Sacerdote y
Mártir, 12 de Enero
Martirologio Romano: En Tomhom, cerca de la
ciudad de Bangkok, Tailandia, beato Nicolás Bunkerd Kitbamrung, presbítero y
mártir, predicador eximio del Evangelio, que fue encarcelado en tiempo de
persecución contra la Iglesia y, a causa de la tisis que contrajo ayudando a
los enfermos, falleció de modo ejemplar (†
1944).
Fecha de beatificación: 5 de marzo de 2000 por
S.S. Juan Pablo II.
Nicolás es el primer sacerdote tailandés que
asciende a la gloria de los altares. Nació el 31 de enero de 1895 en la región
de Nakhon Chaisiri, provincia de Nakkon Pathon, en el reino de Tailandia. Tuvo
la dicha de nacer en una familia católica. Sus padres, José Poxang e Inés
Thiang, lo llevaron a bautizar recién nacido y en el bautismo se le impuso el
nombre de Benito, pero por alguna causa desde pequeño le dijeron Nicolás y éste
fue el nombre que usó toda la vida. Además de ser educado religiosamente en su
casa, Nicolás frecuentó desde niño la misión católica, donde aprendió el
catecismo e hizo la primera comunión.
Tenía trece años cuando dijo con firmeza que quería
ser sacerdote y fue admitido en el seminario menor de Bang Xang. Aquí
permaneció como alumno, haciendo los correspondientes estudios hasta que en el
año 1920 es admitido en el seminario mayor de Pinang, en Malasia.
Seis años fue alumno de este seminario mayor y
cursó en él la filosofía y la teología, fue ordenado sacerdote el 24 de enero
del año 1926 en la catedral de Bangkok. Seguidamente fue enviado a ejercer su
ministerio pastoral en el pueblo de Bang Nokkuek en calidad de coadjutor.
Cuando poco después los salesianos se hicieron cargo de esta misión, Nicolás
continuó con ellos un tiempo, dedicado a la catequesis y a enseñarles a los
nuevos misioneros la lengua.
En 1930 le dieron un nuevo encargo que denotaba
gran confianza en sus cualidades y en sus virtudes: fue enviado a la zona norte
del país donde numerosos católicos, quizás por falta de asistencia pastoral,
habían abandonado la fe formal o prácticamente. La tarea era difícil porque los
cristianos estaban dispersos por muchos poblados y en una zona montañosa,
muchos de cuyos pueblos eran de difícil acceso. Nicolás no se arredró ante las
dificultades, y a lo largo de siete años visitó casa por casa a todos los
cristianos de cuyo abandono religioso constaba y pacientemente los invitó a
regresar a la práctica religiosa y al seno de la Iglesia. En este tiempo y en
este cargo se demostró el extraordinario temple apostólico de este sacerdote,
su espíritu de sacrificio y su entrega generosa al ministerio del buen pastor
que busca las ovejas descarriadas.
En 1937 se le nombra párroco de Khorat, donde
igualmente había cristianos que habían abandonado la fe o la práctica religiosa
y su celo logró recuperar a no pocos, instituyendo, además, una catequesis
sistematizada para los no cristianos. Se le encomendó también la parroquia de
Non Kaeo.
La vida del padre Nicolás era ejemplar a los ojos
de la comunidad cristiana y aun de los no cristianos que veían su mansedumbre y
buena voluntad en todas las cosas. La misa diaria, el breviario, el rosario, la
oración asidua y su fervorosa devoción a la Eucaristía y a la Santísima Virgen
María alimentaban su sincera piedad y su continua dedicación al bien de las
almas. Cuidaba con mucho interés el catecismo de los niños y fomentaba en ellos
la piedad así como las señales de vocación sacerdotal o religiosa.
Llegada la guerra entre Francia e Indochina, la
situación de los católicos en Tailandia, país que se vio afectado por la
guerra, se volvió difícil. Porque se empezó no solamente a sospechar de los
misioneros franceses sino también a mirar con malos ojos a los tailandeses
conversos al cristianismo, a quienes se veía como traidores a su cultura y a su
patria. Y así se dieron medidas persecutorias que buscaban que los fieles
abandonaran la religión y volvieran al budismo.
En mitad de esta persecución el padre Nicolás fue
detenido, el 12 de enero de 1941 bajo la acusación de ser sacerdote católico, y
fue recluido en la cárcel de Khorat. Aquí empezó a pasar numerosas penalidades.
Llevado ante un tribunal militar y probada su condición de sacerdote, fue
condenado a quince años de confinamiento vigilado. Encerrado en una celda
inmunda, muy pronto pudo verse que se le había declarado la tuberculosis. Fue
trasladado luego a la cárcel de Bang Khwang y destinado a la zona de
tuberculosos. El mal trato, incluso físico, las burlas, el desprecio que sufrió
muchas veces lo llevó con ánimo paciente. No perdió la serenidad ni la
confianza en Dios y no dejó de manifestar que perdonaba a sus agresores y que
estaba disponible para lo que Dios quisiera de él. Aprovechó que tenía
compañeros de prisión para anunciarles a Jesucristo y logró algunas
conversiones. Para su tuberculosis no recibió cuidado ni medicina alguna, de
modo que poco a poco la enfermedad se fue apoderando de su organismo.
Justamente a los tres años de su detención, el día 12 de enero de 1944 moría en
la cárcel a causa de su enfermedad, expirando con la muerte de los justos y
bendiciendo al Señor.
La Iglesia de Tailandia, curtida en la persecución,
conservó la memoria de este pastor insigne y de su muerte martirial.
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