martes, 10 de octubre de 2023

La virtud de la humildad…

En las lecturas del domingo XXII del Tiempo Ordinario (Ciclo C), encontramos este consejo muy importante que el Señor nos propone en el libro del Eclesiástico: “Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te amarán más que al hombre dadivoso”. La humildad como virtud se refiere a una cualidad de la persona que se ‘abaja’ frente a los demás, porque reconoce la igual dignidad de cada ser humano en tanto que todos venimos ‘de la tierra’. Es una cualidad humana independiente de la posición económica o social: una persona humilde no pretende estar por encima ni por debajo de nadie, sino que sabe que todos somos iguales, y toda persona tiene el mismo valor.
En tanto virtud, la humildad reúne una serie de características manifiestas en el comportamiento, entre ellas, comprender la igualdad y dignidad de todas las personas, valorar el trabajo y el esfuerzo de cada uno, reconocer las virtudes y limitaciones propias, expresarse con afabilidad, actuar con modestia, sencillez y mesura, escuchar a los demás y tomar en cuenta sus opiniones, también implica respetar genuinamente a los demás.
¿Cómo lograr la virtud de la humildad en medio de una sociedad ávida de fama? ¿Cómo vivir la humildad contra quienes se sienten poderosos por su riqueza material? Aunque parece imposible alcanzar esta gran virtud, en realidad no lo es.
Primero, quien se deja moldear por la gracia de Dios, consigue cambiar su corazón altanero y soberbio en un corazón manso y humilde, ¿no lo pedimos así, Jesús manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo? Claro que sí, solo Dios quita el corazón de piedra y pone uno de carne.
Hay un segundo camino que lleva a la humildad: la sabiduría. Efectivamente, estoy convencido que la humildad es fruto de la sabiduría; no es difícil constatarlo, una persona entre más ignorante, más prepotente y soberbia es; al contrario, aquellas personas que se han cultivado, no solo acumulando conocimientos, sino poniendo en práctica aquello que saben, son personas sabias que tienen esa rara cualidad, que si uno los ve caminar por la calle no expresan más que humildad y sencillez, tanto que se confunden con cualquier mortal, pero al hablar o escribir, manifiestan la profundidad de su pensamiento y su agudeza intelectual.
Tenemos a nuestro alcance dos medios para lograr la virtud de la humildad, la gracia y la ciencia, no son opuestas, se complementan; quienes buscan la humildad por estos dos caminos la encontrarán y será su compañera de viaje toda la vida, los demás solo la fingirán. “Hazte tanto más pequeño cuanto más grande seas y hallarás gracia ante el Señor, porque sólo Él es poderoso y sólo los humildes le dan gloria”. LCH

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