Cada vez que me presento en un lugar nuevo y me toca decir de dónde soy,
hay una breve pausa, no sé qué decir, porque he vivido en varios lugares del
país y la verdad es que las personas terminan confundidas.
Me gradué de arquitecto y cuando estudiaba en la universidad vivía en
una ciudad llamada Valencia, a 4 horas del lugar donde vive mi familia. Mi mamá
y mi papá me visitaban frecuentemente, pero siempre pasaban dos cosas: me
avisaban cuando iban saliendo o simplemente llegaban, tal cual, paracaídas. ¡No
me daba tiempo de arreglar la casa!
Sentía pena con ellos porque siempre había algo fuera de su lugar:
cartones en el piso, papel, lápiz y todo tipo de material que utilizaba para
hacer mis trabajos. Lo que significaba que la casa no estaba en condiciones
para recibirlos de la mejor manera. Terminaba ordenando a medias para que no me
dijeran nada.
Les cuento esto porque era una situación que se repetía a menudo, y
pensaba en lo triste que era recibirlos así cuando sé que se merecen lo mejor. Poco a poco, fui creando hábitos para que no me
tomara por sorpresa y estar preparada… aplicaba la frase “no se sabe ni el día
ni la hora”.
Así fue como me comencé a cuestionar: ¿Cuántas veces limpio a profundidad mi corazón y lo preparo para la
visita de Jesús? Si
hoy me tocara encontrarme con Dios, ¿qué le voy a ofrecer?
Es cuestión de prioridades
“Hay tiempo para todo, es cuestión de prioridades”, es una de las frases
que mi mamá siempre me repetía. Sin duda, tiene mucha razón.
Desde pequeños nos han enseñado a cumplir ciertos parámetros que nos
ayudan a crecer como personas, sobre todo en el ámbito humano: ir al colegio,
graduarnos, comenzar la carrera universitaria, comenzar a trabajar para luego
formar una familia, o por lo menos es el común denominador dentro de los
objetivos a alcanzar en la vida.
Estamos ocupados en lo
práctico, las 24 horas del día no rinden para hacer todo lo que queremos
estudios, viajes, fiestas… ¿y qué hay después de alcanzar todo esto?, ¿qué pasa
dentro de ti?
“Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas, cuando en
realidad una sola es necesaria. María ha elegido la mejor parte, y nadie se la
quitará”. Lc 10, 41-42
Por eso, quiero dejarte
algunos consejos que podrán ayudarte a organizarte mejor:
1. Haz una lista
1. Haz una lista
Selecciona las tareas que consideres más importantes o “de mayor
prioridad”. Organizar tu día es vital para tener en mente los objetivos a
alcanzar, pero no descuides limpiar y organizar lo que hay en tu corazón.
“Lo que exteriorizas es reflejo
de lo que hay en tu interior”
La vida espiritual te
fortalece y te ayuda a enfrentar todos los retos del camino, te ayuda a hacer
extraordinario lo ordinario, y eso precisamente es lo que Cristo quiere de ti:
que seas tú mismo y hagas lo que una persona de tu edad hace sin perder la
mirada en Él.
“Necesitamos Santos que van al cine, oyen música y pasean con los
amigos. Necesitamos Santos que coloquen a Dios en primer lugar, pero que
sobresalen en la universidad. Necesitamos Santos que buscan tiempo cada día
para rezar y que sepan enamorar en la pureza y castidad, o que consagren su
castidad. Necesitamos Santos modernos, Santos del siglo XXI con una
espiritualidad insertada en nuestro tiempo”.
2. Crea hábitos
Los actos más pequeños
y que tal vez piensas que no tienen relevancia, ayudan a forjar tu voluntad, a
mantener un orden en todos los aspectos de tu vida, aprendes a tener dominio de ti mismo y lo más interesante es que ¡tú
tienes el control sobre tus “pasiones”!
Te recomiendo que empieces con cosas pequeñas, que te sientas capaz de
lograrlo, como por ejemplo: arreglar tu cama al levantarte o rezar un Ave María
en acción de gracias por un día más de vida.
