En el 555 san Germán se encontraba en París cuando murió el obispo Eusebio, y el santo, que era personalmente apreciado por Childeberto I, rey de París, lo elevó a la sede episcopal. Es en ese momento cuando san Droctoveo pasa a ser abad de San Sinfroniano, en reemplazo de su maestro Germán.
Poco tiempo más tarde Childeberto erigió en París un templo y abadía destinados a ser de los más importantes de Francia: en ese momento fue dedicado a la Santa Cruz y a san Vicente, diácono y mártir, del que Childeberto tenía la reliquia auténtica de su túnica, que había traído de Zaragoza. Era el año 558, y san Germán llamó a París a su discípulo san Droctoveo como abad del nuevo monasterio y organizador de la liturgia de tan importante centro cultual.
En el 576 murió san Germán, y fue enterrado en la capilla de San Sinfroniano de la basílica de San Vicente; aunque las crónicas no lo digan expresamente, es de suponer que la liturgia fue celebrada por su discípulo Droctoveo, rector del templo. Sólo un siglo más tarde san Germán fue trasladado al altar de la capilla, y poco a poco toda la fundación, basílica y monasterio, fue llamándose con el nombre con que se la conoce hasta hoy, Saint-Germain-des-Prés, en reemplazo de su nombre inicial, san Vicente.
Droctoveo sobrevivió a su maestro pocos años; murió el 10 de marzo de aproximadamente el 580, y fue sepultado en la misma capilla de San Sinfroniano que san Germán. La «Vita» alaba sus virtudes, que son un compendio de la vida monástica ideal: espíritu de oración y sacrificio, amor al silencio, inocencia, simplicidad y sinceridad. Su vida, como puede comprobarse, transcurrió a la sombra de san Germán, y también a su amparo se desarrolló su culto. El Martirologio de Floro (860) y otros martirologios históricos lo inscriben, de donde pasó al Martirologio Romano. Sus reliquias se perdieron en la hecatombre de la Revolución Francesa.
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