Sacerdote y
Mártir, 10 de Agosto
Martirologio Romano: En Cuenca, España, Beato José Javier Gorosterratzu de la
Congregación del Santísimo Redentor asesinado por odio a la fe (1936-1938)
Fecha de beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el
pontificado de S.S. Francisco.
Javier Gorosterratzu Juanarena nació el 7 de agosto
de 1877 en un pequeño pueblo del noroeste navarro llamado entonces Urroz de
Santisteban (Urrtoz), en el seno de una familia vascoparlante de agricultores;
el segundo de los ocho hijos del matrimonio formado por José María y Tomasa,
recibió las aguas bautismales al día siguiente del nacimiento, imponiéndole el
nombre de José Javier. Confirmado a los 4 años, el día 30 de agosto de 1881 en
la Parroquia de Santisteban (Navarra) por Mons. José Oliver Hurtado. Creció y
se fue educando en el seno de una familia piadosa y trabajadora, donde fue
iniciado en la piedad, y enviado a la escuela del pueblo donde aprendió los
rudimentos del saber. A los doce años fue a vivir con su abuelo materno en el
pueblo de Labayen (Navarra), con el que se dedicaba al pastoreo de ovejas y del
que se despertó en él la devoción a la virgen María mediante el rezo del
rosario. A los dos años regresó a la casa paterna, y comenzó a ayudar a sus
padres en las faenas del campo.
Despertada en él la vocación sacerdotal, buscó
donde poderla vivir. Tocó en varias puertas, pero se encontró en todas con la
misma respuesta: tenía 15 años, y no tenía una preparación académica adecuada
para comenzar la carrera sacerdotal. Pero donde acaban las respuestas de las
personas es donde aparece la contestación de Dios a las preguntas; Dios que
suscitó en Javier la pregunta vocacional a la Vida Religiosa le ofreció la
respuesta en dos misioneros Redentoristas de San Ignacio de Pamplona que
acudieron a predicar por la zona (PP. Bueno y Erviti) y con quienes contactó;
estos le indicaron que se entrevistara con el superior de San Ignacio, y este
lo admitió como postulante para Hermano Coadjutor, por considerar que con sus
16 años y sin apenas saber castellano era tarde para prepararse para el
sacerdocio. Se le encomendó el oficio de carpintero.
Ingresó y fue destinado un tiempo a Astorga. De
allí pasó al noviciado a Nava del Rey (Valladolid), donde un 8 de septiembre de
1895 vestía el hábito redentorista como Hermano carpintero. El P. Maestro se
dio cuenta de sus capacidades intelectuales, y el 8 de septiembre de 1896
emitía su profesión religiosa como Hermano clérigo; viajó a Astorga (León)
donde, además de estudiar la Teología, recibió clases para alcanzar el nivel
cultural necesario en los estudios eclesiásticos. Por su tenacidad, su trabajo
y su motivación vocacional y sacerdotal, terminó brillantemente sus estudios y
se ordenaba de sacerdote el 28 de septiembre de 1903. Destinado al Seminario
menor de los Redentoristas en El Espino (Burgos) como profesor y de allí al
Seminario mayor de de los Redentoristas como profesor de Ciencias y de
Filosofía, hasta 1913 en que es destinado como Misionero en vasco y castellano
a Pamplona. Allí estará hasta mayo de 1927 en que es destinado a la madrileña
comunidad de San Miguel, donde estará hasta 1930 en que vuelve por 3 años a Pamplona.
Y en 1933 es destinado a Cuenca, donde le sorprenderá la persecución religiosa
y la muerte.
La misión de su vida
Personalmente va a sobresalir en él su talento y
espíritu agudo de carácter nervioso y su cariño a su tierra; durante toda la
vida le va a caracterizar su talante austero, su bondad personal, la facilidad
de trato y dulzura en sus palabras, su tesón y su espíritu austero, y su
incondicional entrega y su inteligencia, expresadas en sus opiniones, consejos
y palabras. Hombre de estudio, oración, celo en su entrega a las personas e
intenso trabajo pastoral. En su vida como Misionero Redentorista va a estar
caracterizada además de por la investigación y la profundización en Filosofía y
en Historia, por la actividad misionera, predicador de ejercicios y director
espiritual confesor de religiosas y seglares; fue buscado por el don de consejo
y su facilidad para la escucha; su dirección espiritual era a la par suave y
enérgica, basada sobre un espíritu de fe. Además de las predicaciones en numerosas
parroquias, Conventos y Monasterios de Religiosas supieron aprovecharse de su
sabiduría; en la portería de la Comunidad redentorista iruñesa no eran pocos
los seglares y sacerdotes que lo reclamaban para la reconciliación y el
consejo.
