Por lo que se refiere a la manera de proceder de Enrique VIII, Sir Adrián se condujo con circunspección y prudencia. A pesar de ello, por razones que desconocemos, fue arrestado el 29 de agosto de 1534 y encarcelado en la prisión de Marshalsea. Sin embargo, recobró la libertad durante cierto tiempo, probablemente en la primavera del año de 1535, cuando fueron martirizados Moro, Fisher y los monjes cartujos. Sin duda que Sir Adrián comprendía lo que tales ejecuciones presagiaban. En efecto, en febrero de 1539, fue arrestado nuevamente y enviado a la Torre de Londres.
El Parlamento se reunió en abril. Sir Adrián fue condenado sin ninguna clase de juicio, «no sólo por haberse rehusado traidoramente a prestar el juramento de fidelidad que debía a la Corona, sino también por haber cometido diversas y muy detestables y abominables traiciones y por haber sembrado la sedición en el reino». El documento no determina cuáles habían sido esas abominables traiciones, pero es evidente que estaban relacionadas con la lealtad de Sir Adrián a la Santa Sede, ya que su nombre aparece con los del cardenal Pole, Tomás Goldwell, fray Guillermo Peto y otros acusados del mismo «delito». El Beato Adrián fue decapitado en Tower Hill, el 8 o el 9 de julio, junto con el Venerable Tomás Dingley. Los Caballeros de Malta empezaron a tributarle culto desde su muerte, lo cual dio fundamento para su beatificación, que tuvo lugar en 1895. La arquidiócesis de Birmingham celebra su fiesta.
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