Gracias a una alimentación
equilibrada, que tenga todos los nutrientes que nuestro cuerpo necesita y
en las proporciones adecuadas, conseguiremos mejorar nuestra salud,
nuestro estado de ánimo y
hasta el funcionamiento de nuestro cuerpo.
Cambiar nuestros malos hábitos por otros que sean
beneficiosos para nosotros es una buena forma de comenzar a
cuidarnos, pero lo que comemos no es lo único a lo que debemos prestar
atención, también es importante
cómo lo hacemos.
No siempre podemos dedicarle a la hora de la comida
el tiempo que merece y a menudo nos encontramos comiendo de forma veloz. Sin embargo deberíamos tener cuidado
con este tipo de prácticas porque comer demasiado deprisa puede tener
consecuencias negativas para nuestra figura, pero también para nuestra salud.
Evita comer deprisa
Hay muchos motivos que pueden llevarnos a
comer demasiado deprisa, desde un tiempo limitado para hacerlo a comer con
ansiedad. Esto hace que
mastiquemos poco lo que estamos comiendo, lo que tiene efectos de
los que no siempre somos conscientes.
¿Sabías que la digestión comienza en la boca? Si no
masticas bien la comida llega al estómago en trozos demasiado grandes, por lo que no se digiere bien.
Además de gastar más energía para conseguirlo, también puede causarte
distensión abdominal, flatulencias y pesadez. Comiendo más despacio, activas y
liberas a través de la saliva sustancias químicas que hacen que los alimentos se digieran mejor y
esto favorece la absorción de nutrientes. Al comer despacio aprovechas mucho
mejor los beneficios de los alimentos y te sientes menos hinchado.
Digestiones más pesadas, gases, dolores de cabeza y
hasta estreñimiento no es lo único que puede causarte comer demasiado deprisa,
también podría estar impidiéndote
bajar de peso. Nuestro cerebro es el encargado de avisarnos cuando hemos comido suficiente, al
hacerlo demasiado deprisa esa señal nos llega cuando ya hemos ingerido más
alimento del que necesitamos, comiendo más cantidad de la que tomaríamos al
comer lento.
Esta señal nos llega unos 20 minutos después de empezar a
comer por lo que ese sería el tiempo mínimo que deberíamos dedicarle.
Mejor si lo alargamos y, con calma, pasamos entre 30 y 40 minutos saboreando
los alimentos. Comer deprisa consigue que apenas notemos los sabores, engullimos sin apreciar lo que
tenemos delante. Hacerlo con calma puede ayudarnos a apreciarlos y esto puede
hacerte escoger alimentos más saludables.
¿Cómo puedo
conseguirlo?
Aunque no siempre resulta sencillo cambiar nuestros hábitos, merece
la pena intentarlo, sobre todo por los beneficios que puedes obtener. Pon la mesa y siéntate a comer, vas
a dedicarle tu tiempo así que deja todo lo demás y centra tu atención en esta actividad.
Toma bocados pequeños, mastícalos al menos 20 veces y, mientras lo haces, deja
los cubiertos en el plato.
Para comer más despacio, añade tropezones a tus caldos y
cremas para obligarte a masticar, escoge piezas enteras, por ejemplo el pescado
entero en lugar de en filetes. Esto te obliga a prestar atención mientras lo
preparas para comer y así hacerlo más despacio.
Algo parecido sucede con la fruta, si tienes que
pelarla y cortar cada pedazo, te llevará más tiempo que si escoges una
macedonia. Sobre todo, aprende a comer de forma consciente, disfrutando con todos tus sentidos de
lo que tienes en el plato, así nutrirás tu cuerpo y también calmarás
tu mente. IG
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