De mil maneras nos dejamos rodear por burbujas del alma.
Algunas burbujas vienen desde fuera, impuestas por personas o
por acontecimientos. Un accidente, una calumnia, una crisis económica, un
problema en la familia, crean una atmósfera más o menos enrarecida que afecta
nuestro modo de pensar, de sentir, de amar.
Otras burbujas nacen desde uno mismo. Todo lo que hacemos o
dejamos de hacer, lo que pensamos, lo que sentimos, alimenta el aire interior
con alegrías o con tristezas, con esperanzas o con miedos, con amores o con
odios.
Por eso vale la pena preguntarnos: ¿cuál es mi burbuja? ¿Qué
ambiente envuelve mi alma? ¿Qué condicionamientos me asfixian o me exaltan?
¿Qué ideas y que hechos han sitiado mi corazón?
Individuar cuál es mi burbuja sirve para redimensionar hechos
e ideas a las que a veces damos una importancia excesiva que no merecen.
También nos permite descubrir que otros hechos o ideas han quedado marginados,
cuando desde ellos podríamos entrar en burbujas sanas, buenas, positivas.
Es casi imposible vivir sin burbujas. Algunos no son capaces
de escoger su burbuja, porque su psicología está enferma y viven encadenados a
mecanismos mentales que los arrastran, sin casi poderlo evitar, de un sitio a
otro.
Otros han escogido burbujas malas, negativas, llenas de
oscuridad, que provocan daños en uno mismo y en quienes viven a su lado. Son
burbujas que les llevan a ver sólo oscuridades, a pensar desde el odio y hacia
el odio, a encerrarse en la avaricia, a sumergirse en la envidia y en el afán
por destruir la fama de otros desde un corazón lleno de rencores malsanos. A
pesar de la situación en la que se encuentran, en esas personas perviven
todavía capacidades y energías interiores suficientes para reconocer sus
errores, para acoger la ayuda de Dios, para cambiar de perspectiva, para
abrirse a horizontes y burbujas buenas.
Afortunadamente, hay muchos hombres y mujeres que, desde la
ayuda de amigos buenos, desde pensamientos sanos, desde la acción de Dios en
las almas, son capaces de sumergirse en burbujas positivas. Desde ellas no
cerrarán los ojos ante males reales o ante injusticias que deben ser superadas.
Al contrario, sabrán afrontar la propia vida con un deseo sincero y bueno para
pensar en positivo, para acoger las gracias del cielo, para convertirse en
trabajadores incansables en un mundo que necesita hombres y mujeres de
esperanzas. FP
No hay comentarios.:
Publicar un comentario