Según el gran
teólogo Paul Tillich, la gran tragedia del hombre moderno es haber perdido la
dimensión de profundidad. Ya no es capaz de preguntar de dónde viene y adónde
va. No sabe interrogarse por lo que hace y debe hacer de sí mismo en este breve
lapso de tiempo entre su nacimiento y su muerte.
Estas
preguntas no encuentran ya respuesta alguna en muchos hombres y mujeres de hoy.
Más aún, ni siquiera son planteadas cuando se ha perdido esa «dimensión de
profundidad». Las generaciones actuales no tienen ya el coraje de plantearse
estas cuestiones con la seriedad y la hondura con que lo han hecho las
generaciones pasadas. Prefieren seguir caminando en tinieblas.
Por eso, en
estos tiempos hemos de volver a recordar que ser creyente es, antes que nada,
preguntar apasionadamente por el sentido de nuestra vida y estar abiertos a una
respuesta, aun cuando no la veamos de manera clara y precisa.
El relato de
los magos ha sido visto por los Padres de la Iglesia como ejemplo de unos
hombres que, aun viviendo en las tinieblas del paganismo, han sido capaces de
responder fielmente a la luz que los llamaba a la fe. Son hombres que, con su
actuación, nos invitan a escuchar toda llamada que nos urge a caminar de manera
fiel hacia Cristo.
Nuestra vida
transcurre con frecuencia en la corteza de la existencia. Trabajos, contactos,
problemas, encuentros, ocupaciones diversas, nos llevan y traen, y la vida se
nos va pasando llenando cada instante con algo que hemos de hacer, decir, ver o
planear.
Corremos así
el riesgo de perder nuestra propia identidad, convertirnos en una cosa más
entre otras y vivir sin saber ya en qué dirección caminar. ¿Hay una luz capaz
de orientar nuestra existencia? ¿Hay una respuesta a nuestros anhelos y
aspiraciones más profundas? Desde la fe cristiana, esa respuesta existe. Esa
luz brilla ya en ese Niño nacido en Belén.
Lo importante
es tomar conciencia de que vivimos en tinieblas, de que hemos perdido el
sentido fundamental de la vida. Quien reconoce esto no se encuentra lejos de
iniciar la búsqueda del camino acertado.
Ojalá en medio
de nuestro vivir diario no perdamos nunca la capacidad de estar abiertos a toda
luz que pueda iluminar nuestra existencia, a toda llamada que pueda dar
profundidad a nuestra vida. JAP
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