Los linfomas constituyen un tipo de cáncer del sistema linfático. Dicho
sistema se encuentra compuesto por los ganglios linfáticos y una extensa red de
vasos que los conectan, denominados vasos linfáticos. Estos órganos forman
parte del sistema inmunológico que se encarga de la defensa del organismo. Los
ganglios linfáticos se distribuyen por todo el cuerpo. Algunos son accesibles a
la palpación (cuello, axilas, ingles) y otros son profundos, hallándose en el
interior del tórax y del abdomen. El tejido linfático se encuentra ampliamente
distribuido en el organismo, hallándose también en amígdalas, tubo digestivo,
bazo, timo y médula ósea.
El linfoma de Hodgkin (también conocido como enfermedad de Hodgkin) es
un cáncer del sistema linfático, que forma parte del sistema inmunitario. En el
linfoma de Hodgkin, las células del sistema linfático crecen de manera anormal
y pueden diseminarse mucho más rápido que otro tipo de linfoma. El linfoma de
Hodgkin se divide en dos grandes categorías: Linfoma de Hodgkin clásico, el
cual constituye el 95% de todos los linfomas de Hodgkin y el Linfoma de Hodgkin
de predominio linfocítico nodular.
La causa del linfoma de Hodgkin comienza cuando las células que combaten
las infecciones desarrollan mutaciones genéticas. Éstas les indican a las
células que se multipliquen rápidamente, lo que genera muchas células enfermas
que continúan multiplicándose. La mutación provoca una gran cantidad de linfocitos
anormales de tamaño significativo que se acumulan en el sistema linfático,
donde desplazan a las células sanas y causan los signos y síntomas del linfoma
de Hodgkin.
De acuerdo con estadísticas internacionales, cada año se diagnostican en
el mundo 2,5 casos de linfoma de Hodgkin cada 100 mil habitantes, en Argentina
representa alrededor de 1000 casos anuales. Puede afectar a personas de
cualquier edad, pero es más frecuente en hombres de 20 a 40 años y en los
mayores de 55 años de edad, también son de riesgos aquellas personas que hayan
tenido una infección por virus de Epstein-Barr y aquellos que tienen
antecedentes familiares de linfomas.
La Asociación Civil Linfomas, Mielodisplasias y Mielofibrosis de
Argentina (ACLA) hace hincapié en reconocer los síntomas a tiempo, algunos de
ellos son: agrandamiento indoloro de un grupo ganglionar (cuello, axilas e
ingle), pérdida de peso, sudoración nocturna, fiebres inexplicables (sin una
causa infecciosa que los justifique). Otros síntomas pueden ser la fatiga,
falta de energía, pérdida de apetito, tos y/o picazón persistente en todo el
cuerpo (generalmente sin lesiones visibles en la piel), sensación de falta de
aire o infecciones recurrentes. El 60% de los pacientes suele no presentar
ningún síntoma al momento del diagnóstico.
El diagnóstico del linfoma de Hodgkin se realiza mediante una biopsia de
un ganglio linfático sospechoso y biopsia de la médula, además de análisis de
sangre (hemograma y bioquímica) y una prueba de imagen para detectar la
presencia de ganglios patológicos u otras áreas afectas.
El tratamiento se va a elegir dependiendo de varios factores como el
tipo y la etapa del linfoma de Hodgkin, la edad y el estado general de salud
del paciente. Para su tratamiento se utilizan por sí solas o combinadas
diversas estrategias tales como la quimioterapia y la radioterapia. En algunos
pacientes pueden ser tratados con trasplante de médula ósea.
El éxito del tratamiento del linfoma de Hodgkin es de un 90% si se
detecta en forma temprana, es por ello que ACLA siempre está trabajando para
lograr que la enfermedad y sus síntomas tengan mayor difusión, a partir de
charlas informativas a cargo de médicos especialistas en esta patología. SB
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