De entre todas las glándulas
del cuerpo humano, una de las más relevantes es la tiroides, conocida por su
forma de mariposa. Está situada en la parte central del cuello y es responsable
de la producción de las hormonas tiroideas, cuya función es clave para el
funcionamiento adecuado del organismo. Estas hormonas intervienen en procesos
fundamentales como la regulación del metabolismo y la temperatura corporal. Un
desequilibrio en la producción de estas hormonas puede tener graves
consecuencias para la salud.
Las enfermedades más comunes
asociadas a la tiroides son el hipotiroidismo y el hipertiroidismo, que afectan
principalmente a las mujeres. Aunque suelen confundirse, son opuestas: en el
hipotiroidismo, la tiroides produce hormonas insuficientes, mientras que en el
hipertiroidismo produce un exceso. Además, el hipotiroidismo es más frecuente,
con una prevalencia entre 5 y 8 veces mayor en mujeres que en hombres. Y, a
partir de los 60 años, la prevalencia aumenta en ambos sexos.
El hipotiroidismo se produce
cuando la tiroides disminuye su actividad y no produce suficiente hormona
tiroidea. Como resultado, los procesos corporales se realizan, lo que conduce a
una disminución del metabolismo basal. Esto suele causar sensación de frío,
cansancio, depresión, palidez o digestión lenta, entre otros síntomas. La
principal causa del hipotiroidismo es la autoinmunidad, en la que los
anticuerpos del cuerpo atacan las células tiroideas como si fueran agentes
externos. Las formas más comunes de hipotiroidismo son la tiroiditis de
Hashimoto y la tiroiditis atrófica.
Por el contrario, en el
hipertiroidismo, la tiroides está hiperactiva y secreta un exceso de hormona
tiroidea. Esto provoca una aceleración del ritmo de los procesos corporales. La
causa más común de su aparición también es una enfermedad autoinmune: la
enfermedad de Graves-Basedow, en la que los anticuerpos estimulan la tiroides,
provocando su crecimiento y la producción excesiva de hormonas.
La Dra. Mireia Mora,
endocrinóloga del Hospital Clínic Barcelona (España), explica que
tradicionalmente, “el hipotiroidismo se asocia con un aumento de peso y el
hipertiroidismo con una tendencia a disminuir el peso”. Sin embargo, los
cambios de peso solo son notables en casos graves. De hecho, identificar
cualquiera de las dos enfermedades puede ser complicado. Y la Dra. Aida Orois,
endocrinóloga del Hospital Clínic Barcelona, aclara: “No hay ningún síntoma
específico de las enfermedades de la tiroides. Lo que nos va a guiar son las
analíticas”.
En el hipertiroidismo, los
síntomas aparecen debido a la aceleración de los procesos del organismo. Entre
ellos, mayor sensibilidad al calor, irritabilidad, aumento de la sudoración,
palpitaciones, temblores de manos, ansiedad, aumento del tránsito intestinal y
dificultad para dormir. Tal como explica la Dra. Felicia Hanzu, endocrinóloga
del Hospital Clínic Barcelona, “el paciente, al principio, puede pensar que
pasa por un período de estrés”. En el caso del hipotiroidismo, los síntomas son
opuestos: cansancio, fatiga, lentitud, sensación de frío, estado anímico
decaído, estreñimiento, somnolencia y caída de pelo, entre otros.
Aunque ambas enfermedades
tienen su origen en la tiroides, el tratamiento es diferente. Según la Dra.
Mireia Mora, “el hipertiroidismo es más difícil de gestionar y controlar,
mientras que en el hipotiroidismo el tratamiento es muy fácil gracias a la
sustitución”. En los casos de hipotiroidismo, suele ser suficiente con una
pastilla diaria de levotiroxina para normalizar la función tiroidea. En cambio,
en el hipertiroidismo, ajustar la medicación para bajar el nivel de hormonas es
un proceso más complejo.
En algunos casos, es necesario
un tratamiento definitivo que implique la extirpación de la tiroides o su
destrucción parcial con yodo radioactivo. En este escenario, el paciente
pasaría de hipertiroidismo a hipotiroidismo, ya que su cuerpo dejaría de
fabricar las hormonas tiroideas, lo que requeriría un tratamiento sustitutivo.
Una vez alcanzada una dosis estable de medicación, el tratamiento será de por
vida, pero el paciente puede llevar una vida normal y la longevidad no se verá
afectada. BP
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