En el marco de la Semana de las
Alergias a Alimentos, que se conmemora del lunes 7 al viernes 11 de mayo, los
especialistas de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica
(AAAeIC) llamaron a promover su detección temprana y tratamiento precoz, dado
que son una condición cada vez más presente en los consultorios y uno de los
tipos de alergias más frecuentes.
“Las alergias alimentarias son
más frecuentes en menores de 3 años y suelen ser ocasionadas por leche de vaca,
huevo, trigo y soja. Entre adultos, en cambio, las originan sobre todo los
frutos secos, el huevo, los mariscos, los pescados y el maní”, manifestó el Dr.
Claudio Parisi, especialista en Alergia e Inmunología, presidente saliente de
la AAAeIC.
En los menores de 1 año en
nuestro país, se estima que el 5% presenta alguna alergia a los alimentos, una
condición que suele afectar considerablemente la calidad de vida del niño y de
su familia, y puede presentar episodios más severos con consecuencias graves.
Como remarcó el Dr. Daniel Vázquez,
especialista en Alergia e Inmunología y presidente de la AAAeIC, “el mayor
riesgo se presenta cuando se produce una reacción severa -técnicamente
denominada ‘anafilaxia’- producto de la ingesta del alimento, donde se debe
proceder con urgencia para evitar complicaciones e inclusive la muerte, que si
bien es poco frecuente, puede suceder”.
“Entre los principales síntomas,
los niños suelen presentar llanto persistente sin motivo aparente, reacciones
alérgicas en la piel, síntomas gastrointestinales como reflujo o cólicos y
sangrado en la materia fecal”, sostuvo la Dra. Cora Onetti, médica alergóloga,
Secretaria General de la AAAeIC.
Para Verónica Pernas, presidente
de Red Inmunos (Asociación Argentina de Alergia a Alimentos), la importancia de
difundir las alergias a alimentos radica en que se conozcan, para poder ayudar
a las familias a socializar y transitar el día a día, y así poder revertir la
situación de manera más rápida o acompañar en el tratamiento.
Red Inmunos es una Asociación
Civil sin fines de lucro que tiene por objetivo dar a conocer la problemática
de los pacientes para mejorar tanto su calidad de vida como la de todo su
entorno familiar.
“En el caso de los niños
escolarizados, es crucial que estén diagnosticados, para que puedan participar
de las distintas actividades sin que se vea afectada su salud. A su vez, es
importante que los compañeros sepan de esta situación. Ya en la adolescencia,
hay que trabajar para que la alergia sea tomada como una situación normal para
los amigos, de manera que no sea un obstáculo en la socialización y no lleve al
bullying, que se puede manifestar en que no se invite a un chico a determinado
programa por tener una alergia”, afirmó la Sra. Pernas.
Alergia a la proteína de la leche de vaca
Una de las alergias de mayor
prevalencia en los más pequeños es la alergia a la proteína de la leche de vaca
(APLV). La padecen entre el 2 y el 3% de los menores de 3 años y afecta no solo
su calidad de vida, sino su salud y su crecimiento.
Un estudio argentino probó que
cuanto más tarde se diagnostica y se trata la APLV, mayor es el riesgo de
comprometer seriamente las curvas de crecimiento de los niños. Además, en
nuestro país, los casos se triplicaron en 10 años.
Algunos cuadros de APLV se
originan por la presencia de un anticuerpo denominado IgE y tienen por
característica provocar reacciones inmediatas luego de la ingesta. Estos casos
suelen ser las más fáciles de diagnosticar y de tratar. En cambio, aquellos
cuadros no mediadas por el IgE producen síntomas inespecíficos y de aparición
mucho más tardía, por lo que es más complicado arribar a un diagnóstico, ya que
no siempre responden a las pruebas de alergia.
La Dra. Iris Medina,
especialista en Alergia e Inmunología y Directora Científica de la AAAeIC,
remarcó que “el tratamiento, en ambos casos, comienza con la ‘dieta de
exclusión’, que representa suprimir la ingesta del alimento sospechado. En el
caso de la leche de vaca y sus derivados, debería suprimirlo la mamá en el
lactante e inclusive el niño, si ya recibe alimentación complementaria”.
Desde la óptica de las familias
con un niño con APLV, Verónica Pernas describió que “se ven obligadas a cocinar
sin leche y, en muchos casos, las parejas están recién aprendiendo a cocinar.
Además, debe evitarse el contacto cruzado, separando las cacerolas, cubiertos,
platos y vasos que usará el niño”.
En reemplazo de la leche de vaca
o del amamantamiento que el niño con alergia a la PLV no puede recibir, los
especialistas recomiendan la incorporación de leches de fórmula especiales,
aunque siempre bajo la indicación y supervisión del pediatra. La provisión de
estas leches está garantizada por la ley nacional n° 27.305, que establece que
“las leches medicamentosas deben ser garantizadas a todas aquellas personas que
las necesiten y cuyo cuadro patológico esté justificado por el pediatra o
especialista”.
Como medida de prevención
primaria de las alergias a alimentos en niños, los especialistas coindicen en
la importancia de la lactancia materna exclusiva por lo menos hasta los 6 meses
de vida. Mientras que cuando el bebé comienza a recibir otro tipo de alimentos,
recomiendan cumplir minuciosamente con las pautas alimentarias que vaya
proponiendo el pediatra.
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