Era un cristiano que por rechazo al paganismo que lo rodeaba se había retirado fuera de la ciudad, y vivía en el desierto, en una choza junto con otros ermitaños, en lo que sería una primitiva forma de monaquismo. Un tal Menandro, pagano al que acogió en su celda, lo denunció a Ariano, presidente del tribunal en la Tebaida, quien mandó comparecer a Sabino a la ciudad de Hermópolis, a orillas del Nilo. Como este se negara a sacrificar a los dioses, fue, luego de varios tormentos, atado a una piedra y arrojado al río.
Los detalles que nos han llegado son bien pocos, de modo que es difícil individualizar los datos que corresponden al género de la pasión de un mártir de lo que corresponde a lo ocurrido a este mártir en concreto. Incluso es difícil situar la fecha, aunque parece corresponder a la persecución de Diocleciano, de inicios del siglo IV.
Se conserva sobre el mártir un dístico griego que dice: «Arrojado Abibo al río con una piedra / su vida navegó lentamente por el agua».
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