Pero su persona no sólo destacó en el campo de la
espiritualidad, sino que fue historiador apasionado por los temas vascos, por
lo que recibió algunos reconocimientos. Cuando murió estaba preparando una obra
sobre el Cardenal Carranza, para la cual había obtenido ya permisos para
consultar en Roma en los Archivos Vaticanos; pero le sorprendió la persecución
religiosa y la obra, que la llevó consigo al Seminario para ir corrigiendo las
pruebas de imprenta, desapareció con su muerte.
Persecución y martirio
Según el H. Benjamín, salió unos días antes de la
comunidad, a causa de su temperamento nervioso. Como estaba terminando su obra,
llevó tarea para proseguirla fuera, y se refugió en la casa de Elpidio Miranzo,
donde permaneció varios días. A finales de julio de 1936 quisieron los
milicianos registrar la casa, pero Elpidio les pudo convencer que no tenía a
nadie. Esto propició que el 28 de julio pidiera al Sr. Obispo ser recibido en
el Seminario por parecer el sitio más seguro. Aquí, en el Seminario, se había
refugiado el Sr. Obispo y otros muchos sacerdotes y éste estaba custodiado por
la Guardia Civil. Pero el día 29 la Guardia Civil cedía su puesto a las
milicias populares, quedando el Seminario y sus moradores a su merced.
Conocida la muerte de los PP. Goñi y Olarte, y la
del Sr. Obispo, y descubriendo la situación en la que se encontraban en el
Seminario, convertido prácticamente en una cárcel, los testigos nos dicen que
el P. Javier se vino abajo y le entró una crisis de ansiedad. Tuvo que afrontar
su destino trágico y darle sentido a su vida y a su previsible muerte desde su
fe y su Profesión Religiosa. Parece que el ambiente martirial que comenzó a
vivirse en el Seminario le facilitó el asumir su muerte y disponer de su vida
como fidelidad a la fe y broche de oro a la Profesión Religiosa y Voto y
Juramento de perseverancia como Misionero Redentorista. Uno de los Superiores
del Seminario de Cuenca (D. Camilo Fernández de Lelis) refugiado allí con él
manifestó: “todos tratábamos de prepararnos espiritualmente puesto que creíamos
que eran inminentes esos momentos en que podrían darnos la muerte. Puedo concretarme
referir en cuanto al P. Gorosterratzu como en una de estas reuniones en que
comentábamos la probabilidad ya de nuestra muerte él manifestaba piadosa e
ingenuamente que terminaba de hablar con Jesús en la Capilla y le había dicho
que él estaba dispuesto a sufrir el martirio pero que si podría ser más
adelante le agradaría poder terminar la historia que estaba escribiendo. ...su
nerviosismo temperamental... se revestía en aquellos momentos trágicos, se
manifestaba, con impresiones más vehementes, más fuertes; ... su conformidad
con la voluntad de Dios - de la que yo creo haber hablado - paliaba o templaba
estos sus mismos nerviosismos y excitaciones. Yo salí del seminario el día seis
de agosto de mil novecientos treinta y seis, y no supe ya nada de los últimos
momentos del P. Gorosterratzu”.
A las 2 de la madrugada del día 10 de agosto de
1936 se abrieron las puertas del Seminario y bajaron por las calles 4 personas.
Sor Escolástica Nuin Goroterratzu, una monja Benedictina refugiada en el Asilo
de las Hermanitas, vecino al Seminario, pudo ver como sacaban a su tío, el P.
Javier Gorosterratzu junto con otros, con las manos atadas atrás, camino del
martirio. La H. Luisa nos ha manifestado que ha visto salir al P. Gorosterratzu
escoltado en compañía del H. Victoriano. Su cadáver fue recogido a la mañana
siguiente en el camino del cementerio de Cuenca con varios disparos en la
cabeza (Cf. Acta de defunción: Registro civil de Cuenca, Sec. 3ª, Tomo 42,
Folio 327, Número 648). Inhumado en la fosa común, fue exhumado en 1940 e
inhumado en el panteón de los Redentoristas; exhumado en 1977 y trasladado a
Madrid se encuentra en la actualidad en el Santuario madrileño del Perpetuo
Socorro.
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