Dominico, 14
de Noviembre
Nació en 1400, en Caccamo, Sicilia, en el seno de
una familia de pobres labradores. Su madre murió en el alumbramiento. Desde
entonces y durante sus 111 años de vida, estuvo plagada de hechos milagrosos.
Su padre tenía que trabajar en el campo, y se vio
forzado a dejar al niño solo. Ante el llanto del pequeño, una vecina lo tomó y
se lo llevó a su casa, poniéndolo en la misma habitación en donde yacía su
marido paralítico, que fue instantáneamente curado. La mujer le contó al padre
de Juan el milagro, pero éste, disgustado porque su vecina había tomado al niño
sin su permiso, no le prestó atención, y se lo llevó a su casa. Apenas el niño
dejó la casa de la vecina, el marido se vio nuevamente atacado por la
parálisis; cuando Juan retornó, el hombre recuperó el movimiento. Hasta el
padre del niño tomó esto como una señal del cielo, y permitió que los vecinos
lo cuidaran.
Antes de cumplirlos los diez años, Juan recitaba el
Oficio Divino. A los 15, durante un viaje a Palermo, en la iglesia de Santa
Zita, Juan se confesó con el Beato Pedro Jeremías quien le sugirió que
considerara entrar en la vida religiosa. Pese a no considerarse apto, Juan siguió
su consejo, entrando en la Orden Dominica en 1415, llevando el hábito durante
96 años, lapso de tiempo no superado hasta ahora por ningún otro miembro de la
Orden.
Fundó el convento de Santa Zita en Caccamo.
Faltando dinero para la construcción, mientras oraba pidiendo consejo, se le apareció
un ángel que le dijo: “construye en los cimientos de lo que ya está construido”.
Al día siguiente, en el bosque cercano encontró la construcción abandonada de
la iglesia Santa María de los Ángeles, presumiendo que ese era el lugar
indicado por el Ángel, comenzó la construcción allí, durante la cual muchas
dificultades fueron resueltas de forma milagrosa.
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