Pero así se nos presentan las cosas, y debemos componernos con los datos que tenemos. Sisebuto está perfectamente atestiguado como abad del monasterio de Cardeña, en Burgos, entre el 1056 y el 1086. Varios autores antiguos lo mencionan, y quedan restos de elogios contemporáneos, pero sin que podamos aproximarnos demasiado al detalle de su figura.
El monasterio de San Pedro de Cardeña -que con sucesivas reedificaciones aun existe-, había sido atacado por los musulmanes, sus monjes asesinados en el 953, y el monasterio casi destruido. Sin embargo, con la reconquista a manos de Fernando I de León, el sitio fue reedificado y repoblado, y a lo que es el sentir de los documentos de la época, verdaderamente refundado. Efectivamente, Sisebuto es conocido como tercer abad del monasterio, en lo que naturalmente no se cuenta la larga existencia anterior.
Fue, al decir de Flórez, una época de verdadera explosión de la santidad en Burgos: Cardeña, Arlanza, Silos y Oña contaban con sendos santos abades. No han quedado largos relatos de hechos, pero sí la veneración y el recuerdo que permaneció, plasmado de distintas maneras. El Abad Frías, en el siglo XVI, que recopiló las noticias dispersas de los abades anteriores, dice que «S. Sisebuto gobernó el Monasterio cerca de treinta años, viviendo en tanta santidad de costumbres, y poniendo tan gran orden y recado, y aprovechando en tal manera los bienes del Monasterio, que no había memoria de que ninguno le hubiese igualado en la santidad de costumbres, ni en la observancia y gobierno del Monasterio».
Esa santidad se manifestó no sólo en vida, sino que una vez muerto y enterrado en el templo (como era en la época un signo visible del reconocimiento de la santidad), la tumba se convirtió en meta de peregrinación y en fuente de gracia y milagros para los peregrinos, de los que cuenta algunos el propio Frías.
Por una cuestión de concordancia cronológica se suele identificar a este abad Sisebuto con el abad Sancho a cuyo cuidado dejó el Cid a su esposa e hijas, y el monasterio conserva efectivamente la tumba de Babieca, y estuvo enterrado también el propio Cid. Aunque en la actualidad se cuestiona la confiabilidad de estos datos.
Las reliquias del santo fueron trasladadas a la catedral de Burgos, y en esa diócesis se celebra su memoria el 9 de febrero.
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