Ofrecemos estos
breves puntos con la intención de que puedan servir para la meditación
individual o comunitaria. Son tomados de las lecturas y de las oraciones de la
misa del domingo 14 de septiembre de
2025.
Se dividen en tres
partes: lo que Dios nos dice (con un comentario que nos puede ayudar a
comprender el Evangelio); lo que nosotros podemos decirle a Él como respuesta;
y de qué modo podemos llevarlo a la vida cotidiana. Dios quiera que ayuden a
muchos a dedicarle, cada domingo, un tiempo especial a Dios, nuestro Señor.
Dios nos habla
•
“Jesús dijo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió
del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que
Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el
Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en Él
tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único
para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque
Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve
por Él»” (Jn 3,13-17).
•
“En el camino por el desierto, el pueblo perdió la paciencia
y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos hicieron salir de
Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya
estamos hartos de esta comida miserable!» Entonces el Señor envió contra el
pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron
muchos israelitas. El pueblo acudió a Moisés y le dijo: «Hemos pecado hablando
contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de
nosotros esas serpientes». Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo:
«Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un mástil. Y todo el que
haya sido mordido, al mirarla, quedará sano». Moisés hizo una serpiente de
bronce y la puso sobre un mástil. Y cuando alguien era mordido por una
serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba sano” (Núm 21,4b-9).
•
“Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta
igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se
anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a
los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por
obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el
Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda
rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para
gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor»” (Fil 2,6-11).
Reflexión
“Dios ha querido ser
Hijo del hombre y ha querido que los hombres sean hijos de Dios. El bajó por
nosotros; subamos nosotros por él. Efectivamente, bajó y murió, y su muerte nos
libró de la muerte. La muerte lo mató y él mató a la muerte… Asumió, pues, la
muerte y la suspendió en la cruz, librando así a los mortales de esa misma
muerte” (San Agustín de Hipona, Tratado 12 sobre el evangelio de san Juan).
Nosotros le hablamos
•
“Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu cruz has
redimido al mundo” (Antífona del
Aleluya).
•
“Dios nuestro, que has querido que tu Hijo unigénito sufriera
el tormento de la cruz para salvar al género humano, concédenos que, después de
haber conocido este misterio en la tierra, podamos alcanzar en el cielo el
premio de su redención. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los
siglos” (Oración Colecta).
Nuestra vida cambia
•
¿Reflexionamos en que Jesús crucificado, con su acto de amor
extremo, puede iluminar toda nuestra vida?
•
¿Unimos nuestros sufrimientos a la cruz del Señor?
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