Todos los días vemos salir el sol por el
horizonte al oriente, el brotar en la lejanía es precedido de un colorearse del
cielo en tonos hermosos que van de un rojo fuego hasta un dorado esplendoroso
frecuentemente matizado por nubes, que hacen aún más precioso el panorama. Por nuestras actividades y nuestra ubicación citadina, además de que
la rutina nos absorbe, pocas veces tenemos la ocasión de disfrutar tan
maravilloso espectáculo. La gente del campo tiene más oportunidades de hacerlo.
En si ellos tienen la dicha de estar en más contacto con la madre naturaleza,
la creación de Dios.
El sol
sale
¿Pero se han puesto a pensar que Dios dispuso que
el sol brillara para todos, sin distingos, ni prerrogativas? Ante Él todos somos iguales, con los mismos derechos. Pero hay que darse
cuenta y tomar nota, que aunque esto es un hecho irrebatible, cada uno en lo
personal es especial, único y que de acuerdo con esto tiene diferentes
características, una mayor o menor claridad mental, diferentes oportunidades
ante la vida, unos son muy aptos para la actividad manual, otros son brillantes
para los negocios. Así en la
sociedad hay de todo y unos cubren las necesidades de los otros. Es maravilloso
como unos pueden estar para los otros. Hoy por ti, mañana por mí.
Inclusive el hombre y la mujer, cuya existencia es
indispensable para formar a través del matrimonio entre hombre y mujer, la
familia y así la sociedad, no son iguales, estrictamente son complementarios.
Todo esto da por resultado que en el mundo exista
una diversidad maravillosa, que al desarrollarse bajo los principios de la
cultura de la vida y del amor da lugar a que todos podamos ser felices en
cuanto lo podamos ser en esta vida.
A través del tiempo, los siglos, la sociedad se
ha ido perfeccionando. Para que las cosas
funcionaran bien es suficiente la Ley de Dios, que en el mundo occidental ha
dado estupendos frutos, por supuesto de acuerdo con la limitación humana, que
nunca podrá ser perfecta y en el mundo no cristiano, Dios puso en cada uno la
Ley Natural y la conciencia personal para distinguir entre el bien y el mal.
Todo podría funcionar a las mil maravillas, pero el demonio (que si existe,
contra lo que afirman algunos ilusos, para justificar su proceder y su
ambición) a través de la cultura de la muerte y el crecimiento fomentado, de un
no sano ego, en muchos casos se presentan desordenes y actos violentos. Un
padre colombiano (no me acuerdo su nombre) muy atinadamente y en forma muy
simpática afirma que el ego (el amor a uno mismo desmedido y desordenado, que
se contrapone a lo ordenado por Dios de “Amaras a Dios sobre todas las cosas y
al próximo como a ti mismo”), es el causante de todos los conflictos tanto
entre personas como entre naciones. Describe como el ego hace perder toda
perspectiva al que es su víctima y ya no se toman decisiones, ni se actúa de
acuerdo con la realidad, sino de acuerdo con un mundo ficticio creado por la
imaginación, al gusto del consumidor. Hay una serie interesante que en su
título lo dice muy claro, se creen “Dueños del Paraíso”. Con armas, dinero y poder el mundo es suyo,
pueden hacer y obtener lo que quieran.
Ahora que detrás de la cultura de la muerte están las mafias de izquierda
(la masonería), eterna enemiga de la obra de Dios (su Iglesia), que actúan
siempre y a través de esto, por lo cual se pueden identificar fácilmente: ¡ojo!
donde se actúa con mentiras, calumnias y falsedades, ahí tiene metida su cola
el diablo, utilizando además la corrupción, o bien el terror, el clásico “oro o
plomo” o bien “me vendes tu rancho o se lo compro a tu viuda”, propio de los
narcos y otras mafias. Nuevamente ¡ojo! no te dejes engañar por los partidos de
izquierda.
San Francisco de Asís exclamaba extasiado por su belleza y por lo que nos
proporcionan “hermano Sol”, (sin el calor del sol, no habría vida), “hermana
Luna” y así seguía con todas las criaturas “hermana lluvia” (sin Agua tampoco
habría vida), “hermano viento”, los animales y plantas en su maravillosa
variedad (biodiversidad), todas las consideraba como sus hermanos. De ahí el
tan hermoso poema de Rubén Darío “Los Motivos del Lobo”.
De San Francisco tenemos la tan hermosa oración:
“Señor, haz de mi un instrumento de tu paz. Que allá donde hay odio, yo
ponga el amor. Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón. Que allá donde
hay discordia, yo ponga la unión. Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe. Que allá donde hay desesperación, yo
ponga la esperanza. Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz. Que allá
donde hay tristeza, yo ponga la alegría. Oh Señor, que yo no busque tanto ser
consolado, como consolar, ser comprendido, como comprender, ser amado, como
amar. Porque es dándose como se recibe, es olvidándose de sí mismo como uno se
encuentra a sí mismo, es perdonando, como se es perdonado, es muriendo como se
resucita a la vida eterna”.
San Francisco fue un enamorado del Señor y de sus enseñanzas (la cultura de
la vida y del amor). No es preciso
que lleguemos a santos, pero con un poco de su espíritu que adoptemos, seremos
capaces de cambiar el mundo, salvando a la naturaleza y a nosotros mismo.
¡El sol sale para todos! “Donde hay bosques hay agua y aire puro; donde
hay agua y aire puro hay vida” KFP
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