La pregunta
parece sencilla. ¿Qué es un embrión humano? La respuesta resulta más sencilla
de lo que parece, aunque algunos la hayan hecho compleja.
Como primera respuesta, podemos
decir que el embrión es un organismo (uni o pluricelular) dotado de vida.
Científicos y filósofos aceptarían, sin graves problemas, esta afirmación.
También un niño y un anciano son organismos dotados de vida, pero mucho más
complejos y más desarrollados. El embrión y el niño son más pequeños y tienen
mucho futuro ante sus ojos. El anciano tiene menos futuro, pero no por ello
deja de ser organismo.
La segunda respuesta es también
sencilla: el embrión es un organismo humano en sus primeras fases de
desarrollo.
Salta a la
vista que las diferencias entre el embrión, el niño, el adulto y el anciano
resultan notables. Porque un niño tiene corazón y pulmones, cerebro y columna
vertebral. El embrión, al menos en los primeros días, no tiene ninguno de los
órganos típicos del adulto. Pero ello no implica que no tenga ninguna
“organización”: en sus pocas o muchas células hay una estructura compleja que
avanza, si nada lo impide, hacia nuevas etapas de desarrollo.
La tercera respuesta va un poco
más lejos, y suscita la oposición de diversos pensadores y científicos: es un
ser humano digno de respeto.
Para
justificar esta respuesta necesitamos recurrir a algo distinto de la ciencia
empírica. Porque la idea de dignidad no es asequible ni a las básculas ni al
microscopio. No depende ni del color de la piel, ni del hecho de tener más
centímetros de altura, ni de la “perfección” del ADN (sin aparentes
enfermedades hereditarias), ni de empezar a existir en un país desarrollado.
La idea de
dignidad es descubierta desde la filosofía y la religión. Gracias a ellas, si
son usadas de modo adecuado, podemos ver en cada ser humano algo que escapa a
la observación científica: posee un valor que supera los límites del espacio y
del tiempo, porque está destinado a lo eterno.
La idea de
dignidad se aplica a todo ser humano en sus distintas etapas de existencia:
desde que inicia a vivir, tras la concepción, hasta que termina su recorrido
terreno, e incluso más allá del mismo.
Volvamos a
nuestra pregunta: ¿qué es un embrión humano? Es un ser humano que ha empezado a
vivir. Tiene pocas horas o pocos días. Está sano o quizá morirá pronto por
culpa de algún defecto genético. Será amado por sus padres o sufrirá una muerte
silenciosa.
Lo que le
pueda ocurrir no quita en nada su dignidad. Vale lo mismo que tú o que yo; como
también necesita lo mismo que tú y que yo: amor, respeto, acogida, alimentos, y
un lugar en este planeta de aventuras. Luego, como tú y como yo, con pocos
gramos o después de haber visto a los hijos de sus hijos, partirá a otros
rumbos.
Por eso, por
ser lo que es, sin adjetivaciones, todo embrión humano merece nuestro respeto.
Y lo recibirá, seguro, por parte de tantos millones de seres humanos, ya
adultos, que también un día fueron embriones; seres humanos que hoy trabajan y
se esfuerzan para ayudar y defender a los más débiles y necesitados: los niños,
los ancianos, los pobres, los enfermos... y los embriones. FP
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