Hemos
recibido tanto y se han generado profundos sentimientos de renovación interior
que debemos regresar dando testimonio de todo lo que el Señor es capaz de
suscitar en nuestros corazones. Hace falta confiar en la gracia que hemos
recibido para no dejar de compartir la luz de Dios que ha llegado a nuestras
vidas y señalar a Jesús como la luz de todos los pueblos.
La
ruta que han señalado los pastores se ve iluminada, este domingo de Epifanía,
por los Reyes Magos que, guiados por la estrella, emprenden una peregrinación
que tiene como meta llegar adorar a Jesús y ofrecerle sus regalos que confirman
su realeza, su divinidad y su humanidad, esta última relacionada con el
misterio de la encarnación.
San
Pedro Crisólogo comenta así el significado de los regalos que los Reyes Magos
ofrecen a Jesús: “Hoy el mago llorando encuentra en la cuna a aquel que resplandeciente,
buscaba en las estrellas. (…) Hoy el mago discierne con profundo asombro lo que
allí contempla: el Cielo en la Tierra, la tierra en el Cielo, el hombre en
Dios, y Dios en el hombre, y a aquel que no puede ser encerrado en todo el
universo incluido en un cuerpo de niño. Y viendo cree, y no duda y lo proclama
con sus dones místicos: el incienso para Dios, el oro para el Rey, y la mirra
para el que morirá” (Sermón 160).
El
camino de la fe que nos lleva al encuentro de Dios se ve reflejado en esta
peregrinación cuando los Reyes Magos atestiguan: “Hemos visto surgir su
estrella”. Es decir, no la hemos inventado, no la hemos necesariamente
descubierto por nosotros mismos, sino que se ha aparecido, hemos visto que ha
surgido.
Los
Reyes Magos saben preguntar a quienes tienen más información, a quienes se han
puesto en camino, a quienes tienen más indicios y se han venido familiarizando
con esta revelación. En su periplo, estos personajes venidos del oriente
muestran los rasgos del camino de la fe.
Para
los Reyes Magos sus conocimientos calificados no fueron un obstáculo para
conocer a Dios. La ciencia que poseían los elevó a un conocimiento superior que
arrojó nuevas luces en su vida. Decía el gran científico francés Louis Pasteur:
“Un poco de ciencia nos aleja de Dios. Mucha nos aproxima”.
Los
Reyes Magos entendieron la dinámica del conocimiento científico que los
inquietó a ponerse en camino siguiendo el rastro de la estrella. Lo que sabían
y habían descubierto no los ensoberbeció, sino que les dio la pauta para lograr
el descubrimiento más grande de su vida.
A
diferencia de los Magos, Herodes no aceptaba alguien más poderoso que él, su
poder y ambición lo llevaron a reaccionar de manera demente y despiadada. Las
historias bellas, pías y consagradas que hemos celebrado estos días de Navidad
guardan su tensión, dolor y dramatismo que debemos reconocer para entender
mejor el camino de la fe.
Por
lo tanto, a partir de estos acontecimientos podemos decir que la fe nos provoca
para ponernos en camino. La fe nos va llevando de tal manera que no nos
conformamos con lo que sabemos y hemos experimentado, sino que nos saca de
nuestra comodidad, rompe nuestros esquemas y nos empuja siempre hacia una
experiencia de encuentro con el Señor.
La
fe no es saber algo, sino encontrar a Alguien; no es demostración sino sobre
todo adoración. La fe es plena y auténtica cuando nos lleva a postrarnos en la
presencia de Dios. Como dicen los evangelios acerca de los Reyes Magos: “Y
postrándose lo adoraron”.
La
fe es llegar a maravillarse al contemplar que, como dice Fray Nelson: “El más
bello es también el más humilde; el más santo es también el más cercano; el más
sabio es también el más comprensible; el más puro es también el más amigable y
el más acogedor. Su grandeza no nos aplasta, sino que nos levanta; su pureza no
nos humilla, sino que nos limpia. Eso es lo grande de esta Epifanía”.
Vayamos
por el mundo, como los pastores, glorificando y testimoniando al Señor. Y que
este año, con los desafíos que se avizoran, cuidemos el don de la fe y
regresemos a nuestra vida, como los Reyes Magos, por otro camino, por el camino
del evangelio que nos asegura encontrar al Señor para postrarnos en su
presencia y adorarlo. JCPW
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