Texto del Evangelio (Mt 11,13-19): En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «¿Pero, con quién compararé
a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se
gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado,
os hemos entonado endechas, y no os habéis lamentado’. Porque vino Juan, que ni
comía ni bebía, y dicen: ‘Demonio tiene’. Vino el Hijo del hombre, que come y
bebe, y dicen: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y
pecadores’. Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras».
«La Sabiduría se ha acreditado por
sus obras»
Comentario: + Rev. D. Pere GRAU i Andreu (Les
Planes, Barcelona, España)
Hoy reparamos en que
muy frecuentemente hemos de ir a entierros. Pero... pocas veces pensamos en
nuestro propio funeral. Viene a ser como una jugada del subconsciente que pospone
sine die la propia muerte.
La misma contemplación
del ritmo de la naturaleza que nos rodea nos recuerda también este hecho. Deducimos
que —en cierto modo— no estamos tan distantes de una planta, de un ser vivo...
Estamos sometidos, tanto si nos gusta como si no, a la misma ley natural de las
criaturas que nos rodean. Con la diferencia, ¡importante!, del origen de
nuestra vida, de la vida a imagen y semejanza de Dios, con proyección de
eternidad.
Todo el Adviento está
informado por esta idea. El Señor llega con gran esplendor a visitar a su
pueblo, con la paz, comunicándole la vida eterna. Es un toque de alerta: «La
Sabiduría se ha acreditado por sus obras» (Mt 11,19). ¡Tengamos una actitud
receptiva ante el Señor!
«Preparad el camino
del Señor, enderezad sus sendas» (Mc 1,3), se nos anuncia en la dominica II de
Adviento (ciclo B). ¡Vigilad con las conductas sociales!, nos viene a decir
hoy. Es como si dijera: «No pongáis trabas a la comunicación amorosa de Dios».
Hemos de pulir nuestro
carácter. Hemos de reconstruir nuestra manera de hacer. Todo aquello que, en
definitiva, falsea nuestra responsabilidad: el orgullo, la ambición, la
venganza, la dureza de corazón, etc. Aquellas actitudes que nos hacen como
dioses del poder en el mundo, sin querer reconocer que no somos los amos del
mundo. Somos una pequeñez dentro de la extensa historia de la Humanidad.
Los discípulos de Juan
experimentaban la purificación de sus errores. Nosotros, los discípulos de
Jesús, nuestro Amigo, podemos vivir la insuperable experiencia de la
purificación de todo aquello que es pecado, con esperanza de vida eterna: ¡otra
Navidad!
Renovemos nuestro
diálogo con Él. Hagamos nuestra oración de esperanza y amor, sin hacer caso del
ruido mundanal que nos envuelve.
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