Jesús no siempre habla suave. Hoy lo escuchamos decir: “He venido a traer fuego…
¿Piensan que vine a traer paz? No, sino división”.
Su fuego no quema edificios, quema indiferencias. Su división no es odio, es
la línea que separa la verdad de la mentira, la justicia de la complicidad, el
amor que se entrega del egoísmo que se esconde.
Seguirlo en la ciudad significa tomar partido: por el pobre frente al
abuso, por la vida frente a la muerte, por la luz frente a las sombras. A veces
eso incomoda… incluso en casa.
El Evangelio no se vive en la neutralidad. O te dejas encender, o pasas de
largo.
“He venido a prender fuego en la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté
ardiendo!” (Lc 12,49) RM
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