Patrick
Kavanaugh es compositor, director de orquesta y autor de varios libros, entre
ellos ‘Vidas espirituales de grandes compositores’. También es el Director
Artístico del Festival MasterWorks Festival y director de la asociación de
intérpretes cristianos en EEUU (Christian Performing Artists´ Fellowship).
El único propósito de la música
deberías ser...
En
un artículo publicado en CHRISTIANITY TODAY el músico admite la deuda que tiene
contraída con Johann Sebastian Bach, el genial compositor y organista del
barroco alemán. Él lo explica así:
Si
me preguntan cuál es el compositor que más ha influido en mi vida, la respuesta
siempre es la misma: Johann Sebastian Bach.
Millones
de personas han escuchado a J. S. Bach, miles de conciertos y cientos de CDs
presentan su música inigualable. Pero en su época, Bach era prácticamente un
desconocido, al menos fuera de las villas alemanas en las que vivía y trabajaba
sin hacer ruido.
Bach
nunca se sintió atraído por el estrellato, la fama o la fortuna. Este genio
incuestionable era agradablemente modesto. Dijo a un estudiante: “simplemente
practica con diligencia y todo irá muy bien; tienes cinco dedos en cada mano
tan sanos como los míos”. Una vez, cuando alabaron su maravillosa habilidad
como organista, Bach demostró su característica humildad e ingenio
respondiendo: “no hay nada maravilloso en ello; sólo se trata de golpear las
notas adecuadas en el momento adecuado y el instrumento hace el resto”.
Quizá
es necesario haber trabajado en las artes interpretativas tanto tiempo como yo
para apreciar plenamente la rareza de estos sentimientos humildes. En el mundo
actual de la música, tan competitivo, la tentación siempre es hacer que tú
parezcas mejor rebajando la reputación de los demás. Cuando yo era joven en la
escuela de música, a menudo me rodeaba el choque de egos, y debo admitir que yo
mismo tuve mi lucha en este tema. Bach me ofreció una salida.
Recuerdo
haber leído una sencilla frase de este maestro musical siendo yo un novato.
Bach dijo: “el único propósito de la música debería ser la gloria de Dios y la
recreación del espíritu humano”.
Consecuente consigo mismo
Cuanto
más ponderaba esta frase, más liberaba mi corazón. La música se nos daba para
glorificar a Dios en el cielo y para edificar a los hombres y las mujeres en la
tierra. No era para hacer montones de dinero o responder a las necesidades de
mi ego, ni para ver mi nombre con anuncios luminosos. La música tenía que ver
con bendecir a Dios y bendecir a los demás. Después de meses de audiciones,
recitales y competiciones, la simplicidad de la afirmación de Bach fue un
bálsamo para mi alma.
Más
aún, me di cuenta de que la propia vida de Bach estaba de acuerdo con sus
creencias. Aunque tenía un genio musical que sólo se puede encontrar, quizá,
una vez cada cien años, él eligió vivir la vida oscura de un músico de iglesia.
Sólo una vez en sus 65 años tomó un trabajo en el que su brillantez le pudiera
reportar fama del mundo. Durante un tiempo fue el Kapellmeister de la corte del
príncipe Leopoldo. Pero ese ambiente era una distracción para él. Pronto lo
dejó para aceptar una posición más baja, como responsable de música en una
iglesia de Leipzig, donde de nuevo estaría enclaustrado en su querido mundo de
la música de iglesia, sin aclamaciones.
Como
nadie en la historia, Bach explica el ‘por qué’ que está detrás de nuestras
diversas vocaciones, carreras y talentos. Son para los otros y para Dios, no
para nosotros. La próxima vez que ustedes oigan una obra maestra de Johann
Sebastian Bach, reflexionen cómo su corazón deseaba glorificar a Dios. Su vida
y ejemplo cambiaron mi vida y aún cambian vidas por todo el mundo. F
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