Mártires, 09 de
Marzo
Elogio: En la aldea de
Nei-Ko-Ri, en Corea, santos Pedro Ch'oe Hyong y Juan Bautista Chon Chang-un,
mártires, los cuales, siendo padres de familia, se distinguieron por
administrar el bautismo y publicar escritos cristianos, razón por la cual
fueron entregados al suplicio, en el transcurso del cual se mantuvieron tan
constantes en la fe que suscitaron la admiración de sus mismos perseguidores.
Pedro Ch’oe había nacido en
1814 en Gongju, Chungcheong-do, Corea del Sur. Pertenecía a una familia de
cristianos; su hermana mayor, virgen consagrada, murió hacia 1856, luego de una
vida edificante, y su hermano menor estudiaba en Macao al tiempo del martirio
de Pedro, para ser ordenado sacerdote. Cuando el P. Maubant, misionero y
mártir, llegó a Corea, se fijó en Pedro como un secretario digno por su piedad
e inteligencia; y este correspondió sirviéndolo hasta el martirio del
misionero. Hacia el final de la persecución de 1839 Pedro fue apresado como
tantos otros, por ser cristiano; pero en ese caso los espías se limitaron a
conseguir dinero por medio de extorsiones, que era una práctica habitual de los
funcionarios intermedios en época de persecución: pedir rescate a los
familiares y amigos. Tras el martirio de Maubant pasa al servicio de san Andrés
Kim, a quien también servirá hasta el martirio del sacerdote, en 1846. En este
tiempo contrae matrimonio, y se instala en la capital con un pequeño comercio.
Allí continúa catequizando, exhortando -con doctrina y ejemplo- a la fidelidad
al evangelio, y realizando una tarea necesaria: copiar libros religiosos. A la
llegada del P. Berneux en 1855 Pedro se pone a disposición del nuevo obispo, y
éste lo entusiasma con un proyecto importante para la misión: montar una
imprenta. En cuatro años de trabajo, Pedro llegó a imprimir y distribuir
millares de libros utilizados en la catequesis. Con el juicio del P. Berneux llegan
a manos de los jueces algunos de esos ejemplares, y los espías se encargan de
seguir el rastro de los títulos hasta dar con un traidor que denuncia a Pedro.
La prisión del obispo y la pesquisa sobre los libros puso en guardia a Pedro y
llegó a poder esconderse, pero el cerco se fue cerrando sobre él, hasta que
finalmente es apresado.
Juan Bautista Chon, nacido en
1811 en Seúl, era cristiano también, y había comprado la casa y la imprenta de
Pedro unos pocos días antes. La historia de este mártir no está exenta de
sinuosidades: en la persecución de 1839 había sido apresado y torturado
bárbaramente en la prisión de Kou-riou-kan, de modo que terminó apostatando
para librarse. Sin embargo, a la salida de la cárcel su madre, ferviente
cristiana, le reprochó su cobardía. Juan comprendió con el tiempo su error, y
quiso volver a la práctica de la fe, pero la ausencia de sacerdotes le impedía
confesarse, y cayó así en una profunda depresión. Con la llegada del P.
Andrés Kim su espíritu tomó nuevo impulso, realizó una confesión general, e
inició una vida de penitencia que fue edificante para todos los cristianos que
se habían escandalizado con su caída. Fue apresado junto con Pedro, y recibió
como él las torturas acostumbradas: bastonazos y puntazos -que fueron con Pedro
especialmente crueles-; pero los dos se negaron a dar ningún dato que pudiera
comprometer a otros cristianos, a la vez que mantuvieron con entereza la
confesión de la fe. Llegaron a ver la muerte del P. Berneux, y dos días más
tarde, el 9 de marzo, fueron crucificados, decapitados, y sus cuerpos expuestos
-a tenor de la ley- tres días. Pagando un soborno, la familia de Juan consiguió
la devolución del cuerpo, pero en cambio el de Pedro fue abandonado en el campo
para que fuera comido por las alimañas y aves carroñeras. Sin embargo no
ocurrió eso, y los cristianos pudieron, algunos días más tarde, recoger las
preciosas reliquias y enterrarlas junto a las de Juan, cerca del escenario de
su pasión. Fueron canonizados el 6 de mayo de 1984.
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