De la mayoría de estos mártires no nos han llegado los nombres, o si ha llegado alguno lo ha sido como cabeza de un grupo numeroso y anónimo. En el caso de los de hoy, aparecen, con muchas variantes, representados en el Martirologio Hyeronimianum (uno de los más importantes de los martirologios históricos, del siglo VI), y desde allí en los más difundidos martirologios de Occidente, así como en los menaios (calendarios de santos) griegos. Lamentablemente, la inscripción sólo registra los nombres, pero no la situación de estos martirios, que los suponemos en concordancia con los mencionados de la gran persecución del año 303.
El martirologio actual ha optado por tomar de las listas los nombres más seguros, es decir, mejor representados, aun sabiendo de que en realidad, cada vez que celebramos a uno de estos campeones de la fe, estamos celebrando a muchos más cuya individualidad no ha llegado a nosotros.
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