Todo proceso es
gradual, lo importante es la constancia en ellos, son actos pequeños, posibles
pero agradables a Dios.
3. No des todo por sentado
Aunque el tiempo no es suficiente para ciertas cosas, a veces sentimos
demasiada seguridad de que hay tiempo de sobra para otras… lo que nos
corresponde hacer hoy lo dejamos para después, comenzando por hacer el bien,
siempre esperamos el último momento para comenzar a creer: “¿Qué tanto?,
después pido perdón, después hago el bien” y después se me va la vida y no hay
después.
“¡Dichoso ese criado si, al
llegar su Señor, lo encuentra haciendo lo que debe! “Lc 12, 43
Nadie tiene la garantía
de que habrá un mañana, ¿y qué hay con eso?, cada día que vives es una
oportunidad para comenzar de nuevo pero depende de ti y de las ganas que tengas
para hacer lo mejor; tal vez de ti depende que alguien sonría porque le
diste un buenos días o tan sólo dijiste por favor y gracias, recuerda: los
pequeños detalles hacen grandes diferencias.
Solo una cosa es
esencial.
Todas nuestras acciones
tienen sello de eternidad, es decir,
todo lo que hoy hagas puede sumar o restar para esa “preparación del corazón”
en tu camino hacia la santidad. No quiero asustarte con
esto sino invitarte a darle sentido a todos tus actos y que en ellos busques
agradar a Dios, por amor, “obedecer en lo pequeño en el tiempo que Dios te ha
concedido”.
Estamos aquí por un
acto de obediencia, la obediencia del hijo al Padre. Una obediencia que fue
sufrida pero que trajo una gran bendición. Y sí, la obediencia bendice… y ese
debe ser nuestro mayor ejemplo.
Para obedecer necesitamos escuchar, y solo podemos escuchar si estamos
dispuestos. No te predispongas al plan que Dios tiene para ti.
Cuando Dios creó la humanidad pensó en su felicidad, nos creó con varios
fines, uno de ellos para hacer el bien, y es que todo el mundo necesita hacer
el bien para sentirse bien (por filantropía o por convicción), es una
necesidad.
Ante los ojos de Dios estamos hechos para un bien mayor, nos creó para
ser felices eternamente, pero para alcanzar esa plena felicidad tuvo que
dejarnos ciertas reglas que encausan nuestro andar, un regla esencial… la regla
del AMOR.
Muchas veces no sabemos cómo amar, pensamos que Dios nos exige por
capricho, y como no lo entendemos decidimos hacer las cosas a nuestra manera.
En la terquedad del hombre, pensando que podremos con todo y en el tiempo que
nosotros dispongamos.
Haz que cuente
El tiempo, ha sido uno de los tantos regalos que se nos ha dado, con un
valor particular; el tiempo es camino y oportunidad, es ocasión de gracia.
¿Cuánto tiempo es
nuestra vida en comparación con la eternidad? Pasaremos más tiempo muertos que vivos, el tiempo
es la oportunidad para realizar la misión; se nos ha dado mucho y mucho se nos
exigirá.
Tu tiempo es hoy y ahora, el de ser mejor, el de agradar a Dios, el de
trabajar con tu realidad de vida para tu santidad, con tus imperfecciones, es
tiempo de creer en ti y usar los talentos que Dios te ha dado, no hay tiempo
para perder el tiempo persiguiendo falsas promesas, es tiempo de vencer el mal
haciendo el bien.
“Si aún puedes ser mejor de lo que eres, es evidente que aún no eres tan
bueno como debes” San Agustín
Nunca es tarde, hoy
puedes ser mejor que ayer, puedes comenzar a preparar tu corazón y que no te
agarren desprevenido. Hoy tienes
el tiempo en tus manos, hoy puedes comenzar a determinar cuáles son tus
prioridades, lo que hoy vives es lo único seguro que tienes… ¿Qué esperas? ¡Haz que
cuente! JV
No hay comentarios.:
Publicar un comentario