La fe es la
garantía de lo que se espera: la prueba de las realidades que no se ven” (Hb 11,1).
¿Qué habría
sucedido si la Virgen María no hubiese tenido fe? Esperó 30 años para que su
hijo Jesucristo comenzara a predicar; y lo más doloroso para una madre ¡vio
morir a su hijo! y lo acompañó en su sufrimiento. Ella nunca dudo, nunca se
reveló, simplemente creyó, su fe se mantuvo hasta el final.
La fe, como lo
menciona El Catecismo de la Iglesia Católica, está por encima de la razón, es
un acto personal y voluntario. Una vez obtenido el don de la fe, no podemos
guardarlo para nosotros mismos, debemos de transmitirlo. Cada creyente debe ser
eslabón para la fe de otros, nuestra fe ayudará a sostener la del que está junto
a mí, así como la de ellos contribuirá a sostener la mía. Me resulta difícil
pensar en guardar silencio cuando hemos recibido el don de la fe. ¡Es necesario
transmitirlo!
El mundo en el
que vivimos nos presenta situaciones que parecen muy lejos de lo que la fe nos
asegura: corrupción de las personas que están al frente de las instituciones, aborto,
falsas ideologías, femicidios, abuso sexual, asesinatos, toda clase de
adicciones, enfermedades, pobreza extrema, física y espiritual, los problemas
que se presentan en la cotidianidad y un largo etcétera. Justo al frente de
estos acontecimientos donde nuestra fe es puesta a prueba, debemos pedir a Dios
todos los días y en cada momento que nos dé, conserve y aumente el don de la
fe.
¡ALIMENTA TU FE!
Hechos y
situaciones como los arriba mencionados nos desaniman y frustran, puede incluso
que nos invada el miedo, el temor y toda clase de sentimientos que nos
desestabilicen emocional y físicamente. Por lo tanto, si no tenemos alimentada
nuestra fe cualquier viento en contra nos tumbará y nos orillará a buscar
falsas salidas. Debemos aprovechar cada problema de nuestra vida en donde
nuestra fe se pone a prueba ya que detrás de ella hay una bendición disfrazada.
Ésta es alimentada con la palabra de Dios y a través de la oración.
Te invito que
hagas el siguiente ejercicio, en un momento de silencio escribe los problemas
que han marcado tu vida y en donde tu fe te ha salvado. Ten ese escrito
presente siempre que dudes, siempre que el temor te invada, siempre que exista
la desesperanza. Recuérdate a ti mismo(a), que esa creencia que va más allá de
toda lógica, es la fe que Dios te ha regalado y que ÉL jamás te va a soltar. LCCB
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