MIRAR
Realizamos en
Panamá el VII Simposio de Teología India, con el tema central Espíritu Santo
y Pueblos Originarios. No fue un encuentro de pastoral indígena, sino un
simposio teológico, aunque esta teología no es tanto especulativa, sino
vivencial, y por ello siempre se toma muy en cuenta la vida del pueblo. Entre
otras afirmaciones que consensuamos, comparto algunas:
1.
La Teología India tiene como fuentes las Sagradas Escrituras bíblicas, la
Tradición de la Iglesia, las tradiciones y expresiones culturales de los
pueblos originarios, la vivencia de la Madre Tierra y del cosmos en general. De
allí que los mitos, ritos y tradiciones son expresión y lugar teológico de la
presencia del Espíritu de Dios. El Hijo eterno del Padre continúa hablando a
los diversos pueblos y culturas y en diversas épocas (cf Hb 1,1).
2.
Describir qué es el Espíritu Santo desde nuestros pueblos originarios es
difícil y muy profundo; pero podemos decir cómo actúa desde la vivencia.
3.
Encontramos en la vida indígena muchos elementos de vida que la Biblia
atribuye al Espíritu Santo. Algunos de estos signos de vida y de la presencia
del Espíritu son: unidad, comunidad, bien común, alegría, trabajo, fiesta,
cuidado de la tierra y la naturaleza, armonía y todo lo que conduce a su lucha
diaria por el ‘Buen Vivir’ (cf Gal
5,22-23).
4.
El pueblo indígena vive la presencia del Espíritu Santo en sus luchas
diarias, sobre todo cuando lucha con amor y esperanza por su territorio y la
vida en todas sus dimensiones.
5.
El Espíritu de Dios se ve presente en los pueblos por el amor que tienen a
la vida. Los pueblos originarios nos sentimos criaturas de un mismo
origen divino y sabemos que el aliento divino de vida nos sostiene.
6.
Descubrimos, en discernimiento eclesial, la acción del Espíritu a través
del pueblo que habla; el Espíritu sigue manifestándose por la palabra del
pueblo.
7.
El Espíritu Santo actúa de distintas maneras y formas que nos llevan a
formar familia y comunidad, a tener una comunión con Dios, con los otros y con
la Madre Tierra.
8.
La Teología India es por esencia holística, inclusiva y respeta la
diversidad cultural y espiritual; favorece la defensa de la vida en todas sus
dimensiones y de la Madre Tierra; es una ecoteología y está ligada a la vida
humana, territorial y cósmica.
9.
La Teología India de los pueblos originarios es teología comunitaria, con
los ancestros, el cosmos y la naturaleza; surge desde la fe vivida y celebrada.
Hablamos siempre en clave comunitaria y del testimonio vivencial del Espíritu
en nuestros pueblos, desde nuestros idiomas e identidades.
10.
Las expresiones teológicas indígenas son simbólicas y contemplativas, más
que especulativas. El lenguaje simbólico de los pueblos originarios nos ayuda a
entender el misterio de Dios (cf FC 10).
11.
Si los griegos nos enseñaron a razonar la fe, los pueblos originarios nos
enseñan a sentipensar la fe desde otra racionalidad propia, porque la fe se
vive y no solo se razona.
12.
Lo que hicieron los padres de la Iglesia en los primeros siglos
reflexionando sobre el Espíritu Santo desde la filosofía, usando el método de
la razón, eso lo tenemos que hacer nosotros desde la sabiduría y metodología de
los pueblos originarios.
DISCERNIR
El Papa
Francisco, en la Constitución Apostólica Veritatis gaudium sobre las Universidades
y Facultades Eclesiásticas, afirma: “El Evangelio y la doctrina de la
Iglesia están llamados hoy a promover una verdadera cultura del encuentro, en
una sinergia generosa y abierta hacia todas las instancias positivas que hacen
crecer la conciencia humana universal; es más, promover una cultura del
encuentro entre todas las culturas auténticas y vitales, gracias al intercambio
recíproco de sus propios dones en el espacio de luz que ha sido abierto por el
amor de Dios para todas sus criaturas.
La Iglesia está
llamada a experimentar cómo la catolicidad exige para sí misma y propicia esa
polaridad tensional entre lo particular y lo universal, entre lo uno y lo
múltiple, entre lo simple y lo complejo. Aniquilar esta tensión va contra la
vida del Espíritu. Se trata, pues, de practicar una forma de conocimiento y de
interpretación de la realidad a la luz del «pensamiento de Cristo» (cf. 1 Co
2,16), en el que el modelo de referencia y de resolución de problemas no es la
esfera donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre
unos y otros, sino el poliedro, que refleja la confluencia de todas las
parcialidades que en él conservan su originalidad.
En realidad,
como podemos ver en la historia de la Iglesia, el cristianismo no tiene un
único modo cultural, sino que, permaneciendo plenamente uno mismo, en total
fidelidad al anuncio evangélico y a la tradición eclesial, llevará consigo
también el rostro de tantas culturas y de tantos pueblos en que ha sido acogido
y arraigado. En los diferentes pueblos que experimentan el don de Dios según la
propia cultura, la Iglesia manifiesta su genuina catolicidad y muestra la
belleza de este rostro pluriforme. En las manifestaciones cristianas de un
pueblo evangelizado, el Espíritu Santo embellece a la Iglesia, mostrándole
nuevos aspectos de la Revelación y regalándole un nuevo rostro.
No hay duda de
que la Teología debe estar enraizada y basada en la Sagrada Escritura y en la
Tradición viva, pero precisamente por eso debe acompañar simultáneamente los
procesos culturales y sociales, de modo particular las transiciones difíciles.
Es más, en este tiempo, la teología también debe hacerse cargo de los
conflictos: no sólo de los que experimentamos dentro de la Iglesia, sino
también de los que afectan a todo el mundo. Se trata de aceptar sufrir el
conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso,
adquiriendo un modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los
conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme
que engendra nueva vida. No es apostar por un sincretismo ni por la absorción
de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior que conserva en
sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna” (VG 4).
ACTUAR
Iluminados
siempre por el misterio de Cristo, que es la plenitud de la revelación divina,
conozcamos y valoremos otras formas de vivir y de pensar, sin despreciarlas,
tratando de descubrir en las diferentes culturas, ancestrales y modernas, los
signos de la presencia del Espíritu, para que juntos avancemos hacia la madurez
plena en Cristo. FAE
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