unidad es sacarles una sonrisa», dice Mendoza. BP
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